Polemicas - Jauretche, Arturo.pdf

June 17, 2018 | Author: ValentinaVargas | Category: Marxism, Nation, Nationalism, Science, Politics
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LJAURETCHE 9 ae",. ,r? P _ l J I -A« °'«UOTE de J ULIC INTRODUCCIÓN Y COMENTARIOS NORBERT O GAL ASSO COMISIÓN NACIONAL PROTECTORA DE BIBLIOTECAS POPULARES Secretaría de Cultura Presidencia de la Nación ESTE LIBRO NO DEBE VENDERSE • i Peña Li llo Polémi cas E Peña Lillo ISBN: 978-950-517-039-6 Jauretche, Arturo Polémi cas / Arturo Jauretche ; edi ci ón a cargo de Arturo Peña Li llo. - l a ed. - Buenos Ai res : A. Peña Li llo Edi tor, 2007 160 p.; 23x16 cm. ISBN 978-950-517-039-5 1. Hi stori a Argenti na. I. Peña Li llo, Arturo, ed. I I . Título CDD 982 ©2007, D Peña Li lla Queda hecho el depósi to que marca la ley 11.723. Libro de edición argentina Prohibida la reproducci ón parci al o total, el almacenamiento, el alquiler, la transmi si ón o la transformaci ón de este libro, en cualqui er forma o por cualqui er medio, sea electróni co o me- cáni co, mediante fotocopias, di gi tali zaci ón u otros métodos, si n el permiso previo y escrito del editor. Su i nfracci ón está penada por las leyes 11.723 y 25.446. AMANERA DE PRÓLOGO He aquí otro libro de Jauretche. Dicho con más propiedad, otra recopilación del pensamiento de Jauretche, disperso en charlas, confe- rencias, revistas y diarios más permisivos que ciertos monstruos de la información, atentos a las formas y perspicaz observación del valor conceptual del centímetro de columna. Es así como don Arturo descu- brió la velocidad del mensaje boca a boca, ganando por varios cuerpos a las refinadas emisiones de los intelectuales y críticos adscriptos a la circulación de las ideas dominantes. La presente reedición, cuya primera data del año 1981, res- ponde tanto a una necesidad cultural como a una exigencia moral de quien esto suscribe. Así retomamos la misión de difundir "lo nacio- nal", expresión dada como antónimo de estilos de vida, hábitos do- mésticos, lengua y cultura de las potencias colonizadoras, fundamen- talmente Francia en lo cultural y Gran Bretaña en lo económico, que infundieron decididamente en la clase dirigente argentina una iden- tidad mulata, desdeñosa de su compatriota nativo, sentimentalmente desterrada en su propia patria, que llegó a considerarla territorio de paso venal y provisorio. No es de extrañar que esta psicología cultivada por lo que Jau- retche llamó la intelligentzia, desrealizara los valores propios de la Nación incipiente, condición necesaria para faltarle el respeto a un dé- bil Estado, a sus instituciones en formación y, principalmente, a su ambigua organización social, garante del orgullo y dignidad nacional. A todo esto, se opone la generación que llamaríamos del 40, jó- venes que habían asistido a lo que José Luis Torres bautizara con el apelativo de "década infame", época que arrastra las consecuencias del 5 amotinamiento que derrocara al gobierno radical, encabezado por Hi- pólito Yrigoyen, el 6 de septiembre de 1930. Ante esa incorregible con- ducta del pueblo de seguir apoyando a quienes habían elegido con el voto, los golpistas primero y luego las autoridades surgidas de amaña- das elecciones persiguen y encarcelan a los militantes del radicalismo, fundamentalmente al sector yrigoyenista que respondía a la consigna del caudillo: la reparación nacional. La historia ha documentado exhaustivamente la mencionada "década" aunque algunos historiadores hayan relativizado, cuando no justificado, el fraude "patriótico " y el prevaricato en que incurrió la Suprema Corte de Justicia, que como afirma Torres en su libro La oligarquía maléfica, "fabricó en cambio, jurisprudencias arteras en asuntos pequeños, para aplicarlas más tarde en grandes litigios en que se comprometía gravemente el interés público", lo que sumado a la creación del Banco Central por personeros del Banco de Londres, el sonado negociado de la CADE, y una larga lista de corruptelas menores, creó un clima social que esa década mereció con justicia el adjetivo de infame. Ese clima genera, por reacción, una inteligencia esclarecedora, verbigracia literatura política y económica como el li- bro de los hermanos Julio y Rodolfo Irazusla titulado La Argentina y el imperialismo británico, al que sigue Historia de los ferro- carriles argentinos y Política británica en el Río de la Platade Raúl Scalabrini Ortiz, quien, junto a Arturo Jauretche, desde FOR- JA, golpean la conciencia de los argentinos, sobre todo en la juven- tud que inaugura su vida política buscando explicaciones a una rea- lidad asfixiante. La generación de los autores citados, es decir, los Irazusta, Sca- labrini Ortiz, Jauretche, coinciden y agotan la investigación en un punto que es capital para comprender la problemática nacional: la dependencia de la Argentina de los designios imperialistas del Reino Unido. Las investigaciones de estos autores son el fruto, a su vez, del trabajo de la generación anterior que echara las bases del revisionis- mo histórico como Adolfo Saldías (1844-1914), conspicuo liberal, mitrista y secretario de Sarmiento que produce la densa Historia de la Confederación argentina obra que consta de tres tomos (edición de EUDEBA) de aproximadamente 500 páginas cada uno. Saldías 6 se anima a desmitificar la leyenda roja que a guisa de sudario en- volvió a la Confederación y a su máximo exponente don Juan Ma- nuel de Rosas. Julio Irazusta dice en el prólogo de esta edición, que "[ ...] no fue el único entre los hombres de su tiempo que acometieron el estudio de aquella época, como fruto de una preocupación similar a la suya. Varios otros descendientes de antirrosistas como él: Manuel Bilbao, Vicente y Ernesto Qjiesada y Samuel Lafone Quevedo evo- lucionaron como el historiador de la Confederación". Saldías, pre- cursor del revisionismo histórico, colma su objetivo demostrando que el gobierno de la Confederación no había ejercido la barbarie sino la lucha por la defensa de la soberanía ante la agresión imperialista, principal motivo que moviera a San Martín a solidarizarse con el "tirano". La síntesis de esta controversia se resume en la, tesis de los uni- tarios que expresa el progresismo rivadaviano a lo extranjero, enfren- tado a los federales identificados con los dones de la tierra, lo que com- prendía el dilema de Sarmiento: "civilización o barbarie". A partir de aquí la historia, argentina se edifica sobre equívocos y malentendidos cuyas disputas entre académicos y de los "otros", destila acidas críticas como sutiles ironías, que hacen, en algunos autores, las delicias litera- rias de empinadas polémicas. El revisionismo a través de varias generaciones toma distintos tintes que no fueron ajenos a determinada clase social, que toma par- tido por un nacionalismo clerical y rosista, timbre distintivo de la so- ciedad patricia, distante y antagónica del nacionalismo democrático, latente en el gaucho Martín Fierro y en las masas que advinieran con el peronismo. En lo que sí fueron contestes —fundamentalmente en de- terminada época, de la vida institucional de la Argentina y, haciendo abstracción de la ideología política— fue en el hecho de centrarse en un interés superior: el destino de la Nación. A partir de la finalización de la "década infame" se da la coincidencia de propósitos "nacionales" ante los acontecimientos del 4 de junio y las vísperas del 17 de octu- bre. Fascistas desilusionados, nacionalistas mazorqueros, militantes de la Acción Católica y de la Alianza Libertadora se fundieron con una izquierda, que desembarazada del "marxismo" estalinista, adoptaba el adjetivo de "nacional". l Vencer la superestructura que había creado la dependencia era vista por unos con piadosa y fingida aprobación; otros apelaban a pon- zoñosas acusaciones de chauvinismo, xenofobia y nazismo. El aparato difusor de las ideas del sistema, salvando honrosas excepciones, desco- noció —cuando no rebatió— "las trasnochadas y delirantes propuestas del extravagario nacionalista". El periodismo negó espacio a la crítica de los libros de los Irazusta, Enrique Rivera, Jorge Abelardo Ramos, Rodolfo Puiggrós, a las investigaciones de Raúl Scalabrini Ortiz, a los irreverentes libros de Arturo Jauretche como Los profetas del odio y la yapa, cuyo análisis de la colonización pedagógica es todo un trata- do sobre la alienación, la falta de conciencia ciudadana. Sus libros, tanto El medio pelo en la sociedad argentina como Manual de zonceras argentinasy Política nacional y revisionismo histórico, como el lúcido ensayo de Juan José Hernández Arregui titulado La formación de la conciencia nacional —libro de iniciación que des- nuda, definitivamente, la retórica antinacional— hubieran ocupado permanentemente la lista de best sellerssi no fuera por el insidioso ukaseaplicado al pensamiento descolonizador. El libro para que "exista" en el universo de la cultura debe ajus- tarse a normas dictadas por usos y costumbres de su distribución y co- mercialización. El ejemplar sospechado de ser "edición del autor" es un libro marginado del circuito, dado que lo desacredita el prejuicio de carecer de sello editorial. Es un hijo natural, valioso, inteligente, pero ilegítimo. Ahora bien, darle a una producción editorial un respaldo de for- malidad (con domicilio impreso, sistematización y organización de la producción y distribución), a partir de una coherencia ideológica que descarta un fenicio interés comercial, salvo el lucro que ayuda a sub- sistir, y, por sobre todo, seguir engrosando su catálogo, da fe de que existe una voluntad real de ser en el mundo de la cultura. La tarea por sobrevivir culturalmente fue ardua, pero promiso- ria. Porque ese ser innominado, índiferenciado, anónimo, que la esta- dística categoriza de ciudadano, y que en suma conforma el pueblo, va- lido de su inteligente intuición, consagró a esta empresa —en la que, con orgullo, confieso haber participado— su guía intelectual, ungien- do al sello como insignia de la bibliografía nacional. 8 En esa patriada milité en la medida de mis fuerzas, y por esto, me atrevo a desafiar ciertas normas —y desde ya ruego clemencia por el grado de atrevimiento en que hubiera incurrido—, reapropiándome de la esencia jauretcheana para acompañar el presente renacimiento, con la muestra de este botón. Arturo Peña Lillo Ituzaingó, abril de 2007 9 I NTRODUCCI Ó En esta época donde pululan tantos hombres con su libro exótico debajo del brazo y para quienes una idea es tan sólo "un divertimen- to" o un motivo de lucimiento personal, la presencia de Arturo Jauret- che significó una permanente irritación, un vivo escozor capaz de per- turbar la amable tertulia y la solemne conferencia o restar ínfulas a la "glorióla" del galardón literario. En los más diversos cenáculos —des- de el oscuro rincón reaccionario hasta el núcleo ultraizquierdista de confitería céntrica— la pequeña burguesía "culta" podía disentir abriéndose en gama insólita de medioevalistas, pro-nazis, afrancesa- dos, yankófilos, prochinos, rusófilos, cubanistas, etc., pero ese aparen- cial desencuentro no molestaba la santa devoción de unos y otros a los mitos fundamentales que la clase dominante había cuidadosamente in- suflado durante años en sus almas. La discusión vocinglera cubría el escenario y de todas las bocas partía la palabra desorientadora y dis- persiva porque las inteligencias trasladaban mecánicamente a la Ar- gentina discursos pronunciados en Nueva York, en París, en Londres, en Berlín, en Pekín o en Moscú. Entonces llegaba de tanto en tanto, desde un periódico de corta vida o por un rinconcito de la radiotelefo- nía o la televisión, la voz ronca, protestona y agresiva de don Arturo Jauretche para llamarlos a la realidad, con verdades simples pero tan enormes como el elefante: "¿Para qué pierden tiempo en conde- nar a la sociedad de consumo, cuando en la Argentina cada vez se consume menos? ¿Para qué discuten acerca del divorcio si * Como c onve nc i ón, a lo largo de este li bro uti li zaremos la letra bastardi- lla para los textos y comentari os de Galasso, y la redonda para los de Jauretche. Los pi es de pági na van todos en redonda y se i ndi ca [N. G. j si son de Galasso, y [A. J. ] si son de Jauretche. [N. de E. ] 11 el gran problema de las multitudes argentinas es casarse y el otro gran problema es el de los hijos con apellido materno? ¿Por qué llaman 'pajuerano' al hombre de las provincias que es, precisamente, del 'interior', es decir 'de adentro' y no 'de ajuera'? ¿Por qué los más furiosos antirracistas cuando de los judí os se trata, resultan entusiastas racistas respecto a nuestros paisanos de provincias a los que califican desdeñosamente de 'negros' y 'cabecitas'? ¿Por qué proclaman que Sarmiento no faltaba a clase en los días de lluvia, si muy difícilmente llueve en San J uan en el perí odo escolar? ¿No comprenden que ase- sorarse con técnicos extranjeros o con el Fondo Monetario es lo mismo que ir a comprar al almacén guiándose por el ma- nual escrito por el propio almacenero?". Alertado de que funciona una superestructura cultural dirigida a impedir que pensemos por nuestra propia cuenta, analicemos nues- tros problemas y busquemos las mejores soluciones para nuestra reali- dad, Jauretche se coloca al margen de la ideología dominante e influ- ye como pocos en la obra de descolonización. Su pasión argentina, enarbolando certezas incontrovertibles, se constituye entonces, como di- ce el poeta español, "en un viento que viene / a romper miniaturas y abanicos de encaje". Y toda la cristalería tallada durante años y años por los coquetos snobs de la factoría, se quiebra estrepitosamente. Los empachados por el liberalismo conservador de las escuelas oficiales, los discípulos de Maurras admiradores del Duce, los embalsamados por la lectura de los manuales de la Academia rusa, los "inteligentes" que han gastado años leyendo a Sartre directamente del francés y los más nuevos impregnados de indigestas comilonas de Marcuse, Althuser, Lacan y Barthes, rechazan con desagrado a este paisano bárbaro, a es- te impertinente para quien no hay verdades consagradas y toda idea debe bailar previamente en la cuerda floja para ser aceptada. Algunos, los más jóvenes, por más auténticos y menos "leídos", se convencen de que "hay que desaprender todo lo malo, para poder recién después empezar a aprender lo bueno", que no hay "ideas forá- neas" pero que las ideas nacidas en cualquier parte del mundo no pue- den aplicarse mecánicamente para resolver los problemas argentinos si- no que, a la inversa, hay que analizar previamente esa realidad para 12 recurrir luego a las ideas que promuevan nuestro progreso histórico. O como sostiene más sintéticamente Jauretche: "No se trata de 'incor- porarnos a la civilización', colonialmente, sino de que 'la civili- zación se incorpore a nosotros' para asimilarla y madurarla con nuestra propia particularidad". Al tiempo que sectores de la pequeña burguesía culta realizan ese esfuerzo por quitarse de encima lí los venenos tan queridos" (la predis- posición al escepticismo y la ironía, el deslumbramiento ante las formas artificiosamente complejas, la idealización de "los brumosos y lejanos países"), las multitudes trabajadoras, en su permanente avance políti- co y cultural, van encontrándose a su vez con este pensamiento nacio- nal en desarrollo. Su experiencia cotidiana las ha llevado a transitar un camino más provechoso, y si tienen mayor certeza "de lo que no quieren" mientras avizoran con incertidumbre el posible futuro, así también incorporan a su bagaje ideológico conceptos y definiciones fundamentales para el nuevo país, sin la previa contaminación con los viejos mitos difundidos por la Academia, la Universidad y la gran prensa. Porque de nuevo se comprueba que, como decía el viejo Léña- nos "con alpargatas se asciende a las montañas", mientras con los ma- los libros se desciende a los infiernos del pensamiento colonial y se ter- mina en las asesorías de los monopolios extranjeros. Pero la resistencia ante los planteos nacionales de los cuales Jau- retche es uno de los principales portavoces durante muchos años, per- siste por parte de los dinosaurios de la Argentina colonial. ¿Cómo va a aceptar la anciana profesora de geografía que el planisferio pueda ser corregido y que, dado que siempre está girando nuestra redonda Tierra, el centro del mismo pueda ser Argentina y no Europa ? ¿ Cómo no provocará escándalo en el estreñido profesor de Educación Demo- crática la aseveración de que "democracia es el gobierno del pueblo"y por tanto es democrático quien obtiene la mayoría de votos aunque se trate de un caudillo sonriente y campechano y en cambio, al carecer de apoyo popular, no es democrático el gobierno "serio" de los hombres de doble apellido ? i Cómo no va a irritarse el profesor de Historia a pun- to de jubilarse cuando le enseñan que hubo un segundo combate de San Lorenzo de tanta o mayor envergadura que el que libró San Mar- tín, y en el cual las fuerzas criollas se opusieron a las pretensiones de 13 las dos potencias mayores del planeta? ¿Cómo no habrá de inmutarse en su sarcófago el catedrático de Letras a quien se le prueba que hay "malditos" en la historia de nuestra literatura, autores de treinta o cuarenta libros como José Gabriel o Manuel ligarte, silenciados y des- conocidos en un país donde integran la comisión de la Sociedad Ar- gentina de Escritores respetables damas que sólo tienen en su haber dos o tres composiciones escolares? ¿Ycómo no enrojecerá el académico de Ciencias Económicas cuando se le demuestra que Estados Unidos, Ja- pón y Alemania alcanzaron su alto grado de desarrollo económico por- que abominaron del liberalismo económico y aplicaron una política protectora de sus industrias y creadora del mercado interno, frente a la codiciosa prepotencia de Inglaterra, previamente proteccionista y lue- go librecambista porque ya estaba desarrollada ? Por eso les irrita Jauretche y careciendo de respuestas, sólo in- tentan desprestigiarlo: "Jauretche no es sociólogo, sino alguien que am- bula por los alrededores de la sociología, es un parasociólogo". El con- testa: "No soy un parasociólogo, sino una 'para sociólogo', que viene a aplacar las ínfulas académicas de los egresados de so- ciología que como se sabe, no sólo carecen de 'estaño' sino que sirven fundamentalmente para dar clase a otros jóvenes que un día también llegarán a ser profesores de sociología para cumplir, a su vez, idéntica misión". Otros acotan entonces: 'Jau- retche tampoco es economista, ni historiador, ni literato". El agrega: "Ni intelectual, apenas un paisano que mira las cosas de su pa- tria con ojos argentinos y desde la vereda de las multitudes, ayer yrigoyenistas, después peronistas". Y en esa tarea de descali- ficarlo, llega más de una vez la nota periodística mezquina, la crítica malévola, el brulote, la deformación de sus ideas. Algunos, acantona- dos en el medioevalismo, lo denuncian por las implicancias marxistas de sus análisis. Otros —que, como él decía, "se tienen miedo a sí mis- mos de tan izquierdistas que son"— lo sindican de derechista. Frente a estos ataques, don Arturo no vacila en la respuesta y que "al salir, salga cortando". El no ha jugado a la política ni a la revolu- ción en las madrugadas de los cafés de la calle Comentes, sino que ha empuñado el revólver en el treinta para oponerse a una manifestación conservadora que vitupera a don Hipólito y ha tomado "la tartamuda" 14 en Paso de los Libres en el 33 y ha sacado luego muchas veces su cu- chülito para continuar el debate "por otros medios". De ahí su perma- nente actitud polémica, de ahí su erizamiento agresivo y las chispas de sus ojos felinos en el momento previo al ataque cuando el pueblo ar- gentino o sus grandes banderas —o él mismo como representante de aquéllos— son objeto del agravio. Entonces cae su palabra, dura co- mo el látigo: "¡Vendepatrias! ¡Cipayos! ¡Traidores!". Después expli- ca: "Me acusan de falta de ecuanimidad, de excesivo apasiona- miento [...] Con una sensibilidad de pétalos de rosa consideran falta de ecuanimidad la menor violencia, así sea verbal, de los oprimidos, del país oficialmente inexistente, pero sobre e! que carga el peso de todos los sacrificios y responsabilidades. El pa- ís debe ser austero, prudente, amoroso, mientras les desborda la grasa a los que colocados en lo ancho del embudo gozan de todos los privilegios, ejercen el monopolio de los derechos cí- vicos y sociales y pueden injuriar y calificar duramente a todos, sin comprometer lo que ellos llaman 'la conciliación de la fa- milia argentina' [...] I gnoran que la multitud no odia, odian las minorías. Porque conquistar derechos provoca alegría, mien- tras perder privilegios provoca rencor". Larga resulta la pelea y esas continuas polémicas, esas notas del periódico de vida azarosa, y esos pocos minutos del reportaje luego me- chado por el periodista prudente, van encadenando una larga lección. Jauretche nada tiene que ver con los "maestros de juventudes" y cuan- do un día, alguien le pregunta si él no será el Alfredo Palacios del pe- ronismo, sólo contesta: "¡Vayase al carajo!". Por este motivo su do- cencia nacional, consecuente y profunda a través de décadas, aflora más en sus respuestas al enemigo que en sus trabajos más elaborados. Y porque no aflojó un momento en la larga gesta que va del yrigoye- nismo, a través de FORJA, al peronismo y abre incluso el camino ha- cia nuevas formas de expresión de la voluntad popular que recomen- zarán la Revolución Nacional, don Arturo fue quien más discusiones debió afrontar, quien más consecuentemente tiroteó has avanzadas ene- migas. Estas polémicas, cuya publicación iniciamos, llevan su marca tan personal brotando junto al vigor de la idea, la sátira punzante, im- pregnadas ambas de una fe inconmovible en el pueblo como creador de 15 la historia, de un optimismo indemne a todo eventual fracaso porque "nada grande se puede hacer con la tristeza. Desde la ciencia al deporte, desde la creación de la riqueza a la moral patrióti- ca, el tono está dado por el optimismo o por el pesimismo. Nos quieren tristes para que nos sintamos vencidos y los pueblos deprimidos no vencen ni en la cancha de fútbol, ni en el labo- ratorio, ni en el ejemplo moral, ni en las disputas económicas [...] Por eso venimos a combatir alegremente. Seguros de nues- tro destino y sabiéndonos vencedores a corto o a largo plazo". Pocos días antes de morir, le preguntaron si su tarea de escritor era hobby, divertimento, profesión, obsesión o refugio. Contestó como un hombre que lucha por la liberación de su pueblo: "El fin ha sido la comunicación, la difusión y el proselitismo"; es decir, el libro como arma de lucha, como herramienta de militancia y polémica. Y otra vez recalcó: "No admito ser definido como intelectual. Sí, en cambio, me basta y estoy cumplido si alguien cree que soy un hombre con ideas nacionales. Entre intelectual y argentino, voto por lo segundo. Y con todo". Norberto Galasso Buenos Aires, marzo de 1981 16 LA HI S TORI A COMO " BI EN DE F AMI LI A" Y LA SEÑORA V I CTORI A PUEYRREDÓN El 22 de junio de 1971, Arturo Jauretche participa en un pro- grama periodístico transmitido por Canal 13 de televisión y allí se re- fiere incidentalmente al Dr. Carlos Saavedra Lamas, ministro de Re- uiciones Exteriores y Culto del gobierno del Oral. Justo (1932-38). Posiblemente —porque ni el mismo Jauretche recuerda exactamente su crítica a dicho personaje— debe haberse referido a la estrecha vincu- lación del ministro con los intereses ingleses que atizaron la Guerra del Chaco, más específicamente con la Royal Dutch Shell que operaba des- de el Paraguay e incluso quizá a intereses económicos personales del ministro en relación a la empresa Carlos Casado Ltda. sobre lo cual co- rrieron largamente los rumores en Buenos Aires. Esta circunstancia (el proparaguayismo de la Argentina que era, en definitiva, probritanis- mo, frente a la poderosa influencia de la Standard Oil sobre el gobier- no boliviano) debe haber sido resaltada irónicamente por Jauretche en relación al Premio Nobel de la Paz que se le entregó luego a Saavedra Lamas. Y con motivo de ese programa televisivo, aparece pocos días después una solicitada en los diarios firmada por Victoria Pueyrredón, en defensa del ministro criticado. Victoria Pueyrredón es hija de Carlos Alberto Pueyrredón y Sil- via Saavedra Lamas, de lo cual resulta sobrina del susodicho ministro. De múltiples ocupaciones, ha publicado cuatro libros, uno de ellos en francés (Sentiments, 1940) y es colaboradora dominguera de La Nación, además de directora de la Cia. de Seguros "La Rural", miem- bro del Instituto Cultural Rabindranath Tagore y cónsul honorario de la República de Haití desde 1959. En el Diccionario de Mujeres 17 Argentinas, Lily Sosa de Newton otorga importancia al hecho de que Victoria Pueyrredón sea vicepresidenta de la Fundación Pro Asisten- cia de Enfermedades Neurológicas y que algunos de sus cuentos hayan sido traducidos al alemán y al sistema Braille. Por su parte, en el Quién es quiénde Kraft se resalta que la señora Pueyrredón fue se- cretaria de una Comisión Investigadora en 1955/56. Ofuscada por la crítica de Jauretche a su tío, Victoria Pueyrre- dón protesta en su solicitada sosteniendo que "existe un abismo entre la personalidad de Saavedra Lamas y la de Jauretche y es una pena te- ner que aclararlo públicamente". Y agrega: "¿Por qué el escritor Jau- retche no se Umita a continuar ocupándose del rosismo, del peronismo y del yrigoyenismo, ya que ésas son sus ideas conocidas y ratificadas por la TV en lugar de agraviar la memoria del Primer Premio Nobel que obtuvo la Argentina y que le fuera concedido al Dr. Saavedra Lamas por haber obtenido la Paz del Chaco en 1936?". * * # En Dinamis, junio de 1971, aparece la contestación de Jauret- che bajo el título "La historia como bien de familia". Dice así: Doña Victoria Ocampo publicó en Clarín del 22 de abril del corriente, un artículo titulado "El capítulo de la Correspon- dencia" donde recuerda que Ortega y Gasset afirmaba que el género epistolar es una forma de expresión más propia para la mujer que para el hombre. Dice: "La carta es algo demasiado de puertas adentro. No le cuadra al hombre, se siente incómodo de sus limitaciones, pues lo público y no lo privado, es su oficio. La mujer, en cambio, está a sus anchas en la intimidad". Continúa Victoria Ocampo diciendo que ése es su caso particular y que sus Testimonios son cartas disfrazadas —cosa verificable en su re- ciente Octava entrega-. "Pero, me parece, agrega, que Ortega se dejó tentar por una generalización equivocada". Así debe pen- sarlo, a su vez, doña Victoria Pueyrredón, porque descarga una solicitada que parece es la forma epistolar de su intimismo, que se publicó en La Nación del sábado 8 del corriente. 18 Pero pare de contar, en la analogía, porque no basta ser tocaya y tal vez media pariente de la otra Victoria. Como lo ve- rá el que siga, no todas las Victorias tienen alas y a muchas, además de ser ápteras, les falta la cabeza, como a la de Samo- tracia. Y aínda mais. Según el criterio de doña Victoria Pueyrredón, los per- sonajes históricos se dividen en dos clases: los que tienen des- cendientes y los que no los tienen, porque los primeros pue- den ser defendidos por un pariente y los segundos, como no tienen parientes, deben pudrirse en su soledad. Pero, además de tener sobrinos o nietos, el procer debe dejar plata porque las solicitadas cuestan caras. Supongo que a esta teoría histórica adherí a el general Onganí a y sus cursillistas al exigir abundante progenie; la se- gunda parte de la exigencia tendría que ser que los gober- nantes se "forrasen" bien, para que sus descendientes pudie- ran publicar solicitadas. Hay un tercer sistema: que es dejar un diario para que le cuide la espalda al procer y de paso para publicitar la solicita- da de los parientes de los proceres amigos, tal vez beneficián- dolos con un módico descuento. ¿Se di scuten los "Nobeles"? La verdad es que yo no recuerdo haber dicho algo muy expreso sobre el doctor Saavedra Lamas, tío de la señora Vic- toria Pueyrredón. Me parece que ella tampoco, por la forma ambigua en que lo recoge. Tal vez fue una sonrisa subrayando lo del Premio Nobel y la sonrisa bastó para excitar el recuerdo de lo que en su época se llamó el "pirómano bombero". En- tonces todo el mundo sabía lo que hacía el coronel Schewizer en el Paraguay y con qué carga viajaba la Escuadra de Río a la Asunción. Se sabía bien que detrás de la "Rosca" boliviana y el general alemán Kund, que había organizado al ejército, estaba la Standard Oil y que del otro lado estaba la Shell Mex que movía la influencia británica en la Argentina. Después, los fo- 19 guistas se ocuparon de hacer la paz y pasaron a ser bomberos y las mismas fuerzas que consiguieron esta transformación, consiguieron un premio para el jefe de los bomberos. (Entre paréntesis, la Argentina contribuyó con un pedazo de territo- rio cedido a Bolivia para compensar la parte de la renuncia que Bolivia hacía en el Chaco.) Ya se sabe que "el mal que aqueja a la Argentina es la extensión", como dijo Sarmiento y aquí hay siempre pacifistas dispuestos a regalar territorios pro- pios. Propios del país, no de ellos. La solidaridad familiar de la señora Victoria Pueyrredón me impresiona, porque ni el mismo doctor Saavedra Lamas ha dado ejemplo de ella: el doctor Saavedra Lamas era yerno del doctor Roque Sáenz Peña y se inició en política a la sombra de tan democrático personaje, pero no resulta un ejemplo de co- herencia en la conducta, ni de lealtad al antepasado, al haber sido ministro y Premio Nobel en el gobierno fraudulento del general J usto. Tradi ci ón oral e hi stori a Es que la imagen familiar no basta. Así es como la otra Victoria, la tocaya, publica enLa Ga- ceta de Tucumán (4 de marzo de 1971) la "Carta a Arminda D'O- nofrio", su fallecida colaboradora en el texto deHabla el alga- rrobo. Y allí le dice: "Usted, Arminda, me enseñó el lado de esta historia que ignoraba, porque no formaba parte de la crónica casera. Y yo necesitaba ese lado también para darle voz al al- garrobo". Aprenda de su tocaya; hay que oír una historia paralela a la relatada por los labios de las viejas, que la oyeron a su vez de sus abuelas. Entonces la tradición oral le da el toque de gra- cia vital a los hechos objetivos, animándolos. (Sobre esto de la tradición oral y la transmisión de abuelo a nieto, léalo a Marc Bloch si es que va a seguir con las solicitadas. Pero será mejor que no busque, porque el que busca, encuentra.) 20 Hable con el algarrobo 11 ' o ^/ Y 0 «S*x 0/. Más bien, para la próxima primavera, váyasiría. la quigtár'o , de San I sidro y oiga hablar al algarrobo. Es un árbíjí^muy dis- creto pero alguna vez me parece que menciona el apem^ef^-g^ Ilechea. Y tal vez éste le despierte curiosidad. Sabrá entonces que Tellechea fue fusilado en la conspiración de Alzaga, con- denado a muerte por Rivadavia, Chiclana y Pueyrredón. Y Pueyrredón se casó con la hija del fusilado —¡qué título para Nene Cascallar!— que era casi una nena y así la fortuna de Te- llechea engordó la fortuna de Pueyrredón que era flaca. Em- pezando por la quinta famosa. ¡Esto es bastante más gordo que lo de Nelly RivasI 1 E n su Historia de Juan Martín de Pueyrredón, J . C. Raffo de la Reta re- fi ere el epi sodi o: "Hay en estos sucesos de 1812 un hecho l l amado a tener si ngul ar i mportanci a en la vi da de Pue yrre dó n. Es la condena de uno de los conspi radores, don Franci sco de Tel l echea, ri co veci no de Buenos Ai res y hombre de i mportanci a en la vi da de la coloni a. Te- llechea c o mpa rt í a con Al zaga la pri mac í a en los cí rcul os hi s páni c os de Buenos Ai res. Vi ncul ado a las fami li as pri nci pal es por ori gen y por fortuna, era casado con d o ñ a Matea Cavi edes, he rmana del pres bí te- ro doctor don Domi ngo Cavi edes. Hombre e né rgi c o y resuelto, sus empleados le respetaban con s umi s i ón y más a ún sus numerosos es- clavos, a los que di spensaba un trato humano, pero si n transi gi r en cuanto a di sci pli na". Agrega Raffo de l a Reta que "Tel l echea c o nc urri ó con di nero y con gente a la c o nt ra rre vo l uc i ón y que efectuado un ca- reo con sus propi os esclavos —y a pesar de la obsti nada negati va de Tel l echea— és tos denunci an su part i c i pac i ón en el golpe reacci onari o provocando la dramát i c a sentenci a" ( págs . 228/229). Más adelante Raffo de la Reta escri be: " Pue yrre dó n vuel ve en 1815 a Bs. As. , cono- ce a una hermosa ni ña de clase, vi rtuosa, al ejada del mundo por tem- peramento y e duc a c i ó n y se enamora de ella. Pero hay un i nconve- ni ente. Es a ni ña es la s e ñori ta Marí a Cal i xta Tel l echea y Cavi des, hi ja de don Franci sco de Tel l echea, uno de los i mpl i cados en la conspi ra- ci ón de Al zaga y a qui en el Tri unvi rato, con la f i rma de Pue yrre dó n, Ri vadavi a y Chi cl ana, condenara a la pena de muerte. Si n embargo la fami li a no se opone y el 14 de mayo se cel ebra el casami ento. Ocho dí- as de s pué s , Pue yrre d ó n escri be a su i nol vi dabl e ami go y confi dente el coronel Dupuy y le di ce: 'Vi una ni ña, me a gra dó , nos c o mpro me t í - Pero la historia sabe que ese mismo Pueyrredón es el de las chacras de Perdriel, el guerrero de Alto Perú y el apoyo de San Martin. Es que la historia es así, en el Río de la Plata, en Grecia y en la corte de EnriqueV I I I . Los hombres de la his- toria verdadera son polifacéticos. Y si dioses, dioses a la mane- ra de los hombres, como los dioses griegos. Con intención peyorativa, doña Victoria Pueyrredón entiende que debo limitarme a seguir ocupándome del rosis- mo, peronismo e yrigoyenismo. Tal vez lo haga por ser lógi- ca con su criterio histórico: ni Rosas, ni Yrigoyen, ni Perón han dejado sobrinitos para publicar solicitadas. Eso también le pasa a San Martí n. Con el frío que hace en la inmortalidad, ¿me considera el mérito de arrimarles un ponchito? Espe- cialmente a Perón, por cuya incorporación a la inmortalidad se hace tanta fuerza en los círculos que doña Victoria Puey- rredón frecuenta. Hi stori a: "Bi en de fami li a" Porque aquí está el quid de la cuestión, la pretensión de ver la historia como bien de familia es hija de considerar al pa- ís como bien de familia. Por eso su solicitada más que un test sobre su capacidad intelectual es un test sobre la concepción política de la oligarquía. Nadie debe alterar la imagen de don Carlos Saavedra Lamas, con su amplia cadera, su amplio cuello duro y su du- ro peinado rococó, con el diploma de Premio Nobel en la mano, caminando hacia la inmortalidad, como nadie debe alterar la imagen del país, propiedad de un grupo de fami- lias donde cargosean veinticinco millones de intrusos des- cendientes de gauchos y de gringos que estarí an de más si no mos y hoy hace ocho dí as que me casé con d o ñ a Mari qui ta Tel l echea y Cavi edes, joven que a ún no cuenta catorce años . . . ' " ( pág. 244). Rafo de la Reta expl i ca que "el amor todo lo puede" pero admi te que al - gui en comenta: "¿Por qué se casa con ella? Por i nte rés de su fortuna" ( pág. 244). [N. G. ] 22 hiera que trabajar. Y servir para soldados si hay alguna erra. 2 Don Agus tí n Ro drí gue z Araya me i nforma que ti ene ampl i a documen- taci ón sobre lo que el Mi ni steri o de Relaci ones Exteri ores (presi di do por Saavedra Lamas ) gastó en telegramas y flores a todos los di pl o má- ti cos del mundo para consegui r el apoyo en la adjudi caci ón del Premi o Nobel. A su vez, La Fronda en su caracterí sti co esti lo humorí s ti co repro- dujo en pri mera pági na las i ncreí bl es i nstrucci ones que al respecto di o el Mi ni steri o ejerci do por el propi o Dr. Saavedra Lamas. Y no se puede creer que don Pancho Uri buru era un oposi tor neto a ese gobi erno. Las "autori dades" que ci to son más bi en del otro lado, que del mí o . [A. J. ] 23 "NOSOTROS NO SOMOS JUECES, SOMOS F I SCALES" La Nación, La Prensa y el Dr. Féli x Luna En los primeros meses de 1972, La Nacióny La Prensamos- traron una viva irritación con motivo del estreno de la película J uan Manuel de Rosas. Desde la revista Dinamis (N° 43) de abril de ese año, Arturo Jauretche comentó ácidamente la reacción de los matutinos: El estreno de la películaJuan Manuel de Rosas ha dado oportunidad para actualizar las palabras de Alberdi ("Los libe- rales han establecido un despotismo turco en la historia en nombre de la libertad") mostrando crudamente la posición de los órganos más representativos de ese liberalismo: La Nación y La Prensa. Esta última, en su crítica cinematográfica nos dice que "eso que se ha dado en llamar revisionismo histórico, acen- tuado en este caso, consiste en falsear hechos y caracteres [...] Porque para quien venera el espíritu de Mayo que nace con Moreno, se hace alado en Echeverría, se recupera en el tre- mendo resplandor de Caseros, se consolida en Las Bases de Al - berdi, el batallar de Sarmiento, Mitre y tantos y se retempla en setiembre del 55, podrí a ser chocante, agresivo, blasfemo, este intento de reivindicar la siniestra figura del primer tirano, sím- bolo de opresión, negación de libertad, negación de Mayo; pe- ro lo que se ha realizado es tan falso como historia, tan pueril como alegato, tan inconsistente como mensaje, tan torpe en la injuria al adversario, al unitario y tan deficiente como cine, que la posible indignación se esfuma ante la fracasada intentona". 25 Poco espacio dedica esta crítica cinematográfica a la película en sí y el que le dedica está subordinado al objetivo persegui- do al escribir lo transcripto: calificar todo intento de revisión en la forma que ya nos había advertido J uan B. Alberdi, rati- ficando la existencia de "un Alcorán que es de ley aceptar, creer, profesar, so pena de excomunión por el crimen de bar- barie o caudillaje". En síntesis, establecer "un despotismo tur- co en nombre de la libertad". Esta vez en el cine; es el que la historia falsificada se ha establecido en la gran prensa y en la enseñanza hasta llegar de Grosso chico a la clase de "educa- ción democrática". A su vez, La Nación del 23 de marzo se ocupa de la pelí- cula pero esta vez, nada menos que en su editorial y bajo el tí- tulo: "La antienseñanza de la historia": "Hay algo más grave: la niñez y la juventud pueden quedar confundidas por largo tiempo y es difícil despejar errores introducidos por estos me- dios llevándolos a la lectura seria, al estudio detenido, al es- fuerzo racional". "Esfuerzo racional" le llama a la repetición de la historia falsificada. Ya sabemos queLa Nación según dijo Mitre —y va escri- to como copete, precisamente en la página de los editoriales— será una "tribuna de doctrina". ¿Y cuál es la doctrina en este caso? Precisamente la que señala Alberdi: todo intento de re- visión histórica es un crimen contra la libertad. La divulgación popular de sus resultados, ahora por el cine, un crimen mayor. Este crimen se agrava por las proyecciones actuales y así dice La Nación: "Lo sucedido recientemente, al estrenarse la pelícu- la dedicada a exaltar la memoria de Rosas, demuestra clara- mente cómo suele explotarse el ayer para intereses del presen- te. En esta ocasión, participaron agitadores que no titubearon en mezclar los nombres más gloriosos de nuestra independen- cia con los del dictador que jamás sintió simpatía por la causa de Mayo y añadieron los 'slogans' de un presente conflictuado por consignas de sectarismo partidario". Aquí La Nación cae en su propia trampa mostrando una cosa cierta y es que los hechos históricos influyen en el pensa- 26 miento del presente. EnPolítica Nacional y Revisionismo histórico he dicho que la falsificación del pasado es una "política de la historia". El revisionismo, también. Le es necesario al país actual conocer su propia historia, como le es necesario a los que quieren detenerlo en el pasado, impedir que la conozca. Los falsificadores no fueron individuos aislados sino los instrumentos de una sistemática del conoci- miento histórico destinada a servir la política de la oligarquía y la dependencia económica del país; de ahí su posición actual y esta referencia al presente, pues saben que la modificación en el juicio histórico facilitará la comprensión de la tarea a realizar. Por eso, lo que le preocupa aLa Nación no es la investigación histórica de gabinete sino la difusión de los resultados que sa- len de esas investigaciones. Su política necesita que Grosso sea eterno como los laureles del himno y que la historia construida para uso de los escolares sea la única historia argentina válida. Así el ataque deLa Nación no es contra la película en sí sino por lo que significa su exhibición ante las multitudes, es decir, la di- fusión de una historia que no es la suya. * * * En esos mismos días, en su editorial de la revista, l odo es his- toria(N° 60), su director Félix Luna abordó el tema de la película re- cientemente estrenada. Después de considerar un "paso positivo" que la cinematografía argentina rompa con el tabú que pesa sobre el Res- taurador, Luna critica el tratamiento dado al tema pues "el mismo pri- mitivismo con que la Historia de Grosso dividía a los argentinos en buenos y malos es el que campea en esta película. La diferencia con- siste —agrega Luna— en que los malos de Grosso son los buenos de Antín y viceversa. Todo el que no es rosista es implacablemente carica- turizado (salvo Lavalle) con un esquematismo que tiende a superarse cada vez más en la historiografía actual pero que aquí revive con el más elemental maniqueísmo" [ ...] "Retornar a la exageración revisio- nista es tan negativo como volver a la mendacidad liberal —sostiene Luna— es un retroceso del espíritu con que están pensando de nuevo nuestra historia los sectores más lúcidos del país. Para los responsables 27 de esta película nada hay en los adversarios de Rosas que merezca res- catarse. Todos fueron malos, traidores, inferiores, venales". Y conclu- ye: "Pero bien sabemos que en la historia, como en la vida, rara vez se da lo malo absoluto [ ...] La película de Antín aprueba tácitamente es- ta tremenda alternativa. En esto radica la negatividad de una obra que, por muchos otros conceptos, es digna de aplauso". * * * En el N° 44 de mayo de 1972 de la revista Dinamis, Jauretche vuelve sobre el tema en el siguiente artículo que titula "Revisionismo y ecuanimidad". En el número anterior, la películaJuan Manuel de Rosas me sirvió de pretexto para comentar la política de la historia. Recordé allí que esta expresión —política de la historia— la empleo en Política Nacional y Revisionismo histórico, para señalar que la falsificación de la historia es una política. En efecto, la falsificación de la historia ha sido una sistematización sin con- tradicciones, perfectamente dirigida. Y agrego: "Ha habido una sistemática de la historia concebida después de Caseros y que no puede explicarse por la simple coincidencia de histo- riadores y difusores [...]. "Una escuela histórica no puede organizar todo un me- canismo de la prensa, del libro, de la cátedra, de la escuela, de todos los medios de formación del pensamiento, simplemente obedeciendo al capricho del fundador. Tampoco puede repri- mir y silenciar las contradicciones que se originan en su seno y menos las versiones opuestas y que surgen de los que de- mandan la revisión [...] No es, pues, un problema de la histo- riografía sino de política y así lo que se nos ha presentado co- mo historia es una política de la historia, en que ésta es sólo un instrumento de planes más vastos destinados precisamente a impedir que la historia, la historia verdadera, contribuya a la formación de una conciencia histórica que es la base necesaria de toda política de la nación. 28 Prácticamente no se puede aislar la falsificación de la his- toria de la creación y existencia del aparato que ha construido la superestructura cultural del país. El se preocupó de la his- toria como se preocupó de difundir determinadas ideas eco- nómicas y el prestigio de los hombres, desde la política a las ciencias y las artes, que se manifestaban dóciles para seguir las directivas de la colonización porque éste es el quid de la cues- tión: la falsificación de la historia forma parte de la coloniza- ción pedagógica. Nada sobre este particular es más significativo que el ca- so de los políticos e intelectuales que se dicen marxistas. Ellos, durante más de cincuenta años, para el juicio histórico sobre el país, prescindieron en absoluto de los dogmas científicos que tienen para interpretarlo y que, sin embargo, utilizan pa- ra el menor episodio cotidiano y que ahora creo hasta apro- vechan para calcular los resultados del Prode. Ellos tienen una fórmula que les da la interpretación materialista de la his- toria y que les permite comprender tanto la pasada como la venidera. Y sin embargo, hasta muy recientemente, cuando ya no pudieron cerrar los ojos al hecho histórico del peronis- mo, comulgaron con las ruedas de molino de la historia ofi- cial y así el Dogma Socialista de Echeverrí a les resulta socialista porque emplea el nombre y todos los hechos de nuestro pa- sado carecían de interpretación por lo social o lo económico desde que aceptaron como cierto que la historia argentina era el conflicto entre la Civilización y la Barbarie. Ésta represen- taba lo auténtico, lo español, lo católico, lo tradicional que ha- bía que destruir y la Civilización, la europeización violenta, aun a costa del pueblo, porque eso era la libertad y todos los valores institucionales que prestigiaban la colonización peda- gógica del pueblo. Para la mayoría de los argentinos ya la historia oficial es- tá derrotada. Pragmáticamente, como se construyó el peronis- mo a exigencias de la realidad y ésta, pragmáticamente, va modelando una doctrina, la justicialista, pragmáticamente ca- si —más que nada como resultado de su propia experiencia 29 histórica— el pueblo argentino ha ido diferenciando su verda- dera historia de la falsificada. El revisionismo ha hecho su la- bor de investigación tan encomiable y ha difundido su verdad pero no nos engañemos: el eco popular, la adhesión mul titu- dinaria ha venido como efecto de una experiencia histórica paralela a la revisión que creó las condiciones para la com- prensión popular. En este terreno, la batalla está ganada y esa victoria viene a complementar un ángul o del pensamiento jus- ticialista que en los momentos iniciales ofrecía una brecha a la penetración del adversario. Pero esa victoria del revisionismo es actual y puede no consolidarse si descuidamos la prédica. El aparato de la su- perestructura cultural es poderoso y persiste tenaz, mientras las generaciones se suceden actuando sobre los nietos de los nietos como actuaron sobre los abuelos de aquél l os. Que el revisionismo esté triunfante en el estado de opinión de hoy, no quiere decir que su verdad deje de estar en peligro mientras la falsificación sea dueña del aparato y esté en con- diciones de perturbar el pensamiento de las generaciones que siguen. Me lleva a estas reflexiones el editorial con que don Félix Luna enTodo es historia comenta la película sobre Rosas que yo había comentado en un artículo anterior. Don Félix Luna ha traí do importantes aportes a la interpretación de nuestro pa- sado y especialmente el próximo, pero continúa en esa posi- ción de "bendigo atutti" que desde un pulpito neutral le per- mite distribuir justicia mitad por mitad, eclécticamente. Acusa al revisionismo —y a su expresión en esa pelícu- la— de que ocurre lo mismo que en la historia de Grosso, di- vidiendo a los argentinos en malos y en buenos sólo que los malos son los buenos de Grosso y los buenos, los malos de aquél . Concluye así en que la exageración del revisionismo es tan negativa como la mendacidad liberal. En una palabra, le molesta el carácter combativo y de parcialidad del revisionismo y le molesta en síntesis porque el revisionismo no es ecuánime. Pareciera que Luna ignorase 30 \ \ que todavía tiene el revisionismo mucho que combatir, yQ^g^/. bien él, como historiador, puede haber llegado a l ^^uaní f f t^ ° '* | dad, no son ecuánimes los modos objetivos de formaPminión. La historia falsificada tiene a su favor todas las estatf^^^ r ai x todos los retratos en todas las plazas y en todas las escuelas y en todos los Rotary Club y Leones y en todos los diarios y en todas las revistas (raras son las excepciones como Dinamis y To- do es historia) y la historia tal como se enseña en la escuela, lo que dicen los textos y las cátedras desde las secundarias a las universitarias. ¿Conoce el señor Luna la cátedra de educación democrática? ¿Cree el señor Luna que en esas condiciones ha llegado para el revisionismo el momento de abandonar el tono com- bativo y polémico para dedicarse a la búsqueda de una mayor ecuanimidad? ¡No! Estamos en la guerra y si la guerra es la guerra, no es el revisionismo el que lo dice. Saqúense los falsos santos de los nichos, cámbiense los programas escolares, dense vacaciones a los falsos proceres instalados en lo alto de las paredes para nominar las calles, desocúpense la mayoría de los pedestales y bájense los retra- tos, mármoles, yesos, bronces y recién habrá llegado el mo- mento de la ecuanimidad. ¡Iguala y corremos...! Es el desafío de las carreras cua- dreras. Aquí también. No es cuestión de no querer ser ecuáni- me y creemos serlo. Es simplemente no confundir la desigual- dad con la igualdad. Para revisar el revisionismo y limar sus conclusiones polémicas tiene que haber igualdad de condicio- nes en la polémica. El revisionismo ha superado en el plano de la inteligencia y de la documentación a los falsificadores, pero si abandona las armas combativas, en poco tiempo, sería aplas- tado por el aparato de la superestructura cultural que persiste y persistirá mientras no se haya integrado en el Estado el pro- ceso de revisión que desde 1945 se opera en todo lo argentino. * * * 31 En el número siguiente de Dinamis —-junio de 1972— apare- ce la contestación de Félix Luna. "Y sin embargo, yo creo en la ecua- nimidad —sostiene el director de Todo es historia-. Para mí, ecua- nimidad significa ponerse en el lugar del adversario y examinar honradamente si no hay nada rescatable en su posición. O lo que es igual, hacer un examen de conciencia profundo y establecer honrada- mente si uno está en la verdad tanto como supone 7 '. En este tono mo- derado discurre Luna, aunque su viejo antiperonismo le brota en se- guida y quiebra su ecuanimidad pues imprevistamente lanza un dardo contra Perón por una frase que éste usó en momentos de dura pelea. Dice Luna: "No soy de los que postulan al enemigo, ni justicia'". Nie- ga el historiador hallarse ubicado "en un pulpito neutral ni tampoco 'bendigo a tutu"' y pregunta: "Los unitarios, ¿eran tan absolutamen- te canallas que no pueda rescatarse su ideario? Y si el revisionismo ha triunfado en el plano de la opinión pública como usted dice y yo tam- bién creo, ¿es lógico que siga aplicando métodos de lucha tan agresivos como si estuviera en la Década del 40 peleando contra la Academia de Levene?". Luego agrega con una ternura humanística que encubre apenas la actitud conciliacionista: "El país lo han hecho todos, con sus errores y con sus aciertos y usted mismo, le guste o no, está viviendo en un país estructurado por los hombres que detesta. Podrá intentar mo- dificarlo pero no puede renunciar a él ni puede pretender que el país se desprenda de toda una mitad de su historia para asumir solamente la otra mitad [ ...] ". Finalmente concluye sosteniendo que si la verdad de Jauretche debió defenderse "combativa y polémicamente", la de él, Luna, "la que deriva de la ecuanimidad y se funda en la posible sín- tesis de las mejores contribuciones, debe difundirse en otro tono. Un to- no que no debe confundirse con la neutralidad cómoda. Porque en estos tiempos, don Arturo, tenga usted la seguridad que para ser ecuánime hay que ser muy valiente". * * * Dinamis, N° 46, en julio de 1972, publica la contestación de Jauretche. Se trata de la siguiente nota titulada "Ecuanimidad y eclec- ticismo". 32 Como don Félix Luna tiene una muy estimable labor de divulgación histórica, a la que se agrega la capacidad que ha tenido para dotarla de instrumentos eficaces para el contacto con el gran público, me es cómodo contestarle su publicación del último número de Dinamis a ese nivel: el de divulgador, porque historiador no lo soy, ni lo pretendo. El amigo Luna se convierte en campeón de la "ecuani- midad" y por ella rompe su lanza y porque la rompe afirma que "en estos tiempos, para ser ecuánime, hay que ser muy valiente". Es que el doctor Luna supone que la posición revisionis- ta en que estamos es una posición de jueces. El se coloca en juez, puede ser ecuánime; nosotros no somos jueces, somos FISCALES. Estamos construyendo el proceso a la falsificación de la historia y develando cómo se la falsificó, por qué se la fal- sificó y qué objeto actual y futuro tiene esa falsificación. Nosotros no somos jueces porque la historia falsificada no está sentada en el banquillo de los acusados para que nos- otros la juzguemos. Lo que queremos es sentarla en ese ban- quillo para acusarla ante los jueces, que son las generaciones que vendrán. No le negamos el derecho a tener defensores a nuestra acusada, pero no somos zonzos para creernos jueces y en función de la justicia distribuir ecuánimemente lo que no puede ser ecuánime hasta que no esté demolido el edificio de la mentira. Le pregunto al doctor Luna: ¿Qué estatuas están sobre los pedestales? ¿Qué retratos presiden todos los salones de las escuelas y de los edificios públicos de la República? ¿Qué he- chos se rememoran oficialmente y cuáles se silencian? ¿Qué di- cen ios programas escolares secundarios y hasta universita- rios? ¿Qué enseñan los maestros? ¿Qué enseñan los libros de texto desde primer grado? ¿Quiénes están en las academias? ¿Qué dicen los grandes diarios? Que me conteste con su habitual ecuanimidad don Félix Luna. 33 No, Luna, no. "Iguala y largamos..." como dice el jinete que se apresta a correr una carrera con otro. No es todavía el tiempo de la ecuanimidad porque para eso hace falta que todos hayan sido —hombres y hechos— medidos con la misma vara y que las oportunidades sean para todos iguales. ¿No se ha da- do cuenta usted, Luna, que la Plaza 11 de Septiembre recuer- da un episodio indignante y es una de las plazas más impor- tantes de Buenos Aires? Y vaya calle por calle, lugar por lugar, de Buenos Aires y de J ujuy y de Tierra del Fuego y de Misio- nes y de Mendoza y verá lo mismo. Si todo eso que le he enumerado y mucho más no exis- tiera y los puntos de partida de la tesis revisionista y las otras tesis fueran parejos, las mismas sus posibilidades de divulga- ción y de prestigio, habría llegado la hora de pesar los méritos de los hombres y los hechos que ahora detractamos para en- contrarles la parte positiva que indudablemente tienen. Un historiador riojano, De la Vega, escribió un libro que leí hace muchos años cuyo tema era Mitre y El Chacho. Creo que es la primera reivindicación impresa de Peñaloza que se hizo en este siglo. Al terminar, el riojano De la Vega quiso ser ecuánime y no halló mejor recurso que mandarlos a Mitre y a Peñaloza a los Campos Elíseos para que allí, en ese Paraíso, se reconciliaran. No sé si lo hicieron, pero imagino que Mitre lo abrazaría al Cha- cho con las dos manos, mientras El Chacho no podría pasar por la cintura de don Bartolo más que un solo brazo: el otro estaría ocupado sosteniendo su propia cabeza. ¡No! Para ser ecuánime hay primero que ponerle la cabeza al Chacho. Pero vaya y pase esto en los Campos Elíseos. Pero esta- mos aquí, hoy, sobre esta Argentina concreta, cuyas élites diri- gentes y cuyos hombres de gobierno ignoran política interna- cional porque en la escuela y en la Universidad se les ha enseñado la de la traición al país, y tampoco pueden com- prender el patriotismo sino como una idea crematística en la que el hombre no juega como tal sino como cifra. Vea, Luna: yo he escritos dos brulotes sobre un mismo te- ma. Uno contra el Dr. Hueyo, ex ministro de Hacienda, que 34 en un editorial deLa Prensa dijo que la Argentina no debía te- ner más población que la necesaria para su producción agro- pecuaria y que el resto debía emigrar. Otro, contra el señor Fa- no, presidente de la Sociedad Rural, cuando sostuvo, en una comida de la prensa extranjera, que el ideal de la población ar- gentina era cuatro vacunos por persona. Ahora voy a ser ecuánime como a usted le gusta: que me perdonen Hueyo y Fano si fui demasiado agresivo; no sabía yo que eso se lo habían enseñado de uno de los sagrados maes- tros que tiene la República. En efecto, Domingo Faustino Sar- miento dijo en 1855: "El Estado de Buenos Aires no está pues destinado, por la cría de ganado, a poblarse de hombres sino en cierta medida y en cuanto baste a las necesidades de la crianza". Mientras esa tesis esté en pie, ¿de qué ecuanimidad me habla? Reconozco que no soy muy estudioso, que puedo ser ha- ragán, todo lo que usted quiera, pero es increíble que a esta al- tura del partido no conociera ese pensamiento de Sarmiento, habiendo gran parte de mi vida tenido predilección por el es- tudio del personaje —nuestro más grande prosista (¡ya ve si soy ecuánime!, cosa que parece dejo de ser si digo que era un gran macaneador). Todos nuestros marinos creen que Sar- miento fue un propulsor de la Marina porque fundó la Escue- la Naval, pero al mismo tiempo afirmaba que no debíamos te- ner flota de mar, porque el mar está reservado a las grandes potencias, que nuestro destino está exclusivamente en nues- tros ríos y que (textualmente) a Bahía Blanca sólo podí amos ir a buscar "unos huevos y unas plumas de avestruz". Esa es la cara de Sarmiento que no conocen los marinos. ¿Por qué? Por- que la historia se falsificó para que los marinos y los ingenie- ros, y los generales y los diplomáticos y los peones y los docto- res no tuvieran puntos de apoyo en una historia auténtica donde se dieran sus rutas y su destino. No confunda, doctor Luna, ecuanimidad con encubri- miento. Y no crea que el revisionismo consiste en desnudar a un 35 santo para vestir a otro. No. Los santos que nosotros defende- mos hace rato que están desnudos y lo que queremos es que los otros se saquen los ropones con que los han disfrazado —hom- bres y hechos— para empezar desde allí, entonces sí, una histo- ria con ecuanimidad. La falsificación de la historia es una políti- ca de la historia. La revisión también es una política de la historia y debe ser una política combatiente, por lo menos para nosotros. Usted es ecuánime porque se siente juez y nosotros somos mu- cho más modestos, porque sólo queremos crear las condiciones en que se pueda ser ecuánime. Hay quien gusta de la cerveza negra y quien de la cerveza blanca; el que quiere ser ecuánime antes que las condiciones sean las que correspondan, toma cer- vezahalf and half, mitad y mitad. Y hace bien si le gusta. Pero no sirve al país en la política de la historia que necesita. Es un error frecuente confundir ecuanimidad con eclec- ticismo. Es lo que le pasa a ese desarrollismo hecho sobre la ba- se de las palabras, puestas por el paí s y los hechos, puestos por el extranjero, que sólo es una variante de la visión crematí sti- ca liberal que impera en el paí s después de Caseros: hacer un paí s es hacer cifras. Nosotros creemos que hacer un paí s es ha- cer hombres para que, a su vez, los hombres hagan el paí s. r 36 HUMI LDAD NACI ONAL Y SOBERBI A F UBI STA Polémi ca con los que todavía se hacen pi pí en la cama Entre 1955 y 1960 se produce una interesante reorientación eolítica en amplios sectores de la clase media argentina, especialmen- te en la juventud, proceso estrechamente ligado a la experiencia reac- cionaria del gobierno Aramburu-Rojas, a la frustración frondizista y triunfo de la Revolución Cubana. Derrotas y triunfos, desmitifica- es y nuevos ídolos generan diversas crisis en los viejos y ya peri- cos partidos de izquierda. La juventud socialista —formada en el nbejustismo—repudia a Américo Ghioldi para embanderarse de- de José Luis Romero, pasando muy rápidamente a encarnar sus elos de renovación en Palacios, Muñiz y Tieffemberg. En muchos isos se trata simplemente de abandonar el reformismo de izquierda -oligárquica para adherir a los planteos de otra izquierda también -oligárquica, que cree hallar la solución en una confluencia entre n B. Justo y un marxismo abstracto aprendido en los manuales de Academia de la URSS. Pero, sin embargo, en algunos de los gru- disidentes se gesta una revalorización del peronismo y un come- nte acercamiento a esa cuestión nacional que el maestro Repetto no cansaba de repudiar. En algunas revistas de esta tendencia crece el onformismo respecto a las ideas económicas imperantes hasta en- es en el partido: librecambio, moneda sana, Estado mal adminis- or. En otros casos, se intenta hablar un lenguaje latinoamerica- Pero la autocrítica respecto a toda la tradición del socialismo ormista en la Argentina es dolorosa y la realizan sólo a medias. Por v lado, el momificado aparato del Partido Comunista dirigido por 37 Codovilla los presiona desde una supuesta posición más izquierdista y los espera con su abrazo fatal. Cuba, a su vez, les da una bandera, pero al mismo tiempo se les ofrece como una nueva forma de evasión y muchos jóvenes en tren de nacionalizarse, terminan solamente por tornarse "cubanofilos". Uno de esos grupos de fervientes admiradores de Fidel Castro en los cuales parece encontrarse latente la posibilidad de entender la cues- tión nacional y pasar a una concepción política de izquierda nacional, es el que edita la revista Che. Arturo Jauretche observa con atención y simpatía ese posible salto cualitativo para favorecer el cual se presta a un reportaje de la revista y entra finalmente en una polémica con ellos. * * * En el N° 3, del 18 de octubre de 1960, la revista Che, dirigida por ese grupo de jóvenes socialistas, afirma, en una nota referida a las próximas elecciones de senador por la Capital Federal: "Otra candidatura sorpresiva sería la de Arturo Jauretche, con el apoyo de algunos sectores del nacionalismo y otros de la ultra iz- quierda; total ya nadie se acuerda, después del año en Europa, que Jauretche jugó sin retaceos su apoyo a Frondizi durante las elecciones del 58. Por lo visto, para todos los políticos descarriados hay siempre un Jordán". En el número siguiente —25/10/60— un lector que firma L . Cordone solicita que aclaren la posición de Jauretche respecto alfron- dizismo pues "si Jauretche persistió en su apoyo después del brusco cambio de timón del gobierno, eso resultaría lapidario para él" y "en cambio, si solamente existió ese apoyo hasta el I o de mayo de 1958, entonces la situación cambia porque ¿acaso Perón no apoyó a Fron- dizi? El pueblo debe saber de lo que se trata y pido esta aclaración porque siempre lo creí a Jauretche ubicado en una posición auténti- camente nacional". Con la firma J. Maciel, la revista Che contesta: "Jauretche, en efecto, acompañó a los grupos más o menos inde- pendientes que en su momento coincidieron en promover la candidatu- 38 ra de Arturo Frondizi para la presidencia de la Nación. La adhesión de Jauretche a esta candidatura fue anterior a la decisión de Perón. La persistencia de su apoyo a Frondizi después del frondizazo' no fue, en efecto, tan visible ya que poco después del I o de mayo de 1958 y frustrada por obra de Frigerio su aspiración a la presidencia del Ban- co Central, Jauretche partió para España donde permaneció un año. Y el único dato que nos permite ubicar su posición durante ese lapso es su condición de colaborador de El Nacional, diario que fue, en cierto modo, la vanguardia ideológica del golpe de timón frondizista. Por otra parte, fuerza es reconocer que también el apoyo de Perón acom- pañó al nuevo gobierno durante un lapso de tiempo bastante más lar- go del que tardó Frondizi en evidenciar su alejamiento del programa electoral que le había valido la conquista del poder. Es un hecho que la liquidación de Dinie y la suscripción de los contratos petroleros no per- turbaron la actitud colaboracionista observada por Perón en los pri- meros tiempos, si bien se hacía visible una creciente inquietud en la ma- sa peronista. Y fue probablemente la actitud de las masas lo que a la postre decidió la tardía conversión de Perón a posiciones opositoras frente al gobierno de Frondizi' 9 . En ese mismo número se refieren al peligro que entraña la in- versión de veinte millones de dólares que efectuarían los jesuítas en la Argentina, cuestión a la que alude también Jauretche en su respuesta. * * * En el 5 de Che, del 1/11/60, aparece la contestación de don Arturo: Señor Director de Che Muy señor mío: Dicen que no hay comedido que salga bien y parece que ése es mi caso. Ocurre que nacionalistas y peronistas me ata- can porque estimulo las posibilidades de un encuentro con lo nacional de ios que a sí mismos se llaman izquierda, sobre to- do los jóvenes que no se han encanallecido en el paralelismo 39 tradicional de la izquierda marxista o liberal y la derecha ol i- garca. (Empleo esta terminol ogí a de izquierda y derecha —en- tre nosotros los límites de una y otra son bastante confusos y se penetran— porque para la comprensión inmediata de los que recién llegan a la posición nacional, hay que emplear es- tos transplantes de la posición política importada.) Su revista se ha particularizado conmigo en el ataque rei- terado. También veo que la investigación del Banco de la Pro- vincia le da tema para particularizarse con los jesuí tas, por al- go que se supone quisieron hacer, sin que les haya dado material la misma investigación para ocuparse de los genera- les y almirantes gorilas que actuaban desde los directorios de las sociedades anónimas, quienes emplearon esta nueva técni- ca de los factores de presión (me refiero a Vernengo Lima, Bonnecarrere y Osorio Arana) con olvido de las incompatibili- dades entre Marte y Mercurio. Esto de alarmarse porque los jesuitas pueden traer veinte millones de dól ares y no alarmar- se porque los protestantes o los de la sinagoga hagan dól ares con los pesos de nuestros bancos sacados del ahorro argentino revela que no están enterados de cómo funciona el mecanismo imperialista de que hablan y que consiste precisamente en ese cuento: hacer capital extranjero con la plata nuestra a través de los depósitos bancarios. Si hubieran estudiado el Banco Central de Perón, por lo menos como lo estudió Méndes Fran- ce que parece que sabe de aquí más que ustedes, hubieran pos- tergado la cuestión religiosa a la cuestión económica y finan- ciera y se hubieran ocupado en el caso concreto del Banco de la Provincia de Buenos Aires que se refiere a SEGBA, Ford y General Motors. Pero eso les ocurre porque su antiimperialis- mo es de importación, como su imperialismo, y porque hasta su ateí smo es ateí smo con respecto al catolicismo que tendrán que convenir conmigo es una costumbre en el paí s. Esos son arrastres "repettunos y juanbejustistas" que están en el sub- consciente y que con paciencia y buena letra se irán corrigien- do. Y créame, Sr. Director, todo esto se lo digo con una buena leche. 40 Si estuvieran desde hace tiempo en el mc4|mieHjti nal habrí an conocido a través de los trabajos de dalmente de Scalabrini Ortiz, cuál es la técnica éfóbl eada' de el primer "empréstito", el de Baring, y la funda* mismo Banco. Sabrí an que Bunge 8c Born vino aquí coi mano atrás y otra adelante, con un aval de la casa en París y que con los ahorros de los argentinos, a través del Banco de la Na- ción, hizo la bicicleta (en términos bancarios) comprando las co- sechas con nuestro dinero y repitiendo anualmente la opera- ción: renovaba para la cosecha siguiente, en el momento de encerse la obligación anterior. Como éramos nazis entonces y ustedes estaban ocupados en defender las sabias instituciones de la Constitución del 53, parece que no se enteraron. Tampo- co, porque estaban estudiando el socialismo en el Himalaya, pudieron comprender la diferencia que habí a entre la misma Constitución redactada por una poderosa plutocracia, el na- ciente capitalismo americano, para ser aplicada por él, y su re- producción por unos cuantos abogadillos y literatos iluministas eme como no tení an intereses capitalistas propios que defender, crearon las condiciones para el capitalismo ajeno, que no es el capitalismo, sino la típica forma colonial del capitalismo de im- portación. Hubieran sabido entonces que Caseros sirvió para extinguir en lo geográfico y en lo humano, las posibilidades de un gran paí s y en el orden económico, las balbuceantes formas capitalistas que obstaculizaban el desarrollo imperialista. En fin. Demasiado ilustrados para simplificar las líneas de lo na- cional y lo otro, se enredaron en las piolas y por no encontrar- se con Perón, se encontraron con Braden y Aramburu. No se los digo como cargo, pero sí como advertencia, que no es cuestión de que se pongan a enseñarl e al padre a hacer hijos, cuando todaví a tienen los dientes de leche en es- 10 de lo nacional, y han mamado leche de Braden y con Ghiol - <h han negado la leche de la clemencia. Todos tenemos que perdonarnos algo si queremos entendernos que es lo funda- tal. Por eso creo que no está demás este "sosegate" que tal publiquen. Por eso se los mando. 41 Mi amigo Viñas me recuerda en un l ibro que acaba de publicar que he sido conservador los 18 años. Yo amablemen- te le he contestado que eso lo he pagado con 40 años de vida al servicio de mi pueblo, siempre en la posición nacional. De todos modos me queda la originalidad y creo que exclusiva, de haber subido al caballo por la derecha y bajado por la izquier- da (siempre la absurda terminol ogí a) en un país donde todos los políticos montan por la izquierda y bajan por la derecha. Y ahora vamos al grano: en el N° 3 de su revista, me ha- cen el cargo de haber apoyado la candidatura de Frondizi, im- putación que después se extiende a Perón y a cuatro millones y medio más de argentinos. ¿Y ustedes a quién votaron? ¿Por Balbín? ¿Por Palacios, el embajador de Aramburu en Uru- guay? ¿Qué hicieron ustedes para que el pueblo argentino no fuera sometido a una opción forzosa? Comprenderá usted, se- ñor Director, que una imputación de esa clase sólo me la pue- den hacer los que votaron en blanco. Y aún tengo que agregar que si Frondizi no hubiera triunfado por decisión de los ex- cluidos del derecho cívico, lo que está haciendo Frondizi, lo es- taría haciendo Balbín, lo que no tendrí a importancia. Pero con una aprobación electoral expresa y con la ratificación expresa, hecha por la mayorí a, de lo actuado por el gorilismo, desde el Plan Prebisch hasta los fusilamientos y la exclusión de la ma- yoría del pueblo de sus derechos. ¿Quiere usted decirme lo que significaría que Balbín hi- ciera lo que hace Frondizi, pero con un programa votado por la mayorí a? Que Frondizi no haya cumplido su programa, es cosa de él y de su partido. No de los que por honradez creye- ron en su palabra. En el N° 4 deChe, el Sr. H. Cordone ha pe- dido una acl aración que ustedes hacen, con la firma de un se- ñor J . Maciel, personaje que me parece imaginario y se declara "autor" de la pequeña historia en cuestión. Pero la aclaración no aclara nada. Miente e insinúa ca- lumniosamente. Como el lector le preguntaba a la revista si yo lo apoyé a Frondizi con posterioridad a la desviación de su pro- grama, después del I o de mayo, el señor Maciel o quien sea, • 42 muy suelto de cuerpo, dice que yo partí para España después del 10 de mayo, pero agrega por su cuenta que esto ocurrió porque no me dieron la Presidencia del Banco Central por obra de Frigerio. Solamente con una finalidad calumniosa se puede decir eso: ¿En qué testimonio, en qué hecho se apoya es- te sujeto para hacer esta afirmación? Más. Si este sujeto es pe- riodista, no puede ignorar el violento choque que tuve con Fri- gerio, con el que rompí relaciones precisamente porque fue el autor del pacto con Perón y del pacto con Aramburu, doble operación en que se frustró la salida que para el Ejército y Pue- blo pudo significar el 23 de febrero. Porque el primer pacto le sirvió a Aramburu para hacerse de nuevo fuerte en el ejército y negociar la entrega del gobierno y no del poder con Frondi- zi, quien no tuvo agallas ni para tomarlo ni para renunciarlo, resultando de los dos pactos y del acceso al gobierno en esas condiciones, el que quedara sin pueblo ni ejército a merced de los usureros internacionales en lo que llaman Plan de Desarro- llo. Por un lado, me imputa haber apoyado esa salida política y por el otro, con una mentira infame, pretende desvirtuar el sentido de mi alejamiento del país, que sólo prueba que yo no quería ni esperaba sacar fruto de mi acción política y que, para cualquiera que no fuese un calumniador, resultaría la prueba de un desinterés no habitual en nuestro medio. Tan calumnio- sa es la intención que no pudiendo decir que colaboré con Frondizi después del I o de mayo, agrega que mi colaboración no fue "tan visible". Y para terminar, también me hace cargo, por una serie de notas contratadas conEl Nacional que llevan mi firma y fueron escritas desde Europa en 1958. Lo curioso es que los redactores deChe, periodistas como yo, escriben en los diarios de la oligarquía, al mismo tiempo que en esta revista, como profesionales que son de la pluma, y supongo que este supuesto Maciel no pone en lo que escribe, lo que él piensa, si- no lo que le mandan a escribir. No lo critico como tampoco puedo hacerle cargo al obrero que pone tornillos en una má- quina de la Standard Oil. Pero por esa razón ese cargo no pue- de hacérseme a mí, además porque yo firmo y si tiene algún cargo que hacerme, es por lo que he dicho bajo mi firma. Con 43 todo, terminado mi convenio conEl Nacional, que respetó to- talmente mis textos, no quise renovarlo. Tal vez esta carta tenga una extensión inusitada. Estoy habituado a los ataques y a las infamias y las paso por alto. No he querido hacerlo ahora en atención a los dientes de leche que todaví a tienen ustedes en lo nacional y para recordarles que la recí proca indulgencia que tal vez sea necesaria entre los distintos sectores de lo nacional, no puede significar que los recién llegados a su conocimiento, lo hagan con la soberbia de quien no se ha equivocado nunca, cuando todaví a andan co- mo el mamón con la leche de Braden en los labios. Mientras los hombres del movimiento de 1945 andamos haciendo el inventario de nuestros aciertos y nuestros errores —y yo sé lo que me cuesta señal ar estos úl timos— ustedes echan el pasado a la espalda y actúan con la misma petulancia de antes, olvidando que fue esa soberbia de intelectuales la que los perdió y les hizo agarrar caballo equivocado. ¿Usted nunca intentó agarrar caballo de noche y a cam- po abierto? Yo lo he hecho muchas veces en esto de la política y da la casualidad que hasta cuando "he errao el pingo", mi error ha sido compartido con todos los paisanos. Los saluda fraternalmente. Arturo J auretche * * * La contestación de los jóvenes de Che aparece en el mismo nú- mero y reitera precisamente esa soberbia que les critica Jauretche. En lo fundamental afirman: a) "Conocemos cuál es la función del imperialismo en los países subdesarroliados. Aparte de FORJA y de Scalabrini Ortiz hay algu- nas fuentes más que nosotros también hemos consultado. Y mientras FORJA actuaba nosotros no estábamos ocupados en defender las sa- bias instituciones de la Constitución del 53' sino fundamentalmente, en hacernos pipí en la cama o —los más aventajados— enjugar a la rayuela." 44 b) "No pretendemos enseñar al padre a hacer hijos. Aunque, con una mano en el corazón, señor padre, ¿todos los hijos que la genera- ción de ustedes procreó, sirven? ¿Procrearon bien?" c) "Cheno es órgano de ningún partido político [ ...] Error el suyo de creernos sucursal de grupos políticos y no limpia empresa ju- venil, con dientes de leche pero tan incisivos que mordemos a aquel jo- ven que a los 18 años fue conservador, subió a un caballo por la de- recha, bajó por la izquierda y ahora quiere subir nuevamente. ¿Por dónde, señor Jauretche, por ambos lados, por la cabeza? Y aquí ter- mina nuestra respuesta. No es usted nuestro enemigo ni nos dedicare- mos a perseguirlo. Acepte, sí, la realidad evidente de tantos hijos que negamos a nuestros padres —aunque entre ellos se encuentre usted—. Lo hacemos con soberbia y con insolencia. Hay demasiadas muestras de humildad jesuítica y de obsecuencia militante como para que esa soberbia e insolencia no sean, a la postre, bondades que respetar." * * * El 17 de noviembre de 1960Jauretche contraataca en una no- ta de El Popular, donde aprovecha para contestar otras recriminacio- nes de dos jóvenes, un tal Rocha, que enfatiza con las torturas aplica- das durante el peronismo, y otro, Morozzani, que ya intenta darle directivas, publicadas ambas en números anteriores de El Popular. La contestación lleva por título "Del Reformatorio Cívico de mayores al reformatorio ideológico de menores", y en lo esencial afirma: Últimamente me han agarrado de "punto" algunos cola- boradores regulares y otros espontáneos que saltan al ruedo en "Cartas de lectores". Se trata, generalmente, de jóvenes provenientes de la izquierda. Nosotros, los nacionales, estamos encantados de llevarlos en ancas, mientras aprenden a montar, pero no es cosa de que manoteen las riendas [...] para enterrarnos en las vizcacheras a donde fueron a parar antes. Estos nuevos jinetes, que nos ha- blan con el tono de los que han acertado todas, cuando les pe- gamos en la matadura, salen con que eran muy chiquititos y 45 estaban haciendo pipí cuando se equivocaron. Me parece que se siguen meando en la cama. Así hay un joven Rocha, que me parece conocido, que nos habla de las terribles torturas y persecuciones del régimen peronista. Pero que, con seguridad, admira a Castro. Se olvida de que en iguales circunstancias que ésta o más difíciles (por- que a la agresión y bloqueo occidental unánime —y no sólo el norteamericano, como en el caso de Cuba— se uní a la agre- sión de los soviéticos en la conjuración de las izquierdas y de- rechas armonizadas con el pretexto del nazismo para bloquear toda política nacional) los entonces jóvenes de izquierda fue- ron "los idiotas útiles" de la oligarquía y el imperialismo, y el saldo positivo de su hostilidad es esto que tenemos delante que, les guste o no, ellos ayudaron a construir. Ese es el hecho positivo, lo hayan hecho de vivos o de zonzos. Si he acusado al nacionalismo de irresponsabilidad por- que no comprendió que no habí a otra alternativa que aguan- tar al peronismo con todos sus defectos o entregar el poder a la ol igarquí a, debo ser mucho más severo en mi juicio para estos fubistas que tampoco vieron la alternativa y todaví a se dan corte con alguna leve encerrona que tuvieron, por andar macaneando contra el país y el pueblo argentino, cuando de- bieran, de estar ya en lo nacional, avergonzarse de haber he- cho de idiotas útiles y estar muy agradecidos a que el "tirano sangriento" no fuera Castro, como pretenden ahora, caso en el que habrí an ido al paredón, no interesa averiguar si por picaros o por zonzos, con lo que no habrí an tenido oportu- nidad de conocer esto de Castro que ahora proponen como modelo. Otro de estos "espontáneos" que se llama Morozzani o cosa parecida, tiene la indulgencia de reconocerme acierto en cuanto consideré inevitable ya la caída de Perón en 1954, pa- ra acusarme en seguida de superficialidad anecdótica, porque intento demostrar que la caída obedeció precisamente a haber olvidado el carácter social integrador, vertical, de los sectores sociales, en el movimiento nacional y perdido el control y la 46 adhesión de sus sectores de clase media y burguesía en ascen- so, ligados al desarrollo que el proceso representaba. La mentalidad de este mozo es típicamente fubista. Se trataba y se trata, según él, de "darle a la Marsellesa y aún me- jor a la Internacional, cadencia de vidala". ¡Y esto es sainete, puro cocoliche! ¡Una lucha nacional es cuestión de ponerle a la música internacional de las izquierdas extranjerizantes dos o tres ritmos criollos que le puede proporcionar Atahualpa Yu- panqui y adelante con los faroles! La realización nacional para esta mozada no consiste en hacer lo posible en el momento que es posible y en función de la realidad auténtica, sino en conformar el esquema previo, encaje o no en el país, porque el pueblo argentino es un cone- j o de laboratorio con el que cualquier empachado con cuatro libritos de quiosco se puede meter a hacer experiencias dra- máticas. Y este mocito no se para aquí sino que ya empieza a clasificarnos a los que de lejos venimos por la huella nacional, diciendo éste sirve y éste no sirve y eligiendo como el indio con la lanza entre Albrieu, Cooke, Cardozo, Vandor, Osella Mu- ñoz, etc. ¿No les digo que quieren agarrar las riendas? ¡Menu- do lío que tenemos los nacionales para aclarar nuestras cosas para que vengan las visitas y en cuanto se les sirve un mate, empiecen a decir éste toma y éste no toma! [...] Sé que estos jóvenes ni siquiera me van a agradecer que me ocupe de ellos. La verdad es que ninguno de los "maestros" a que están habituados, les hubiera dado "bolilla" contestándoles. Pero en esto también los nacionales nos dife- renciamos de esos "proceres" de papel pintado. Porque lo ló- gico es que antes de polemizar les diga como en las carreras cuadreras: "Iguala y largamos". Lo hacen hasta los boxeado- res que exigen títulos y antecedentes para concertar la pelea. Pero es cosa de humildad el contestarles; humildad que es lo primero que tienen que aprender los infatuados de laintelli- genlzia, así sean pichones. Y ésta es la primera enseñanza que debí an sacar de sus errores aún recientes, que no los conde- nan, pero los obligan a prudenciar y comprender que la cues- 47 tión no es ponerle "unos acentos de vidala" a la mala música que practicaban antes, la Marsellesa y la I nternacional con bastante "God save the King" y la bandera de las franjas y las estrellas . [...] En una ocasión el doctor J uan P. Ramos, penalista fa- moso y que era director de la Penitenciarí a Nacional —de la que acababan de escaparse catorce penados—, visitó la cárcel de Sierra Chica, acompañando a un grupo de penalistas ex- tranjeros. A medida que recorrí an el establecimiento, el doctor Ramos contestaba a las preguntas técnicas de los visitantes con reflexiones despectivas sobre el manejo del mismo. El director de la cárcel , que era un modesto paisano de Ol avarrí a, iba j un- tando rabia y así fue que ante uno de los juicios de Ramos, ex- pl otó diciendo: "—¡Vea, señor; aquí no sabremos mucho de esa ciencia que usted sabe, pero los presos no se me escapan de a catorce como le ha pasado a usted!" Y éste es el caso. L o que nosotros hemos hecho no es per- fecto, pero es mucho. Y lo tuvimos que hacer contra ellos y contra los otros. Ahora parece que están de vuelta. Pero no es- tán de vuelta de su soberbia intelectual, que tampoco sabemos de dónde ha salido, como no sea de una colección de calco- maní as que quieren poner sobre el paí s, sin averiguar prime- ro cómo es el paí s y qué es lo que el paí s quiere. Y le pongo punto a este paréntesis. Tenemos bastante con las pel í cul as de televisión, dobladas con el español del Ca- ribe, para que nos "doblen" también de ese modo las solucio- nes nuestras, propias de este clima, este lugar y estos hombres. Porque lo que me temo es que este sector izquierdista encuen- tre en Cuba la forma de fugarse de la realidad nacional, a la que parecí a aproximarse, y así el amor a Cuba no será el que i merece, sino un modo de evasión intelectual. 48 GUI LLERMO DE TORRE, ALI CI A JURADO Y E L ESTABLI SHMENT PI DEN LA CENSURA En La Gacetade Tucumán, del 30/8/70, Guillermo de Torre publica un artículo titulado 'Argentina: análisis y autoanálisis" del profesor yanqui Ernest Lewald. De Torre —crítico español, residente hace muchos años en Ar- gentina, casado con la pintora Norah Borges y por tanto, cuñado de Jorge Luis— sostiene en esa nota que "recién ahora los argentinos es- tamos en condiciones de recibir, sin protestas, juicios críticos sobre nos- otros mismos" Elogia De Torre a los autores seleccionados en esa an- tología (Borges, Canal Feijóo, Anderson ímbert, Sabato, Murena, etc.) aunque afirma que "faltan autores no menos significativos que han escrito páginas sustanciales sobre su país argentino: Victoria Ocampo, Eduardo Mollea, Francisco Romero, Fryda Schultz de Mantovani, Francisco Luis Bernárdez y otros que yo mencioné hace años en una página de mis Claves de la literatura hispanoameri- cana". En especial, de Torre analiza el aporte de Enrique Anderson Imbert, y afirma: "La visión concreta de la Argentina que nos da An- derson Imbert, desde su voluntario destierro, en una universidad de Estados Unidos, sin dejar de ser justa, aplicada al plano político, re- sulta sobremanera áspera, pero indudablemente sincera. Así, en su abominación del peronismo, al que califica de caos', 'la gran cloaca', 'la gran estafa', 'demagogia, no democracia'. Tal aspereza más razo- nada, sin ninguna implicación política, se reencuentra en un par de páginas de Borges. En ellas, con su agudeza proverbial, satiriza la falsificación oficialista de la historia argentina, el espíritu imitativo, la falta de imaginación". 49 Esta nota de Guillermo de Torre constituye una de las tantas ma- nifestaciones de la intelligentziaque se complace en denigrar a los ar- gentinos. Del mismo modo, el alboroto con que comenta que "no tene- mos la hipersensibilidad de los pueblos jóvenes" que se enojan ante cualquier juicio crítico que se lance sobre ellos, integra esa política di- fusor a del complejo de inferioridad argentina, que esa misma intelec- tualidad cultiva con esmero. Esa "hipersensibilidad", así como el res- cate de la verdadera historia o la exhumación del viejo folklore, resultan obstáculos para la acción imperialista y en este sentido, son vi- tuperados por la élite en la que milita de Torre, élite desdeñosa e indi- ferente respecto a los míseros problemas cotidianos, pero que baja pre- surosa a la lisa, blandiendo solicitadas de gran calibre, en cuanto el pueblo se pone en movimiento. * * * Arturo Jauretche, que ha entablado una lucha a muerte con esa superestructura ideológica de la Argentina semicolonial, le contesta en La Gacetade Tucumán, del 20/9/70, en una nota titulada "El colo- nialismo mental y la imagen del país". Allí afirma: En su número del 30 de agosto del corriente, La Gace- la trae una nota de Guil l ermo de Torre, titul ada "Argentina: autoanál isis" en la que comenta un l ibro de autor norteame- ricano donde se recopil an opiniones de argentinos sobre el paí s. Comenzaré por decir que el recopilador puede ser nor- teamericano, pero el que dio la lista de opinantes es de aquí y del selecto grupo vinculado a la superestructura cul tural del coloniaje; así las opiniones que mencionan son las de Martí nez Estrada, J orge Luis Borges, Canal Feijóo, Anderson I mbert, Ernesto Sabato y H. Murena, es decir, de un mismo dios con varias personas diferentes, con excl usión de todo argentino que se halle empeñado en la tarea de serlo. Tal vez Sabato sea una excepción pero la culpa es de él si aparece con malas j un- tas, por deformar su personalidad auténtica en el afán de fi- 50 gurar en todas las listas y correr la promoció) ques. Que no se queje si lo usan. De Torre cree que al yanqui se le han qu< genios en el tintero. Y así al pasar peina los noml toria Ocampo, Eduardo Mallea, Francisco Romero, de Mantovani, Francisco Luis Bernárdez y otros pejes de la misma palangana. Desde luego que aprovecha la oportunidad para recordar a los que "nos interpretaron" el trasfondo psicológico —como Keyserling— entre dos tazas de té con Victoria Ocampo, una noche dormida en una estancia, otra en una quinta y dos en un gran hotel y que confunden al "fanfa" porteño con el más bien introvertido provinciano y a un hijo de italiano de Mendoza con un guaraní puro de Corrientes, para colgarles la actitud del hombre acomplejado "a la defensiva" o "la tristeza criolla". He transcripto la enumeración mostrando cómo el auto- bombo y recíproco apoyo consiste en señalarse los unos a los otros como genios y en excluir de toda mención el pensa- miento argentino que no responde a las directivas de la "pe- dagogía colonialista". ¿Quiere la prueba el lector? La mención de Borges, in- evitable en el sistema como obligación impuesta por el apara- to, está excluida de sentido para mencionarlo como conoce- dor de los argentinos. De Torre es cuñado de Borges, así que no necesita que le cuenten que Borges no ve a un metro de distancia y ha vivido en unos pocos metros de Buenos Aires, no tiene idea de lo que pasa en el interior del país y, si me apura, hasta hay que informarle que todos los argentinos no son del mismo sexo. Aquí no se trata de discutir sus consa- gradas e indiscutidas dotes de escritor sino la posesión de los medios elementales para conocer un pueblo, sus modos, su estilo y su sensibilidad. ¡Qué digo de un pueblo! De un rodeo de vacas. En cambio, están excluidos de la referencia Scalabrini Ortiz, Sebrelli, J osé M. Rosa, E. Palacio, Irazusta, Ramón Dolí, Hernández Arregui —no digo yo, por modestia—, Rubén F. 51 Mayer; es decir, todos los que han ahondado en la tentativa de conocer al hombre argentino apartándose de las consignas im- puestas por la colonización pedagógica. 1 Parece mucho más corta esta úl tima lista que la que pro- porciona la colonización pedagógica. Y lo es efectivamente, porque la uniforme política del aparato, de la prensa a la uni- versidad y de la enseñanza elemental a las Academias, ha im- pedido el conocimiento, la divulgación y la permanencia en la memoria general de los nombres de aquellos que disintieron o lo enfrentaron. Esto se logra por el simple sistema de repicar sobre unos nombres y silenciar los otros. Al caso. ¿Qué me dicen deEl hombre que está solo y espera, la indagación más completa que se ha hecho sobre el porteño? Pero a Scalabrini Ortiz no se lo menciona como no se le men- cionaría a Cancela, si se hablara de humoristas, o a Irazusta, de historiadores o a Mongo si se hablara de monguerí as. La téc- nica: ocultar al hombre para ocultar las ideas. 1 En esta nota, Jauretche menci ona a Juan José Sebrelli junto a Scalabri - ni Orti z, oponi éndose a la coloni zaci ón pedagógi ca y por tanto, coloca- do entre aquellos que carecen del apoyo de la gran prensa. Debe desta- carse, para ser fi el a las i deas de Jauretche y evi tar confusi ones, que ese reconoci mi ento corresponde a 1970 y que ahora Sebrelli ha renegado públi camente de las posi ci ones naci onales que provocaron esa valora- ci ón. Al mi smo ti empo, demostrando la veraci dad de los argumentos de don Arturo, Sebrelli ha pasado a "tener prensa"; Jauretche sosti ene que para tener prensa "no es necesari o ser dogmáti camente li beral ni so- ci almente conservador: el establi shment lo tolera a usted si es tan revo- luci onari o que no admi te el populi smo de los movi mi entos sociales". Efecti vamente, cuando Sebrelli publi ca Tercer mundo, mito burgués, don- de toma di stanci a respecto al "populismo", el di ari o La Nación le bri nda un fervoroso elogi o (5/10/75). Y últi mamente cuando sostiene que pasará el resto de su vi da atacan- do al populi smo pues ya está de vuelta de "la fasci naci ón populi sta" de sus pri meros li bros, ocupa dos pági nas de la revi sta Vigencia contestan- do a un reportaje bajo el título: "Sebrelli : el peroni smo fue la aventura" (sept., 1980). [N. G.] He aprovechado la oportunidad para insistir sobre el aparato de la "colonización pedagógica". Sirve también para mostrar que los sujetos instrumentados para servirla conocen perfectamente los resortes que hay que tocar para que el apa- rato les sirva a ellos. Y ahora dejando de lado esta introducción de aviso sobre a qué sirve el señor de Torre y la gente de sus listas, conviene decir algo sobre la preocupación por lo que dicen de nosotros afuera, ya que éste es el tema de la nota que comento. Constata de Torre que se ha atenuado la hipersensibili- dad del pueblo joven con que recibíamos la opinión del turis- ta intelectual en trance de psicoanalista de un pueblo; aquí usándolo de ladero a Anderson I mbert se mete en un tema del que la naturaleza lo ha excluido tal vez por su condición de ar- gentino nacido en España o de español refugiado en la Ar- gentina, que le hace confundir las ideas de patria y nacionalis- mo con la idea política más conveniente a quien por pisar en dos terrenos, no pisa en ninguno. El de clasificar a los nacio- nales en buenos y malos. A los nacionales —es decir, a todo el país excluida su m- telligentzia— nunca nos afligió ni nos alegró que los Waldo Frank, Keyserling u Ortega y Gasset opinaran de nosotros, porque los nacionales estamos seguros de ser argentinos. La preocupación es propia de los que no saben lo que son y ne- cesitan que se lo expliquen los turistas de la filosofía, la socio- logía o la historia. Y sobre todo no nos preocupa la imagen que damos hacia afuera. Fíjense que digo los nacionales y no los gobernantes que, generalmente, no son de aquellos. Por eso, en lugar de gober- nar como nacionales, gobiernan para cuidar la imagen exte- rior del país, acomplejados también por la colonización peda- gógica que, para este caso, tiene sus listas consagradas que constituyen otro coro estable: el de nuestros economistas. Ellos le dicen al general de turno que tal política econó- mica goza de la opinión favorable de I nglaterra, de los Estados Unidos, de Alemania o de Francia. Y el general de turno, for- 53 mado también en la colonización pedagógica, hace lo que el coro estable le aconseja para ser aplaudido en el exterior. En- tonces, el Times o el New York Herald o el Chicago Tribune o el Fi- nancial News lo ponderan. El general se queda muy satisfecho. J amás se le ocurre preguntarse si los mismos periódicos no lo prefieren a Faruk que a Nasser. Y ésta es la misión de la colo- nización pedagógica: lograr que un general sea tan tarúpido que prefiera Faruk a Nasser porque le preocupa su imagen ex- terior más que su función histórica. Con frecuencia, la colonización pedagógica consigue al general pero lo cjue ya no conseguirá más es un pueblo igual- mente tarúpido. És lo que le duele a un tal Anderson I mbert que según de Torre se encuentra en los Estados Unidos en vo- luntario destierro—l éase dól ares— en una universidad y "cu- yas abominaciones al peronismo" —"caos, gran cloaca, gran estafa"— repite con voluptuosidad de Torre con su propia abominación de un país que precisamente es peronista porque construye su propia imagen y le hace un corte de manga a la imagen que los "vivos" de la colonización pedagógica quieren imponerle desde afuera. Un pueblo que juzga por cómo se siente y no por cómo lo ven, esos que lo ven bien cuando está mal y mal cuando está bien. * * * Ante la crítica de Jauretche, Guillermo de Torre guarda violín en bolsa, pero aparece entonces intrépidamente en el campo de pelea la señora Alicia Jurado. Pero ¿de quién se trata? Alguien dirá erróneamente que se trata de una escritora propie- taria de campos. No. Es una propietaria de campos que escribe y no hay malevolencia en esto. Ella misma al publicar su libro Leguas de polvo y sueño (1965) estampó esta dedicatoria que comprueba nues- tro aserto: "A Adolfo Bioy Casares, mi vecino de campo". Así, pues, si ella misma considera a Bioy Casares antes un terrateniente —La Martonamediante— que un escritor (¡y Bioy es Bioy y no Alicia Ju- 54 rado!), es correcto que también nosotros la consideremos una propieta- ria de campos que escribe. Esta señora se dice liberal pero repudia las revoluciones demo- cráticas y no sólo aquéllas "bárbaras" de los países atrasados sino in- cluso las "civilizadas" de los países "progresistas": "Cuando pienso en ese pobre rey (Carlos I), vencido e ignominiosamente decapitado por un plebeyo fanático, me acomete un infinito desaliento. Uno no se acos- tumbra fácilmente a la idea de ese triunfo de la vulgaridad y la estu- pidez sobre el buen gusto y la inteligencia que ya parece presagiar los estragos del sufragio universal. Veo al iconoclasta regicida como el pri- mer eslabón de una cadena muy larga, en la que se repiten los vanda- lismos de la ignorancia y los desmanes de la grosería, con sus incen- dios de iglesias y con el apoyo incondicional de lo que las generaciones más sensatas llamaban la canalla" (La Nación, 29/4/62). Estas con- vicciones suyas —sostenidas con inagotable entusiasmo en cuanta so- licitada encabeza el Cte. Rojas— las sintetiza en otra opoiíunidad di- ciendo: "Las mayorías son las personas menos instruidas y son pasto de los demagogos. Me gusta más el despotismo ilustrado que el despotismo analfabeto" (Canal 9, 27/11/72). En El medio pelo en la sociedad argentina, Jauretche ya le dedica unos párrafos a Alicia Jurado. Refiere que en su biografía de Borges, la señora Jurado empieza por repudiar toda tradición nacio- nal que pretenda buscarse en "los gauchos, la tacuara, la cultura dia- guita y la bota de potro", pues la verdadera "vieja tradición criolla ha sido mirar a Europa". Agrega Jauretche que en el mismo libro, ella se anima a reprocharle a Borges "esa nostalgia por tipos tan repugnan- tes como el compadrito y el matón" y comenta: "Ella le reprocha a Borges esa nostalgia pero a renglón seguido le sale una nos- talgia propia: 'Si Borges reflejara el país como reclaman algu- nos críticos, si escribiera sobre la realidad nacional que hoy vi- vimos tendría que limitarse a temas, casas, hablares y psicología de italianos, que constituyen la esencia de la argentinidad del siglo XX. Es natural pues que a los nacionalistas, casi todos re- cién llegados al país, les ofenda la nostalgia de Borges por una patria que no les perteneció y que ellos han contribuido a bo- rrar'". En definitiva, concluye Jauretche: "A doña Alicia no hay 55 p... atria que le venga bien, la de ayer por bárbara, la de hoy por gringa; gringos son los nacionalistas que la quieren acrio- llar, criollos los abuelos que la quieren agringar. Este es un eu- ropeí smo que consiste en mirar el aljibe desde la ventanita del cuarto del baño; el agua corriente para uno y el balde para los otros" (El medio pelo en la sociedad argentina, págs. 282 y 283). * * * En su carta publicada el 4 de octubre en La Gacetabajo el tí- tulo "Inadmisible", Alicia Jurado protesta, en primer término, por la publicación del artículo de Jauretche pues considera "inadmisible que se publiquen en una página que se titula literaria, artículos cuya pro- sa no podría confundirse jamás con la literatura y cuyo propósito evi- dente es el insulto" y le solicita al director "que vigile un poco la cali- dad estética y espiritual de las colaboraciones que aparecen en un diario de la importancia, difusión y prestigio de La Gaceta". En se- gundo lugar, afirma que no se propone refutar los puntos de vista del artículo "ni quiero polemizar con gentes que hablan otro idioma —em- pleo el término en su doble acepción, literal y figurada". Sin embargo, no desea guardar silencio cuando "ve tratar con semejante desconside- ración a personas estimables —algunas muy amigas mías—" pues ello sería "una forma de complicidad o cuando menos, de desleal indife- rencia". Por todo ello, la señora Jurado intenta refutar a Jauretche, para lo cual desarrolla los siguientes argumentos: 1) "La xenofobia, el nacionalismo irracional, la reivindicación de delincuentes y el ataque a quienes representan los valores más altos de nuestra cultura" se originan en la envidia. "Es un sórdido resenti- miento el que lleva a algunas personas que tienen acceso a las im- prentas (llamarlos escritores sería una ligereza imperdonable) a atacar reiteradamente lo más calificado de nuestras letras: las gentes abiertas a todas las manifestaciones de nuestra civilización, los que tienen en- sanchada la perspectiva por el conocimiento de más países, más idio- mas, más culturas, más hábitos del pensamiento que el común de los ciudadanos." 2) "No sé la edad del señor Jauretche pero presumo que si aspi- ra a escribir sobre sociología no será tan joven que no haya vivido du- 56 rante la década de la dictadura peronista; si fue así, no se le habrán escapado a su ojo profesional las características de ese gobierno: la co- rrupción administrativa, la despiadada persecución política, la repug- nante y omnipresente propaganda del régimen, el robo, los negociados, la mentira en todas sus formas, el adoctrinamiento de la ineficacia y de la juventud, el sistema de delaciones, la prensa expropiada o amor- dazada, las humillaciones que sufrieron las personas de ideas demo- cráticas, el mito de Eva Perón, el parlamento de títeres apenas alfabe- tos y enteramente sometidos, el incendio de la Casa del Pueblo, de nuestras mejores iglesias coloniales y de la inolvidable pinacoteca del Jockey Club, el populacho desbordado en las calles el 17 de octubre al grito de ¡Alpargatas sí, libros no!, slogan inventado contra los estu- diantes que en aquel momento defendíamos la autonomía de nuestra avasallada universidad, las vergonzosas prácticas de la UES (no ol- videmos que a Perón se le procesó por corrupción de menores) y no si- go porque la enumeración cubriría la página entera. Lo que quiero su- brayar es que si el señor Jauretche ha visto todo esto y lo aprueba, justifica y exalta; si se permite despreciar a los que prefirieron el des- tierro a la indignidad y a los que fueron a la cárcel por defender la li- bertad de su patria, si asegura que nuestro país es peronista como quien se jacta de un hecho horroroso, todo esto significa que la tabla de valores morales que tenemos él y yo son tan diametralmente opuestas que toda discusión en torno a esos valores sería estéril." 3) En otra parte de su carta, la señora Jurado reitera su deseo de amordazar a Jauretche quitándole las columnas de La Gaceta.- "La libertad de prensa no excluye la selección y hay límites para la vulga- ridad del lenguaje y la insolencia del tono que pueden tolerarse en un diario serio". * * * El 1/1/1970 La Gacetapublica la contestación de Jauretche con el título: "El establishment pide la censura". Tal vez esta nota pudo consistir en una carta personal al director de la página literaria de La Gaceta. Pero me parece 57 que la página con igual destino de doña Alicia J urado, en la que recaba, prácticamente, la censura, la no publicación a quienes como yo, no saben escribir y emplean una prosa agra- viante para los "monstruos sagrados" de nuestras letras, da te- ma para cosas más generales. Lo curioso es que la misma car- ta usa, a bocha, calificaciones injuriosas que afectan, no a dos o tres figuras literarias, sino a clases enteras del país, a movi- mientos políticos y a miles de hombres que los han represen- tado, con lo cual revela que la modosa preocupación por las formas es sólo un pretexto. Yo mismo soy sólo un pretexto pa- ra expresar una actitud frente a lo popular. Es muy posible que mi prosa, como dice doña Alicia, sea agresiva. EnClarín, del 15/12/66, en la crítica a mi libro El me- dio pelo en la sociedad argentina se lo señala pero también se lo explica. Lo reproduzco en parte porque ayudará a compren- der la indulgencia deLa Gaceta y de los lectores. Y también la tesis que sostengo. Dice así: "Arturo J auretche es una figura singular de la política, la literatura y el periodismo argentino. En alguna me- dida representa, sobre todo para los jóvenes de hoy, a toda una generación que libró batallas difíciles contra un medio y en una época en que la relación de fuerzas le era totalmente des- favorable. La lucha contra el poderoso establishment político, social, económico y literario sólo podí a librarse desde posicio- nes marginales, casi en condiciones de francotiradores, sopor- tando ostracismo y negaciones que llevaron a muchos al anoni- mato y a la frustración. Algunos se salvaron, aunque quedaron marcados indeleblemente por la batalla desigual. Eran, tal vez, los de espíritu más fuerte y tení an en el panfleto su natural vía de escape. El panfleto se convertí a en el arma del francotira- dor literario que intentaba desgastar las posiciones muy segu- ras de sí mismas [...]". Más adelante agrega: 'J auretche, que es esencialmente un político, no se ha propuesto hacer literatura como fin en sí mismo [...] cuando ha escrito algo lo ha hecho para influir, en algo [...] propagador de ideas que el país no es- taba en condiciones de asimilar, ha encontrado una aceptación 55 más generalizada cuando el tiempo de la mayor actividad ha llegado a su mejor fin [...]". La señorita J urado no ha tenido, por suerte para ella, la hostilidad del establishment. Desde su más tierna juventud —me parece que se le cae una sota o un rey cuando se señala como estudiante en 1945, cosa muy comprensible dado el se- xo— ha estado dentro del establishment y sirviéndolo como casi todos los monstruos sagrados y los monstruos que lo ro- dean. Ahora, viene, con esta carta, a ratificar la técnica en que consiste la "colonización pedagógica". Afirma la señorita J urado que no quiere polemizar y a rengl ón seguido pide que no se me publique. Se ve que le molesta, no la supuesta injuria a determinadas personas sino las tesis, y lo disimula con un pretexto estético o de buenas maneras. Lo que ella reclama es que la página literaria deLa Gace- ta no rompa las normas del establishment. Textualmente: "No me propongo refutar los puntos de vista de su autor" y agrega "lo que me parece inadmisible es que se publique, en una página que se titula literaria, artículos cuya prosa no podrí a jamás confundirse con la literatura y cu- yo propósito final es el insulto". En una palabra, reclama de La Gaceta que me prohiba decir lo que digo con el pretexto de cómo lo digo. La i ntelli gentzi a Es el sistema que ha aplicado a la inteligencia argentina la superestructura cultural de una manera sistemática, crean- do una apariencia de élite sobre las bases de los sometidos al pensamiento del establishment. Si usted es escritor, como si es pintor, matemático, políti- co, astrónomo o investigador científico, su prestigio está con- dicionado a disciplinar su pensamiento dentro de cinco o seis directivas esenciales que consisten en el repudio de la revisión histórica, como premisa necesaria para el rechazo en política 59 de todo movimiento popular y nacional; en economía, negar toda posibilidad de soluciones propias y en lo social ignorar los problemas reales del país buscándol e soluciones librescas. No es necesario ser dogmáticamente liberal ni socialmente con- servador: el establishment lo tolera si usted es tan revolucio- nario que no admite el populismo de los movimientos sociales y si a lo Martí nez Estrada encuentra explicaciones, desde Mar- tín Fierro a la Cabeza de Goliat, que permiten resolver por complejos psíquicos los problemas creados por la política de la imposición portuaria y extranjera; las ideologías no molestan; molestan las ideas concretas para el país concreto. La señorita J urado pertenece al popólo minuto del es- tablishment. En la comparsa, toca apenas los platillos, donde Borges —no dirí a que es bombo (¡horror!)— es el instru- mentista mayor. Todos han sido alimentados con la cucharita de oro y saben qué hay que hacer para seguir l l evándol a a la boca. Para estos exquisitos, aquello del arte por el arte tiene un sentido que no es el mismo de los refugiados en la torre de marfil. De aquí que se salgan del arte por el arte, cada vez que la realidad argentina desborda los límites impuestos a su ex- presión y pone en peligro el establishment. Entonces se en- tierran hasta la masa y se juegan por el país del establishment sin miedo a perder la delicadeza de las letras que habitual- mente destinan a hacer estéticas cosquillas superficiales a los señores del establishment. Véanse si no las alusiones políticas a lo popular, injuriosas todas, de la carta que protesta contra la injuria. La comprobaci ón hi stóri ca Hace muchos años, Ramón Dolí escribía lo que reproduzco: "Varias veces en nuestra modesta labor crítica, tuvimos ocasión de denunciar en nuestro país, un divorcio efectivo en- tre las clases pensantes y la masa de la población. La verdad es que una rápida ojeada sobre la historia argentina permite 60 evidenciarlo: siempre que la masa popular, grueso de la población, como quiera llamársele! ceso al gobierno, como en las épocas de Rosas mente durante el perí odo 1916-1930 [como se ve tatación de Dolí le faltaba la experiencia peronista] que un caudillo de masas, local o nacional, ha ocupado un puesto preeminente en el escenario social argentino, se ha po- dido constatar que casi la mayoría de esos grupos, élites, cla- ses áulicas, universitarios, escritores, políticos de gran estilo, todo eso que en un país se llama clase dirigente, ha estado en abierta disidencia con el jefe o caudillo que encarna las aspi- raciones de las masas. Y siempre que, al contrario, una oli- garquí a ilustrada, progresista, europeizante, ha copado la po- lítica nacional, siempre que escritores, universitarios, etc., han llegado a las directivas del país, las masas han estado fuera del gobierno. La línea histórica argentina que corre desde el Di- rectorio que gobernaba por medio de logias y cenáculos, que luego sigue por los unitarios pre-rosistas y post-rosistas, y en la oligarquía inteligente que gobernó desde 1862 a 1916, no es una fantasía histórica ni un esquema artificial. Es toda una tradición política, una corriente antidemocrática y real frente a los jefes o caudillos populares de verdad". Se pregunta Dolí si esto no ocurrirá en todas partes y agrega que en todas partes las masas iletradas están distancia- das de los pensadores y los publicistas, pues no se puede pre- tender que un chofer o un cocinero estén al tanto del último artículo de Maurras o de Chesterton. Pero los letrados, los in- telectuales, no están nunca cohesionados en contra de lo po- pular; hay intelectuales en todos los bandos, de modo que no puede señalarse la unanimidad "de la cultura" contra el pue- blo. Lo que sucede es que, en esos otros países a que se refie- re Dolí, la inteligencia es inteligencia, expresa la inteligencia del país. Aquí es intelligentzia porque sólo forman parte de ella los que se han sometido al establishment y al precio de su so- metimiento son promocionados y tienen escenario no sólo pa- ra expresarse sino para desarrollar sus aptitudes. 61 Precisamente esta constatación histórica de Dolí —que luego vino a ratificarse con el peronismo— demuestra que no se trata de un hecho circunstancial. Cada vez que aparece el pueblo como actor cierto de la vida política, la élite intelectual está en contra. Mejor que explicarlo por "civilización o barba- rie" es comprender que la élite es falsa, que está prefabricada para impedir que surja la determinada por la naturaleza. Que es lo que reducido a un caso, dice el comentario señal ado de Cl arí n. Y basta por hoy, por más que haya muchos rollos en el lazo. 62 VI CTORI A OCAMPO Y LA DESCONEXIÓN CON EL PAÍS Una aclaraci ón a Bernardo Verbi tsky En su tesonera lucha de tantos años contra la superestructura cultural generadora de mentalidades coloniales, Arturo Jauretche ata- ca en muchas oportunidades a la escritora Victoria Ocampo encon- trando en ella y en su revista Sur uno de los símbolos más claros de esa intelligentzia ajena al país. Victoria viajando anualmente a Europa o invitando a celebridades europeas y Sur sirviendo de correa de trans- misión de todo el pensamiento dirigido a ratificar nuestra inferioridad de salvajes americanos, reciben así una y otra vez la condena de hom- bres como Jauretche que juzgan esencial para nuestro destino la for- mación de una conciencia nacional. Sin embargo, cuando Victoria Ocampo publica en Life varias notas relatando su vida, Jauretche enfoca desde otro ángulo a la es- critora y sin abandonar los cargos que le ha hecho, la observa ahora como integrante de una clase social que la pergeñó tal como es y no le permitió ser de otro modo. Victoria Ocampo objetivamente culpable de un constante boicot a la cultura nacional en formación, resulta ahora para Jauretche inconsciente —y por tanto subjetivamente inocente— de su propia acción antinacional. Poderoso instrumento jugado en contra de nuestra liberación nacional, la señora Ocampo es —si se la juzga individualmente— y desde una perspectiva moral individualis- ta y no socio-política— un instrumento usado por su propia clase y sus aliados extranjeros, al margen de su propia voluntad y conciencia. * * * 63 Entonces, publica Jauretche, en diciembre de 1962, un artículo titulado "Analfas y snobs en la 'intelligentzia' argentina" que luego re- produce en Filo, contrafilo y punta. Allí dice: La revista norteamericanaLife en su edición en español, ha publicado en dos números sucesivos una especie de memo- ria de doña Victoria Ocampo. Es lamentable que la protago- nista esté identificada, porque podí an titularse "Memorias de una snob". De una snob un poco antigua, ya que como nos in- forma con regular persistencia, sólo bebe té en ilustres com- pañí as, según el estilo de su época y nada dice de cigarrillos importados y whisky, que es lo que constituye uno de los ele- mentos decorativos indispensables a los snobs contemporáneos. Un periodista deCorreo de la Tarde —lo que excluye cualquier sospecha descamisada— ha insistido en esta particularidad del té, preguntándose si doña Victoria nunca probó un rico café con leche con medias lunas, cosa muy impresumible y que po- drí a señalarse, si no sobrasen elementos, como manifiestos sín- tomas de desarraigo. No sé si doña Victoria fuma y desde lue- go descarto que no pueden ser nacionales y menos negros. En la época de sus audacias, bastante hizo; manejar automóvil y usar manga corta, porque entonces los ingleses distinguidos dejaban eso para la gente del pueblo y el whisky no subía de Leandro Alem arriba. Lo correcto y "bien" era el oporto o el "Napol eón", según la hora. Con mucha frecuencia, los escritores de tendencia nacio- nal han sido excesivamente severos con doña Victoria, por su snobismo y más que eso, por haber motorizado a través deSur uno de los más eficaces instrumentos de fuga de las responsa- bilidades argentinas de la inteligencia. Después de haber leído esas memorias, siento una especie de arrepentimiento por la parte que tengo en lo mismo y el deseo de golpearme el pecho públ icamente, porque compruebo que doña Victoria es "la mujer que no tuvo infancia" y su snobismo es más bien mérito que pecado. Cuando pienso que a las siete de la mañana la "agarraba" la "fraulein" por su cuenta durante dos horas para 64 hacerla teclear sobre el piano, que a las nueve la agarraba la "miss" y a las once la "mademoiselle" creo que es más dulce, o por lo menos más infancia, la de una fabriquera. Y cuando re- cuerdo que en esas condiciones la empaquetaron y mandaron a París por toda la adolescencia, ya no queda nada que decir sobre el desarraigo de doña Victoria que le sea imputable. Y viene en cambio a cuenta el mérito: el haber superado la gazmoñería ambiente y el haberse largado con formidable empuje y todos sus recursos a una obra de cultura, excepcio- nal, si se mira entre la gente de su clase. Doña Victoria trató de servir al país y si lo ha perjudicado eso no ha estado en su voluntad y en su empeño: hizo lo que ella podía hacer y que de ninguna manera podí a ser de otro modo. La culpa se re- monta más arriba, a sus mayores, ricohomes de prosapia ar- gentina y española que entregaron la formación de sus hijos a "frauleins", "misses" y "mademoiselles", desde la más tierna infancia y escalonaron después con largas estadías en colegios extranjeros la formación de la adolescencia y la juventud, has- ta el punto que, como lo ha dicho reiteradamente doña Victo- ria, su idioma natural no fuera el de su tierra; así sustituyeron la obra del hogar con la presencia intrusa de las institutrices y el contacto de raíz con la patria del nacimiento —y de los bie- nes— con otra patria en que crecieron como epifitas, ajenas a la tierra natal y también al tronco que las sustentó. Curiosa generación la de esa clase rica y dominante de fi- nes de siglo en el contraste entre sus hábitos criollos, casi colo- niales, de grandes estancieros y la religión de la extranjería que profesaban y que sólo encuentra parecido en aquella no- bleza rusa que barrió la revolución de 1917, en la contradicción de sus violentas modalidades eslavas, como amos, y su refinado estilo parisiense, como sibaritas. A este propósito recuerdo ha- ber leído poco antes de la revolución rusa —y en los momentos en que los ejércitos del zar eran derrotados en todos los fren- tes, faltaban las municiones y los hospitales de guerra eran in- suficientes para los heridos— una revista editada en San Pe- tersburgo para consumo de los altos círculos sociales. De la 65 primera a la última página, la vida social, literaria y artística, los vient de paretre, las funciones de la Opera y así totalizaban el número en el que no había en absoluto la más insignificante referencia a la espantosa y desastrosa guerra que se estabal i - brando en el frente. Y aclaro que no hablo ruso —como po- drí a creerlo algún nacionalista de esos que llaman marxismo a toda tentativa de comprender—, lo que no era un inconve- niente porque tampoco había una palabra rusa en la revista, escrita exclusivamente en francés. No es por casualidad, pues, que los rusos inventaron la palabra "intelligentzia". Ni las de- más cosas que siguieron inventando... Pero tampoco puede acusarse de inconsciencia a esa ge- neración de ricohomes. Más bien, es el caso contrario; aplica- ron a la formación de sus hijos, cuando se preocuparon de ella, el mismo criterio que aplicaban al país. No se preocupa- ron del ser, sino del cómo ser, de la forma y no de la naturale- za, de los modos y de las maneras. Del mismo modo que para hacer el país copiaban países, para criar hijos copiaban hijos. Y así ha resultado esta particularidad de nuestra vieja clase di- rigente: o la formaban según el modelito y obtenían el snob, o fracasaban y no la formaban de ninguna manera y sin el bar- niz de la cultura importada, a falta de una propia, les resulta su otra cara, el viejo y colonial aldeanismo del gran propieta- rio rural. Esta era la alternativa entre la cultura y el analfabe- tismo distinguidos. Éste es un contraste muy visible en lo que se llama nues- tra "alta sociedad" y que la desconecta de la realidad viva del país. Se da con frecuencia en la misma familia y hasta entre hermanos: al lado del snob, la pacatería y la gazmoñería alde- ana; la obsesión de ser siempre novedoso junto a la incapaci- dad para percibir toda novedad y comprenderla. Pero no es mi propósito intentar un ensayo sobre el tema de estos dos desarraigos. Este debate entre primos snobs y pri- mos pacatos, entre "basblue" y "analfas" retardatarios, no es ajeno a los argentinos de hoy y aquí, y si algo pudiéramos de- cir en el mismo es nuestra comprensión hacia doña Victoria en 66 el momento en que se da a su labor de cultura y renovación en la medida misma en que comprendemos por qué su labor no era una labor argentina. Y esta comprensión la podemos ex- tender a Borges, también criado al margen de la vida real, en- tre algodones y llevado de la mano. Borges es cita obligada ha- blando de Victoria Ocampo y más que criticarle su defección de algunos temas y modos iniciales hay que considerarle el mé- rito de haber intentado alguna vez asomarse a un al macén ro- sado, un barrio porteño o un tema histórico, en la tentativa de ir más allá de una exquisita labor de orfebre. La tentativa fue superior a su calidad vital, no a su inteligencia... (Tercera Fuerza, diciembre 1962.) * * * Tiempo después, Bernardo Verbitsky publica un artículo en Confirmado con motivo de cumplirse un huevo aniversario de la fundación de Sur. Verbitsky critica a Sur y defiende a Victoria Ocam- po. Sostiene que "en los ensayos de ella está lo positivo", mientras re- serva a la revista lo negativo. En relación a Sur afirma que la reper- cusión del 35° aniversario de su fundación será escasa porque "sólo expresa a un reducido sector de lo argentino"y agrega: "Cuando se le hizo notar a Victoria Ocampo que Sur no registra ninguna colabora- ción de Roberto Arlt, ella dijo: c No se acercó a nosotros'. Justificación horrible. ¿Acaso Virginia Woolf o Huxley, Malraux o Camus tomaron la iniciativa para ir a Sur? Y el caso de Arlt es el caso del sector más valioso de los últimos treinta años. Victoria Ocampo dice que la cali- dad fue la única discriminación a que se atuvo Sur. No es cierto, aun- que lo diga de buena fe. De buena fe puede creer que Enrique Pezzo- ni, digamos, es un valor de la literatura argentina [ se trata del secretario de redacción de Sur] . Con la misma buena fe, seguro que nunca oyó nombrar a Salvador Irigoyen o Amaro Villanueva [ ...] . Arlt no se acercó, pero ¿qué les pasó a algunos que sí se acercaron? El novelista Roger Plá envié hace años un ensayo a Sur por correo. El ensayo apareció y Plá llamó por teléfono a Sur. Lo atendió el secreta- rio de redacción quien lo felicitó en francés por su trabajo. Cuando Plá 67 logró detener esa euforia y pudo por fin explicar que había un error, que él sólo era un escritor argentino, la cordialidad del otro lado del tubo se apagó y Roger Plá nunca pudo volver a colaborar en Sur. Eso, que parece inventado, ocurrió y explica por qué si el aniversario de Sur puede ser o parecer una fiesta cultural, el sector más amplio de nuestra literatura sólo puede mirarlo como una fiesta ajena". En cam- bio, al referirse a Victoria, Verbitsky la realza como ensayista: "Cuan- do ella escribe sobre Shakespeare o sobre árboles, vibra su afán de co- municación humana". Y en ese tren de rescatar a la escritora, sostiene: "Son injustas las palabras de Jauretche sobre Victoria Ocampo. Insis- te en juzgar la figura social. Pero ella es, sobre todo, una escritora. Y escribe admirablemente, en un castellano nuestro muy parecido, justa- mente, al de Jauretche. Los dos se expresan en jugoso idioma coloquial, un poco a la que te criaste y un mucho volcando todo el peso de una poderosa personalidad". * * * Al número siguiente, Confirmado publica una carta de Victo- ria Ocampo en la cual intenta levantar los cargos dirigidos contra Sur aduciendo por ejemplo, quejamos Sur tuvo un secretario de redacción francés. (A esto le contesta el mismo Verbitsky que él no ha dicho eso si- no que ese secretario de redacción habló con Plá en francés, a pesar de ser argentinos los dos, tanto Plá como el secretario de redacción.) En esta carta, Victoria Ocampo le agradece a Verbitsky que "piense usted que las palabras de Jauretche (a quien no conozco) son injustas". En la misma página, se publica la siguiente carta de Arturo Jauretche: Señor Director: He leído la nota de mi querido amigo Bernardo Ver- bitsky sobre el aniversario deSur y quisiera hacerle llegar estas palabras. Debo agradecerle, en primer término, los juicios de- masiado amables que hace sobre mi idioma coloquial. Y tam- bién el parangonarme literariamente a figura tan prestigiosa como Victoria Ocampo. 68 Usted sabe que esto de ser literato nunca ha estado en mis papeles, y si en algo lo soy, me viene de no haberlo pre- visto. Pero ahora tengo que recriminarle una injusticia y es el haber dicho en ese artículo que "son injustas las palabras de J auretche sobre Victoria Ocampo". Me entra curiosidad por saber cuáles son esas palabras, porque lo que llevo dicho de doña Victoria Ocampo es preci- samente lo que usted dice de ella en el artículo, con mejor acierto que yo. Se refiere siempre a su desconexión con este país y casi diría, con el mundo de la realidad. Por eso supon- go que usted se informó en una pequeña notita aparecida tam- bién enConfirmado y en un número anterior, donde se habla de la aparición de un próximo libro sobre "el medio pelo" en la sociedad argentina y se hace una referencia a Beatriz Guido y a doña Victoria. Cuando se habla de "medio pelo", es evidente que Bea- triz Guido está en su salsa y desde ya le anticipo que hay un ca- pítulo que se titula "Una escritora de medio pelo para lectores de medio pelo". Pero socialmente sería un disparate conside- rar de medio pelo a Victoria Ocampo, que desde ese punto de vista tiene pelo de invierno y del mejor. Además, nunca incu- rriría en\&gaffe de poner en la misma línea a una marginal de la literatura como la señora Guido, lamentable "subproducto de la alfabetización" con la señora Ocampo, que "está en la po- mada", aunque no sea de la nuestra y por derecho propio. En Filo, contrafilo y punta figura un artículo periodístico que titulé "Analfas y snobs en la 'intelligentzia' argentina" y en el que intento una defensa de Victoria Ocampo a raíz de la pu- blicación de sus memorias en la revistaLife. Le transcribo al- go: "Después de haber leído las memorias compruebo que do- ña Victoria es la mujer que no tuvo infancia y su snobismo es más bien mérito que pecado. Cuando pienso que a las siete de la mañana la "agarraba" la "fraulein" por su cuenta durante dos horas para hacerla teclear sobre el piano, que a las nueve la agarraba la "miss" y a las once la "mademoiselle" creo que es más dulce, o por lo menos más infancia, la de una fabrique- 69 ra. Y cuando recuerdo que en esas condiciones la empaqueta- ron y mandaron a París por toda la adolescencia, ya no queda nada que decir sobre el desarraigo de doña Victoria que le sea imputable. Y viene en cambio a cuenta el mérito: haber supe- rado la gazmoñerí a ambiente y el haberse largado con formi- dable impulso a una obra de cultura excepcional, si se mira en- tre la gente de su clase. Doña Victoria trató de servir al país y si lo ha perjudicado eso no ha estado en su empeño: hizo lo que ella podí a hacer y que de ninguna manera podí a ser de otro modo". Esa explicación es válida para Victoria Ocampo y hasta para Borges pero no para sus imitadores: ¿Qué fortuna, qué institutrices, qué colegios, qué países extranjeros o que l i - mitaciones físicas, como en Borges, han influido en la postura de todos estos hijos de taños, gallegos, vascos, turcos, judí os y criollos secos, que se amontonaron en la SADE, enSur y enLa Nación de los domingos, practicando un snobismo de pega? ¿Alumnos de la escuela pública, merodeadores del cajón del almacén paterno, puntos de la barra de la esquina en la niñez, o lanceros de un "número a la cabeza o a los veinte", centine- las de un pocilio de café para hacer la tarde, gacetilleros de no- tas policiales, estudiantes de pensión barata, farrista de café con leche y ensaimada, de bar automático o de pizzería en la adolescencia? Esto sí es medio pelo. No por su origen, sí en cuanto niegan precisamente su origen para aparecer con pelo de invierno. Aclarada mi "injusticia" lo abrazo, reiterándol e las gracias por el buen recuerdo. Arturo J auretche (Confirmado, 26/6/1966.) 70 ¿VOS TAMBIEN CON LA YU JULIÁN CENTEYA? El distanciamiento de las "élites intelectuales" respecto a las lu- chas y dolores de nuestro pueblo se constata en la escasa producción li- teraria de contenido nacional en la época del 30, precisamente cuan- do hace crisis la estructura económica de la Vieja Argentina. Mientras cunde la desocupación, el hambre y la tuberculosis, Victoria Ocampo edita Sur para importar novedades europeas y Borges publica la His- toria universal de la infamiapara no testimoniar sobre la historia de la infamia nacional. Ante ese silencio por parte de los egresados de Letras, uno de los pocos poetas que penetra en la tragedia de la crisis es Enrique Santos Discépolo. Sus tangos expresan entonces —a falta de libros— el hundimiento del viejo país y su aguda sensibilidad para captar el sufrimiento colectivo lo convierte en el insólito portavoz de la protesta popular. La superestructura cultural manejada por la clase dominante intenta luego idealizar aquella época —"los tiempos de la República", según Pinedo— y pretende explicar esos tangos argumentando que Discépolo era un hombre triste. Pero el cese de su producción tangue- ra en la posguerra y su adhesión al peronismo completan una correla- ción muy difícil de escamotear: tangos amargos en el treinta, comenta- rios políticos fervorosos en el 51, muestran la consecuencia del poeta, siempre junto al pueblo, antes en su tristeza; después, en su alegría. Débil resulta pues la trampa organizada por la "colonización pe- dagógica" y contra ella se levanta en 1967 quien compagina estas po- lémicas publicando Discépolo y su época, donde valora tanto la po- esía discepoleana de la Década Infame como la alborozada adhesión de "Mordisquito" a la Revolución Nacional iniciada el 17 de octubre del 71 45. Poco tiempo después, Julián Centeya —quien conocía ese libro— dicta varias conferencias en un teatro céntrico abordando a Discépolo en sus distintas facetas, pero omitiendo toda referencia a sus definicio- nes políticas. Y ese silencio cómplice provoca una aguda crítica de Ar- turo Jauretche. sfc áf> Para evaluar la importancia de la actitud de Centeya —y de la consiguiente crítica de Jauretche— es necesario acercarse a la obra y a la personalidad del autor de La musa mistonga, tarea difícil aún no acometida y de la cual sólo se pretenden ofrecer aquí algunas "puntas". La poesía de Amleto Vergiatti, conocido públicamente como Ju- lián Centeya, es despareja e insólita como él mismo. Cultivador del lunfardo, produjo sonetos sin vuelo, simples glosas o acuarelas de oca- sión, pero también enhebró singulares poemas surrealistas o versos de profunda inquietud existencial. El autor de La balada de la enfer- merí a de San J aimelo es también de Entre prostitutas y ladrones y el que exalta a Aníbal Troilo por haberlo frecuentado "con luz de pu- cho y copa levantada I en el boliche aquel de la cortada I tan cordial y tan nuestro como el queco", es el mismo que se tutea con Rimbaud, es "fanático de Gorki" o le canta al "hambre de César Vallejo". Es el pe- riodista sin un mango, que se "amasija" en frenéticas curdas y borro- nea mecánicamente carillas para la revista escandalosa o la crónica roja del diario sensacionalista, pero que de pronto emerge para decir: "Hay que demostrar de una vez por todas que existe una literatura na- cional" y lanza certeramente estos nombres: Roberto Arlt, Nicolás Olí- vari, Homero Manzi, Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, Mace- donio Fernández. Si la poemática argentina puede dividirse entre el arte preciosista vacío de realidad nacional y los versos formalmente modestos que recogen la anécdota popular, Centeya transita un cami- no intermedio: su fidelidad a la verdad de la calle no impide sus di- vagaciones sartreanas y a su vez, el argot reo y presidiario del bajo fon- do le sirven para transmitir una auténtica emoción generalmente ausente en los puristas tipo Borges. Algún día se analizará con justi- cia la obra de Centeya y se incorporarán entonces al semidesierto Olim- po nacional aquellos de sus mejores poemas: "Mi viejo" ("Vino en un 72 Conté Rosso. Fue un espiro / Tres hijos, la mujer, a más un perro / Co- mo un tungo tenaz cinchó de tiro / Todo se lo aguantó: hasta el destie- rro /...i Qué mundo habrá encontrado en su apolillo / Si es que hay un mundo pa los que se plantan? I Quizás el cuore suyo se hizo grillo /y su mano cordial es una planta"), "El punga" ("Pinchó / Se lomó el pi- ro I quedó igual como si nunca hubiera sido... / Podía llover y un vó- mito de cielo sacudir un árbol / empavurar un perro I amasijar una rosa Iy que el miedo se persignara / A él tanto le daba... / Le batían el flaco y era punga / Cuando lo vieron así, de última / Indiferente, / Cuando ni hacía sombra / Se dijeron: ¿De qué valió que la supiera lunga? I ...La muerte lo pungueó en el conventillo / Quedó en el pa- tio de la crispada zurda / Venía de lejos el canto de los grillos / Y en- traba el taño Yacumín en curda), "Deschave" ("La vida fue pa 1 ellos estrafute / cinchar y malvivir, duro programa / El destino jugó de fa- rabute /y la miseria cruel se mandó el tute / ¿Me vas a hablar a mí de cinerama? / ...Lo más blando que hallé fue como roca / y tengo el cuo- re en venta de corrido / ¡Qué te habrá de importar lo que he sufrido! / Nos vamos a entender: ¡Paga una copa!). Se reparará entonces en su capacidad para recrear esos atarde- ceres de "lonjeados cielos" con "chiquitines descalzos y perros vaga- bundos" o esas medianoches con "cafetines humosos y citas de portón". Y se desmenuzará atentamente ese himno a la frustración argentina, escéptico y aniquilador, estremecedor y doliente: "Atorro". Dejando esa tarea para los que vendrán, anotemos aquí una visión sociológica de los poemas de Centeya que hace directamente a la crítica de Jauretche. Julián es un hombre marcado indeleblemente por la Década Infame y el submundo social que ocupa la escena de los años treinta se sobrevi- ve en sus versos muchos años después. "Trepando a Boedo desde el fondo de Chiclana" o desde su café "de recalada" en Roca y Lafuen- te, Centeya es testigo de una sociedad que se desmorona, que se hunde irremisiblemente, pero su testimonio difiere del de Discépolo, el otro gran testigo de la crisis. Mientras Discépolo expresa la amargura del pueblo hambreado que anhela el cambio y por eso se transmuta luego en el Mordisquito del 50, Centeya grita la frustración del marginado, el resentimiento, el escepticismo y la protesta individual del lumpen, ese lumpen que abomina de los propietarios pero rechaza también a la 73 multitud que protagoniza importantes transformaciones. En Discépolo es el desocupado que "se raja los tamangos buscando ese mango que lo haga morfar". En Centeya es el "cafiolo" que "faja" a la puta porque le trajo pocas "latas", es el "punga" que jamás "taburó" y que hace de "vez en cuando alguna levantada", es el "yiro que revolea la c... ala marchanla", el que se "quedó con un vuelto", el escruchante, el reo, la madama. En fin, es el submundo sórdido, con su filosofía reacciona- ria —individualista y escéplica—para el cual la clase obrera es la "gi- lada" porque labura todos los días. De ahí la indiferencia de Centeya ante una eclosión popular como la del 45 y de ahí su silenciamiento del Discépolo-Mordisquito. Y de ahí también Jauretche saliéndole al paso para decirle: "¿Vos también, J ul ián Centeya?". Hace unos días leí un libro que firma un mozo Norberto Galasso. Su título: Discépolo y su época. Al mismo tiempo leí en un diario que J ul ián Centeya hablaría en el teatro "Corrien- tes" sobre el mismo tema. Antes de ir, le eché un vistazo al l i - bro y apunté una observación que hace sobre los comentaris- tas de Discepolín, que parece se empeñaran en ocultar una cara del mismo, aquella alegre de la fe y el entusiasmo para in- cidir solamente en la amargura y el escepticismo que los tan- gos, a brochazo limpio, recogen, menos que como amargura propia, como un largo y duro mensaje de la vida de los porte- ños de abajo. Fui al "Corrientes" y J ul ián Centeya estuvo como siem- pre. O mejor todavía. El personaje que hace —porque lo ha- ce— en su lunfardo (disimulo de una erudición que gusta dis- frazar en el "vesre") sólo tiene un defecto y lo tuvo esta vez a la enésima potencia. Abusa del ingenio, porque anonada, apa- bulla, no nos da tiempo a pensar la frase y la expresión inge- niosa, a nosotros, los del público, que somos más lerdos que su facundia creadora. Es un humor "a chorro" para los que an- damos en el cuatrimotor creyendo andar ligero. Le mete y le mete; apila como ovejas puerteando el corral. Y así, las ovejas se pisan, se aplastan, no dan todo lo que tienen que dar;»para 74 más el oyente, que viene corriendo atrás, tiene que ir sacando de la pata sin elegir. Muchas veces se pierde lo mejor por lo bueno y hay un peligro también en ese prodigar encimado, que es el descubrimiento del resorte —como la trampa del prestidigitador— por exceso de abundancia. Y esto del humor pierde su gracia cuando el resorte está a la vista. No voy a hacer una crónica. Quiero recordar solamente aquella vez que dijo que Discepolín decidió suicidarse con su primer amor, tirándose al río. Discepolín la esperó en la Cos- tanera. Llovía torrencialmente y el retraso se hizo largo, hasta que apareció por fin la presunta suicida y ¡de paraguas! Disce- polín frustrado, le dijo entonces: "Anda, anda. ¡Viví...!". ¿Humor de Discépolo, humor de Centeya? No importa, porque proviene de la misma vertiente de gracia popular. Po- drí a ser también de Macedonio Fernández. Apl audí a rabiar y sigo aplaudiendo. Pero lo que había le- ído en el libro de Galasso me tocó entonces. ¿Y Mordisquito? Recordé lo que ese autor dice sobre el trabajo de Luis Adolfo Sierra y Horacio Arturo Ferrer, titulado Discepolín, el hombre de Corrientes y Esmeralda, que hurtan la otra cara de Discépolo, que es otra cara de Buenos Aires en otro momento: el 'Mor- disquito' de Discepolín. Porque Discépolo tiene dos imágenes: la de antes del 45 y la de después. Galasso dice que estos autores no presentan esa cara de Discépolo por motivos políticos. Y ha de ser así no más. ¿Pero vos, Centeya? ¿Vos también te complicas? No me digas que sos gorila... por favor. No me digas que estás enton- gado con los que hacen la historia a medias. Porque a vos, J u- lián, te acepto hasta metiendo un paco, y hasta la ferramentu- sa, pero no metiendo la ferramentusa y el paco en la historia y nada menos que en la de Discepolín. También se mete el paco y la ferramentusa por omisión. ¿No me digas que habiendo abierto el lenguaje tan ancho, te has dejado prohibir el tema? ¿Quién mejor que vos sabe eso que todos los días dicen los que se creen críticos de letras y es que el poeta se expresa por el común, por todos? ¿Cómo, entonces, no vincular la te- 75 mática y la filosofía de Discépolo con la filosofía y la temática del pueblo que expresa? ¿No te diste cuenta que el Discépolo deYira, yira y Cambalache es el Discépolo de la Década Infame? ¿Y que el Discépolo de "Mordisquito" es el Discépolo de un pueblo que entró en otra vida, saliendo de la amargura y la desesperanza deCambalache y Yira, yira? ¿Comprendes que en Discépolo, expresión de ese Buenos Aires que canta, el perso- naje cambió de actitud con el cambio de actitud del pueblo que expresaba? ¿Vos también has entrado, J ulián Centeya, y te has pues- to del lado de la yuta, esa yuta de la SADE, deLa Nación, que odia al Discépolo de "Mordisquito"? ¿No sabes que es la poli- cía de laintelligentzia la que ha prohibido al Discepolín que es- tuvo, como Manzi, como Vacarezza, donde había que estar cuando el pueblo cantaba alegremente porque la vida lo sentó en su banquete después de ser durante largos años, como vos dijiste, no el perro detrás del hueso, sino el hueso detrás del perro? A vos, menos que nadie, te podemos permitir que te compliques con ese silencio tramposo impuesto por la yuta de los intelectuales prolijamente numeraditos y premiados. Fija- te, J ul ián Centeya, en lo que decía Discepolín a su "Mordis- quito": "Mira, Mordisquito, todo se ha movido en el mundo. Nada está en su sitio. Estás asistiendo al momento más dra- mático de la historia del hombre civilizado. Asistís al fracaso de todos los sistemas". (Mira si será grande Discepolín: leéte la Populorum Progressio.) Seguilo a Discepolín: "En tu país se está produciendo la revolución más sensata de que se tenga memoria. Una revolu- ción como la presente con la que se ha dado tanta felicidad a un pueblo con tan poco de dolor". Fijate en lo que dice Mor- disquito: "El día que me entiendas te vas a entristecer de ha- ber tardado tanto". (Ahora, digo yo, han entendido tantos que no puedo creer que vos no entiendas, Centeya.) Habla Discepolín: "Porque me vas a seguir escuchando, Mordisquito. Cada vez con menos rabia vas a seguir escuchán- 76 dome. Y voy a estar en el grillo de tus noches. En la canilla que gotea. En el ropero que cruje a media noche. En el humo final del pucho que apretás rabioso contra el cenicero. En el chás- chás del zinc cuando llueve. En todos los pequeños ruidos de la obsesión, allí voy a estar yo, Mordisquito, con mi voz de gri- llo, persiguiéndote, persuadiéndote". Fijate, J ul ián Centeya, lo que dijo para todos, para que sigamos oyéndolo y no tapemos su vocecita: "Aunque me mar- che, sé que seguirás oyéndome. Como el grillo, Mordisquito". ¿No sabes, Centeya, que ese grillo sigue oyéndose y que todo el país lo entiende ya? Como lo entienden hasta los fu- bistas, esos muchachos que por quererla perfecta, la consi- guieron mala. ¿Te acordás lo del arpa? Así la contó Discepolín: "—Fuimos Pepe y yo al circo. Y empezó el número de un equilibrista. Se subía a una escalera de punta, y al llegar allá arriba poní a un banquito y encima un tarro de yerba. Después del tarro, un asiento de bicicleta. Allí se sentaba él y mientras la escalera daba vueltas sobre ella misma, este bárbaro hacía juegos malabares con tres botellas en las manos... Con los dos pies tocaba el arpa y claro, todos aplaudimos como locos. ¡Fi- jate! Un número estupendo... Pero Pepe movió la cabeza des- deñándol o. ¿Y sabes qué dijo? 'Sí, bueno... pero el arpa no la toca bien'. "—¿Y qué querías? ¿Un concierto de la Wagneriana?" Bueno, está bien que los músicos, muy exigentes todavía, no estén conformes. Pero vos no sos músico, Centeya; sos un hombre del montón, de esa gente cuyos estados de ánimo in- terpretaba el poeta, según como a ellos, los de la multitud, les iba en el baile. ¡No, J ul ián! Yo prefiero creer que te olvidaste de la otra cara de Discepolín, esa que también tuvieron Manzi y Vaca- rezza en su hora. Por eso te advierto que sin saberlo, con un olvido, has facilitado a la yuta intelectual, a la que desde el 77 principio de la historia, presenta el sol como sombra y la som- bra como sol. Otra vez, Centeya, tenes que darnos a Discepolín com- pleto, con todas sus caras, que son las dos que tuvieron los por- teños de abajo, según les fue en el baile. Discépolo, el triste y el alegre, fue el poeta de Buenos Aires. No te compliques con los que le roban los caballos a la baraja para copar las sotas. Hay que poner las cuarenta en la carpeta. Habrá sido sin querer, pero estamos tan quemados, que siempre miramos los dedos del tallador. No he visto nada en- tre ellos, tal vez te dieron el mazo y no contaste las cartas. Revisa el mazo antes de tenderlo en la carpeta. ¡Vamos, J ul ián Centeya! ¿Te lo tengo que decir, a vos, que sos flor de "orre", yo, que apenas soy un gil avivado...? (La Hipotenusa, mayo de 1967.) 78 " QU E AL SALIR, SALGA CORTANDO..." Una polémi ca contada por el propi o Jauretche Fue en una mesa redonda televisada y se motivó en el apasionado papismo de un socialista democrático. Es un tal Arrausi, que dragonea de secretario del Sindi- cato de Viajantes de Comercio. (Que dragonea digo, porque el tal sindicato forma parte de los "32 gremios democráticos", que no está aclarado si son 32 como en la ruleta o 3 y 2 como en las carreras, número no muy verificable después del próxi- mo agosto dada la edad de sus jubilados componentes, en el impresumible caso de su existencia corpórea.) Excuso decir que el tal Arrausi había hecho previamente las rituales afirmaciones sobre su debilidad oratoria, por tra- tarse de "un obrero que habla sólo con el corazón" y que en "sus callosas manos" no tiene los recursos retóricos de "los que no son proletarios". Esto, además de ritual, es coquetería. Cualquier dirigen- te gremial ha participado en un solo perí odo de actuación en más congresos, asambleas, reuniones y deliberaciones que el más experto parlamentario. Ha practicado el arte de la discu- sión, el manejo del derecho parlamentario y el reglamento, la ejercitación de la réplica o la interrupción rápida, el cómputo mental anticipado de la votación posible y los recursos para ce- rrar el debate o para introducir mociones dentro de mociones, o para desviarlo, con más frecuencia que el más veterano pro- fesor, literato, abogado o lo que sea. Y es uno de esos recursos, éste, de hacerse el infeliz, presentándose "a puro corazón" y 79 sin la aptitud oratoria de los que han podido estudiar y no tie- nen "las manos callosas del obrero". En esta ocasión, el señor Arrausi exhibió sus manos "ca- llosas" de viajante de comercio en la primera interrupción que me hizo y que paso por alto, previa a la que vino después. Pu- de decirle entonces que el trabajo de viajante de comercio no requiere más labor manual que llenar boletas, pues es típica- mente un trabajo intelectual: convencer al cliente. Por lo que a mí se refiere me sería mucho más difícil vender un par de medias o una bicicleta que escribir un artículo, pero como tra- bajo manual escribir un artículo es mucho mayor que llenar una boleta. Pero el señor Arrausi —perdón, el compañero Arrausi— tiene las manos callosas, según dice y yo no, cosa que debo atribuir al lápiz del viajante de comercio. (Quizás como es secretario de un sindicato de "los 32" debe fatigarse llenan- do registros y votos de hipotéticos asociados y de ahí los callos.) Ruego al lector que me perdone esta introducción pero ella me es necesaria porque el tema en que voy a entrar es es- cabroso, si no para los católicos que me van a leer, para los ate- os que vigilan mi ortodoxia, como se verá. El episodio ocurrió hacia mediados de abril del corrien- te año en el Canal 2. Se realizaba una mesa redonda sobre la encíclica. En la rueda, viniendo de izquierda y ya en segunda vuelta de exposiciones, había hablado un sacerdote, el padre Ferri, director del Seminario Teológico San Miguel; luego el doctor Tami, católico militante, ex presidente del Banco Cen- tral, y cuando me llegó el turno, empecé diciendo que yo me iba a ocupar del aspecto de la encíclica vinculado con la políti- ca de la Iglesia. "Si bien el objeto último de la Iglesia es la Ciudad Celes- te —dije—, ésta tiene que cumplir su misión en la Tierra, en la Ciudad Terrena, que es donde ejerce su apostolado. Se pro- pone salvar para el cielo, pero ayuda a salvar en la Tierra y en la Tierra tiene que vivir. "Vivir en la Tierra significa con-vivir y convivir significa una política que tiene que practicarse entre las políticas de la 80 Tierra, es decir, de los agrupamientos humanos en rcí^stro caso y hoy, los Estados y su estructura institucional ec y social. \L ^ % „ % Como institución política, la Iglesia es la ma^jeja del mundo y en poco tiempo más ha de cumplir 20 siglo§S3fog^a^ cindiendo de la sabiduría eterna que se le supone, tiene una sabiduría política terrena, hija de una larga experiencia, la más larga de todas." (Aquí pude acotar, usando mi Martín Fie- rro, aquello de que "el diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo", seguramente válido para los representantes de Dios. Pero no lo hice, no fuera a meterme en teología en pre- sencia de un teólogo como el padre Ferri que lo es con toda la barba, aunque no la use. Y perdónese la digresión.) Entraba así al tema, y continué diciendo: "La Iglesia se encuentra en presencia de un mundo que ya no se conforma a las estructuras capitalistas y colonialistas heredadas del siglo XI X. Ve con toda claridad el cambio y ha llegado a la convicción de que es inevitable. "Con prescindencia de las razones espirituales que aquí se han expuesto, es natural que la Iglesia se ponga en la línea del cambio desde que éste es inevitable. Debe hacerlo por esa misma necesidad de convivir con el mundo presente y futuro y con la estructura de la sociedad en la cual debe ejercer su apostolado. La Iglesia ha convivido con el I mperio Romano, con el feudalismo, con el capitalismo y deberá convivir con la sociedad que viene. Toma la posición de ésta porque su sabi- durí a política terrena la guía para adelantarse a los tiempos, para no quedarse atrás. Cualquiera sean las razones de orden moral, filosófico o teológico que inspiran la anterior encíclica Mater et Magistra o éstaPopulorum Progressio hay razones de or- den político, vinculadas a lo que se dijo al principio —el ne- cesario ejercicio del apostolado— que la llevan a adecuarse al mundo que nace y a condenar las formas que se le oponen del mundo que perece, pues la misión de la Iglesia en la Tie- rra es estar presente cualesquiera sean las circunstancias, con la palabra divina. 81 "Con esto pretendo —continué— añadir un aspecto pro- gramático del contenido de las encíclicas que se vincula con la oportunidad histórica en que ellas se producen: la Iglesia jue- ga al cambio porque ya sabe que estamos en el cambio. "Yo diría —comenté entonces— que para un buen juga- dor no hay duda de este cambio cuando el jugador que tiene más larga experiencia histórica y que mide el tiempo del mun- do, este mundo, con el mejor reloj, juega al cambio". Y aquí se produjo el episodio que me impidió continuar. "—¡Usted no tiene derecho a minimizar la actitud de su Santidad envolviéndola en un sucio cálculo político!" La interrupción combinaba el ácido acento parlamenta- rio de don Nicolás Repetto inculcado en los ferméntanos so- cialistas democráticos y las admoniciones del presbí tero Castro Barros. Me pareció destinada a agregar una prueba más de la efi- cacia de la encíclicaPopulorum Progressio. Pensé en un momen- to: "He aquí un hijo de Belial, un agnóstico convertido al que le toca amparar a Su Santidad con ésa su poderosa fe de con- verso". Conozco de sobra el entusiasmo de los neófitos y no po- día chocarme ese violento e inesperado papismo. Pero miré a mi izquierda —los creyentes estaban a la izquierda en esa me- sa— y percibí que ni el teólogo ni el católico militante aproba- ban al viajante de comercio, en su sagrada indignación. Se me ocurrió señalarlo y le dije al tal Arrausi : "Es cu- rioso que ni el sacerdote ni el creyente hayan visto agresión a su Santidad y que el que me ataca tan violentamente impu- tándome un propósito minimizado respecto del Papa, sea un creyente en Norteamérico Ghioldi". La reacción del tal Arrausi mostró la cola del diablo. Me gritó: "¡Nazi!". Y esto provocó a su vez una reacción mía que evidentemente salió de las formas parlamentarias y pacíficas enseñadas en los ferméntanos, constituyendo uno de los sketchs más movidos de la televisión de los últimos tiempos. 82 Olvidado ya de su papismo, el tal Arrausi apeló a su buen Sar- miento retirándose al grito de "Las ideas no se matan...". - * * * Hasta aquí Jauretche. Ahora va la siguiente notita publicada por la revista humorística Hipotenusa, de mayo de 1967: "La teleplatea del Canal 2 no habla de otra cosa desde hace va- rios días. En una mesa redonda de lo más heterogénea, se enfrentaron "a los palabrazos" —como dicen los chilenos— don Arturo Jauretche y un tal Arrausi, dirigente de los "32 Gremios democráticos". Jauret- che, al parecer molesto por expresiones al parecer agraviantes del ig- noto Arrausi, no se conformó con remitirlo a sus ancestros; con gesto de gaucho malo —por el contrario es un gaucho buenazo y necesario— sacó un cuchillito que habitualmente usa para cortar achuras vacunas y ovinas y corrió al ofensor por todo el canal. Las últimas noticias so- bre Arrausi lo ubicaban en Pehuajó, a la carrera, exclamando sin ce- sar: £ ¡Con la ropa no se juega!'". 83 " LA FALSA OPCI ON DE LOS COLONIALISMOS" Contestaci ón a Bruno Genta Uno de los rasgos más nítidos del gobierno de los militares triunfantes en junio de 1943 es la presencia del nacionalismo reac- cionario en el campo de la cultura. Y en este sentido, nada resulta más simbólico que la designación de Giordano Bruno Genta —el 28 de ju- lio de 1943— como interventor de la Universidad Nacional del Li- toral. El 2 de agosto, Genta asume su cargo y expresa que "la Uni- versidad, atacada en sus verdaderos fines, se ha convertido enfoco de prédica extremista y que la injerencia estudiantil en ella, ha llegado a ser decisiva respecto de todas las resoluciones". Señala además "que los demagogos de la cultura buscaron el apoyo de los estudiantes de- gradando la dignidad de los altos estudios y fomentando las bajas pa- siones y los intereses mezquinos". Pocas semanas después, con motivo de cumplirse un nuevo aniversario de la muerte del general José de San Martín, el interventor Genta aprovecha para lanzar a los estu- diantes una especie de discurso-manifiesto acerca de la misión de la Universidad. En esa oportunidad sostiene, entre otras cosas: "[ ...] El magisterio del héroe constituye el fundamento de la ver- dadera pedagogía nacional y no el cúmulo de ideologías pedagógicas de importación que ensayamos sin piedad sobre nuestros niños y nues- tros jóvenes, a costa siempre del alma argentina y siempre en contra del espíritu heredado de nuestra estirpe romana e hispánica. "[ ...] El problema de la Universidad argentina se plantea deci- sivamente en la oposición entre antiguos y modernos. La generación 85 del 80 instituyó el régimen educativo oficial todavía vigente. La orien- tación modernista, liberal, utilitaria y cosmopolita que prevaleció en tan importante momento, ha determinado la mentalidad de las gene- raciones sucesivas, principalmente de la clase dirigente, gobernantes, magistrados, educadores, profesionales, etc. El mismo espíritu, ética- mente indiferente, contrario a las tradiciones espirituales de nuestro pueblo y al sentido ascético y heroico de la vida que caracterizó a las generaciones de la Independencia y de las Guerras Civiles argentinas, informa todos los grados de la enseñanza oficial aunque no se haya elaborado un sistema orgánico de educación. Esta contradicción del pasado se impuso por un error de perspectiva que representaba el pro- ceso histórico nacional, según el esquema positivista de la oposición dialéctica entre una supuesta época primitiva, bárbara, guerrera, au- toritaria y la nueva época científica, comercial, pacífica y progresiva que se abría como el futuro inmediato de la Patria. De tal modo que la preparación del ciudadano argentino para esa nueva vida, se hizo en la negación radical del pasado, sobre la base de un ficticio hombre eco- nómico y del ideal burgués de la vida fácil. "Respecto de la enseñanza superior, esta voluntad modernista se tradujo en el lema siguiente: 'Hay que desaristotelizar la Universidad 7 . Esto significa la eliminación de la metafísica de la vida política de la Nación, como una consecuencia de la disminución de la inteligencia y de las verdades que ella puede conocer. Desaparece el espíritu que re- flexiona sobre la esencia y el fin último de la existencia [ ...] La única ciencia legítima es la que se funda en el cálculo y en la experimenta- ción. El hombre ya no posee la inteligencia, en primer término, para conocer y dar testimonio de Dios, así como de la excelencia propia de cada cosa; ha degradado en mero instrumento biológico para obtener conocimientos útiles, verdades de uso. El hombre pierde el sentido de la realidad y se convierte en la medida arbitraria de todas las cosas. Se quiebra la unidad del espíritu y de la vida y este desorden intelectual y moral compromete la existencia misma de la Universidad. "Desterrar a Aristóteles de la Universidad es privarla de unidad, de universalidad, de proporción; significa arrancarla de su realidad histórica, una tradición de cultura ecuménica y de vida nacional que es su tierra nutricia y el necesario sostén. 86 "[ ...] Aristóteles es el primado de la inteligencia sobre la volun- tad y el recto ejercicio de la inteligencia en los diversos grados del sa- ber que se conciertan jerárquicamente en uno primero y principal: la filosofía o metafísica [ ...] El humanismo clásico es la disciplina de la inteligencia y de la voluntad que se edifica sobre lo eterno del hombre; constituye el tesoro de la cultura greco-romana-cristiana a la cual te- nemos el privilegio de pertenecer." Más adelante, Genta analiza el Estatuto de la Universidad san- cionado en 1935 y sostiene enfervorizado: "El punto cuarto no tiene desperdicio, en cuanto se declara el pro- greso en general, del individuo en general y de la sociedad en general. Cabe preguntarse por las razones de esta ambigüedad y de esta indeter- minación, al enunciar nada menos que el sentido de la Universidad. Es el ideal democrático, como se complacen en repetir sus voceros; pero se trata de una democracia igualitaria, intelectualista, abstracta, realiza- da como igualdad de participación en un mundo de bienes socializados. "Aristóteles distingue en la Política cinco especies de democra- cias: cuatro legítimas y auténticas y una que es ilegítima, corrompida y demagógica. En esta última especie, no impera la ley estable y obje- tiva, sino ese monstruo de mil cabezas que es la multitud cuando se manifiesta como una masa indiferente y amorfa. El sueño de la de- magogia se vería cumplido en una comunidad que abarcara a la hu- manidad entera, donde las infinitas posibilidades de desarrollo se abrirían a todos los hombres sin distinción de raza, nacionalidad o credo. Un mundo sin fronteras nacionales ni grupos exclusivos, sin Dios definido ni banderas de guerra; donde todo sería común entre hombres comunes y no habría que soportar humillantes jerarquías ni voces escogidas, donde no habría que detenerse ante los límites del pu- dor ni clausuras de intimidad. Es el mundo ideal para esta Universi- dad, tal como lo significa implícitamente el título que comentamos " Frente a este modelo de Universidad democrática, Genta propo- ne: "En cambio nosotros queremos reintegrar a Aristóteles a la Uni- versidad, queremos la metafísica en la Universidad". Porque la misión de la Universidad, según Genta, es "formar continuadamente autén- ticas aristocracias de la inteligencia que aseguren junto con la existen- cia de una meditación esencial, la consagración de la idoneidad y de 87 la responsabilidad en función política [ ...] La juventud escogida que llega a sus claustros debe ser elevada al concepto y al dominio de los bienes universales de la ciencia y de la conducta, dentro de la tradición histórica nacional, a fin de que lleguen a colaborar decididamente en el mantenimiento de la unidad moral de la Patria, irradiando sobre la multitud la ejemplaridad de sus palabras y de sus hechos". Dirigiéndose a los estudiantes, agrega el interventor: "[ ...] Chesterton muestra a los jóvenes que el valor, especialmen- te en los tiempos actuales, consiste en ser partidarios del orden, porque lo verdaderamente revolucionario y renovador, por paradójico que pa- rezca es 'el orden*. Vuestra rebeldía halla así un magnifico escenario de acción: tened el valor de ser realmente revolucionarios y decid con denuedo las palabras definidas que sólo cohiben a los timoratos. Ir con- tra la corriente, contra esa fácil corriente que arrastra, es en nuestros días proclamar el orden inmutable; habrá quien os diga reaccionarios: demostradles que no os asustan los epítetos de su retórica gastada." Finalmente, dirigiéndose a los delegados interventores de las Fa- cultades, agrega: "f.J Acompañadme en la obra más alta que los intelectuales po- demos y debemos realizar La restitución de la Universidad a su senti- do nacional, a su rango clásico, a su jerarquía antigua; y la salvación de la juventud de las frivolas ideas modernas y de las desquiciadoras ideas sobre un orden social que no se estructura referido a fines tras- cendentes, sino circunscripto a los intereses individuales y a los apeti- tos más bastardos. Nosotros pensamos que el problema decisivo es el problema de la inteligencia, porque sabemos que toda revolución ne- gadora o restauradora se inicia en la inteligencia. El hombre se mue- ve por las ideas que condicionan y dirigen su acción. Aún estamos pa- deciendo el desorden de la revolución negadora cartesiana, y en el retorno a la filosofía perenne hemos de fincar los postulados de la nue- va revolución que ha sido preciso realizar para afirmar los valores eternos [ ...] El problema de la salvación del país es, principalmente, el problema de la inteligencia, porque sólo por la inteligencia conocemos los fines y somos capaces de obrar ordenados a ellos." •fc H» «i» 88 Ante esta andanada medioevalista lanzada por el interventor Genta, un grupo de estudiantes universitarios vinculados a FORJA considera imprescindible publicar una refutación y la pluma de Artu- ro Jauretche redacta entonces un documento que circulará luego pro- fusamente en los medios universitarios, en modestas copias mimeográ- ficas. Es el siguiente: La falsa opci ón de los coloni ali smos Con motivo de realizar la Universidad del Litoral un ho- menaje al Gral. San Martín, su Interventor —el profesor Gior- dano Bruno Genta— se ha expedido ante una asamblea de pro- fesores y estudiantes en el paraninfo de aquella casa de estudios, en términos que exigen a FORJ A una esencial rectificación. Expresado en el manifiesto de la Organización Universi- taria de FORJ A de jul io próximo pasado, nuestro pensamien- to en materia universitaria, toca en esta oportunidad prescin- dir de los aspectos meramente específicos, para considerar en la palabra del Interventor, aquello que hace más al destino de la Nación que al de la Universidad misma. Efectivamente, en las palabras del profesor Genta se insinúa, bajo un debate uni- versitario, una orientación sobre el sentido de la cultura ar- gentina que impone a FORJ A el deber de ratificar su convic- ción de fe en las creaciones auténticas del país. Dijo entonces el orador que "el magisterio del Héroe constituye el fundamento de la verdadera pedagogía nacio- nal", afirmación a la que adherimos sin vacilar, pero en el tex- to de la extensa disertación, esta idea no aparece desenvuelta ni vinculada con la exposición del profesor Genta, que se apo- ya exclusivamente en la posición filosófica que profesa y de ningún modo en el ejemplo humano del Libertador. Se pretende, de tal manera, hacer de aquélla la base so- bre la que asiente la nueva Universidad argentina y orientar así la cultura nacional, esforzada por liberarse no sólo del po- sitivismo, sino también del colonialismo, hacia objetivos pura- mente intelectuales, que si bien pueden tener efecto respecto 89 al primero, son en el mejor de los casos, inoperantes con res- pecto a lo segundo. Para el profesor Genta, lo esencial es devolver a la Uni- versidad su jerarquí a y señala como única posibilidad para ello, la disciplina de la inteligencia dentro de la cultura greco- romana y la restauración de Aristóteles en las aulas. No admitimos que la verdad sea patrimonio exclusivo de una determinada línea étnica o cultural y menos aún de una escuela dentro de ella. Por otra parte, aspiramos para la cul- tura argentina un destino más rico que el que pueda señalarle una sola parte de su pasado. Ciertamente, tomados uno a uno los habitantes del país y aun los ciudadanos argentinos, se podrí a decir, como el profe- sor Genta, con relativa verdad, que son de "estirpe romana e hispánica". Pero ello no sería causa para proclamar que la Na- ción Argentina es, como nación, de tal estirpe, pues ella se arraiga y nutre en todos los pueblos de diversas estirpes que han concurrido a nuestro desarrollo. Más aún, fuera del con- cepto meramente demográfico, es también justo desconocer esta aseveración, porque como nación cuyos orígenes le asig- nan una fisonomía y un destino propio, independizados no só- lo políticamente sino culturalmente de los troncos coloniales, nos iniciamos en la formación de la nueva cultura que goza de las ricas aportaciones hispánica y romana, pero no está some- tido a la necesidad de soportar las restricciones y errores que han causado la decadencia del espíritu romano e hispánico. El error del I nterventor consiste en plantear una alter- nativa entre el pensamiento liberal positivista de los políticos del 80, calco de las ideologías europeas entonces en vigencia, y el europeo del pasado virreinal, sin comprender que frente a ambas posiciones coloniales, existe una Argentina real, ame- ricana, manifestada en los hechos. Por ello, no aceptamos que el problema de la Universi- dad Argentina, se plantee decisivamente en la oposición entre antiguos y modernos. 90 Nadie se inclinará honradamente a manteneirfel infliyó'<&^\ la cultura nacional de aquella generación cuya obr^^juerí ^^d^- no, se mide en la magnitud de las afrentas impuestaH^la peP sonalidad del país —sólo comparable a la acción de l os*^^r- aU nantes del último decenio— y por la magnitud de los beneficios servidos a poderes extraños hechos entonces dominantes, del trabajo y de la tierra argentina. Eso eran como progresistas. Como liberales, los del 80 no lucharon jamás por ninguna libertad; más aún, establecieron instituciones en favor de todo lo extranjero —hombres, intereses, ideas— a título de fomento y poblamiento, pero padeciendo el error de no adoptar ni prever medidas eficaces de acrisolamiento, por lo cual ha llegado a ocu- rrir que personajes exóticos, animados de ideas exóticas, sirvien- do intereses ajenos a nuestra nacionalidad, alcancen inconcebi- bles encumbramientos y emitan sus ideas directivas y dictámenes gringos hasta desde la rectoría universitaria. Hay en la Argentina algo más que lo grecorromano y el 80. Hay un contingente que ha significado un nuevo hori- zonte espiritual a las migraciones europeas. Hay una gesta de libertad no imbuida en ninguna de las doctrinas de la vieja Europa, despertada en los cabildos, campos y montes de Sud- américa, sin doctores que explicasen sus entronques en su- puestos precursores milenarios, realizada en campañas y combates que nada tienen de común en sus móviles, sus fines y sus tácticas con las luchas europeas, proclamada en concep- tos y sellada en pactos no conocidos en las anteriores fórmu- las políticas del mundo. Tampoco es cierto que la "universidad es la escuela don- de el hombre se prepara para vivir en la libertad política". No lo es, por lo menos, entre nosotros. La Argentina no conoce cuál haya sido la Universidad que alimentara el genio revolucionario de la primera mitad del siglo XI X. Pero sí conoce a las universidades que han pro- veído la gran parte de los gobernantes del régimen y a todos los que ahora intentan someter a la juventud a las coyundas de la decadente cultura greco-romana. 91 Ni es verdad —y puede ser adul ación— que sea "el ejér- cito la escuela donde el hombre se prepara para morir en de- fensa de esa misma libertad" como dice el profesor Genta. No fueron militares de carrera, ni de oficio, los vecinos de la defensa de 1806 y 1807, ni los que pelearon y murieron en las filas de Güemes, ni López con la montonera, ni los otros caudillos federales que también fueron baluarte de la liber- tad nacional. El ejército es el pueblo armado para el cumplimiento de los fines nacionales del orden en la paz y de la defensa en la guerra. El pueblo que lo forma llega a él con el espíritu de la libertad que no se opone al de la disciplina, en cuya defensa tantas veces ha mostrado su resolución de sacrificio. Cabe al ejército como función propia la más alta de res- guardar la existencia, integridad y honor nacional, y no es ne- cesario buscarle falsos atributos para rendirle el homenaje del respeto que le deben todos los buenos argentinos. Planteo es el del expositor, por otra parte, conducente a fines divisionistas de la unidad del pueblo argentino y recí proco de un civismo que sirve a otro sector para trabajar por nuestro común debi- litamiento. Entre nosotros, el ejército no ha sido nunca esta- dio, clase, corporación o casta separada de la unidad del pue- blo argentino y sí sólo la expresión armada de éste mismo. Y precisamente porque nada tiene de greco-latino o de europeo de cualquier origen, no existe para cesarismo alguno, ni por tradición o fuero de familia, sino para salvaguardia de todos y por todos, de y para la República. No pasaremos en silencio la sugerencia de organización de castas que el I nterventor ha lanzado con no disimulada in- tención, propiciando que una "juventud escogida" ingrese a las universidades para "integrar la clase dirigente", "auténticas aristocracias de la inteligencia". Escogida. ¿Cómo? ¿Por quién? Escogida según su desnacionalización, escogida según su dese- cación en el aprendizaje de la decadencia greco-romana. Aquí no hay clase gobernante y toda la grandeza de nues- tra historia han sido las manifestaciones de voluntad popular, 52 expresadas por proceres auténticos, libres de extranjería, que amaban a la República tal cual es y aspira a ser, y no tal cual quisieran hacerla los intereses extraños. Proceres y héroes si- lenciosos, de gloria no oficial algunos, y no criados en la Uni- versidad del 80 ni en la antigua. ¡Que la cultura greco-romana salve a Europa y vengan después sus portavoces a proclamar su vigencia y su excelen- cia! Pero sueñan perdidos los que sin aquella demostración previa, se anticipan a preconizar para nuestra vida nacional lo que ya ni parece ser sino fermento de muerte. Bien está alabar a San Martín y aun proclamar que la pe- dagogía argentina es el magisterio del héroe, pero mejor será que se le conozca y reconozca, y no que se le use como pre- texto y ocasión para todos los dislates que una mente europea concibe y emite cuando se está en el caso de modelar la cultu- ra argentina. Nadie que no sea meramente un greco-romano podrá de- jar de comprender que el general San Martín, al concitar a los pueblos para organizar sus libertades, formar sus ejércitos, con- ducirlos a la victoria, proclamar y establecer sucesivamente la in- dependencia de tres repúblicas, realiza un proceso histórico, que no cabe en tradiciones ajenas a la nuestra, argentina, americana. Esta originalidad, no literaria sino política, no transitoria sino perdurable, no material sino moral, es fundamental exce- lencia y blasón de la nacionalidad. No conocemos en la historia los hechos que pudieran ser tenidos por dechados, sugestiones o ejemplos para esta con- cepción realizada en nuestra vida común con Chile y Perú, ni en sus culturas las doctrinas que le sirvieron de guía. No. Esto es algo nuevo que no sospecha la mente greco- romana del Interventor. Obras como éstas requieren verdadero amor al pueblo argentino y no se realizarán por la soberbia de los intelectua- les de oficio, como no ha podido realizarse nada por la sober- bia de los políticos de oficio. Dice el profesor Genta que "el problema de la salvación del país es principalmente el problema de la inteligencia, por- que sólo por la inteligencia conocemos los fines y somos capa- ces de obrar ordenados a ellos". Alabanza máxima al bandida- je universitario que ha traficado con todos los bienes de la Nación, formado por inteligencias conocedoras de los fines que nunca han sido capaces por la inteligencia de obrar en or- den a los fines superiores de la existencia, porque la inteligen- cia no es fuente de virtudes. Es explicable que el I nterventor, intelectual de profesión, suponga que el problema decisivo de la República es el de la inteligencia, exaltando el papel que a tales intelectuales de ofi- cio, pueda caberles en el destino nacional. Si inteligencia llaman los greco-romanos al magisterio de un intelecto superior, en verdad no se puede hacer depender de ella la salvación de la nación según se infiere del ejemplo de la propia Grecia, en que brilló la suma inteligencia y fue hecha esclava, primero de sus vicios y luego de los invasores. Y aquí , terreno más familiar para nosotros y menos co- nocido de los intelectuales greco-romanos, ¿no es la inteli- gencia lo que ha brillado en el régimen? ¿En sus católicos cul- tísimos, en sus masones cultísimos, en sus judí os cultísimos, en sus ateos cultísimos, sus mercaderes y gobernantes cultísimos? ¿Y qué han significado? Por sus frutos los conoceréis. En la ac- ción del Estado, ahí están sus leyes, decretos, sentencias, tra- tados, en que toda la justicia fue subordinada a los intereses más abyectos. En las Universidades, los textos y alecciona- mientos preparatorios de toda inmoralidad. En la vida social de las clases intelectuales, en el mejor de los casos, la indife- rencia moral. Por ello no puede pensarse en que un simple reordena- miento de lecciones de filosofía pueda resolver el problema de la salvación del país. Mas si así fuese, si la función de la docencia superior al- canzara por sí la predominante importancia atribuida, sería más urgente la remoción de quienes quieren substituir la 94 orientación extranjera de la generación liberal progresista del 80 por otra que pretende limitar las reales posibilidades de la Nación en el cuadro rígido del pasado greco-romano. El país necesita derribar las universidades sin patria y no permitir que se establezcan sobre sus ruinas, otras universida- des sin patria. Sirva esta oportunidad para que quede evitada toda po- sible confusión entre los que alientan la fe inicial de Mayo emancipador y los vergonzantes arrepentidos de la gesta ame- ricana que, con el pretexto de combatir al Régimen, esconden, bajo el aparato retórico, una simple rivalidad colonialista. * * * NOTA: Esta réplica al nacionalismo reaccionario alcanzó gran reso- nancia y provocó en los últimos días de agosto de 1943 la detención de Arturo Jauretche, como asimismo del secretario de FORJA Oscar Me- ana y del delegado universitario forjista Mario Ráscale. 5-: LA UNIDAD DEMOCRATICA DE LA CULTURA De Abelardo Ari as a Li bori o Justo El V Congreso de Escritores realizado en la ciudad de Paraná, en la primavera del año 1964, con el auspicio de la Sociedad Argen- tina de Escritores (SADE) se convierte en noticia debido a los inciden- tes provocados por la intervención del escritor santafesino Juan José Saer quien denuncia las "trenzas"y la "falta de seriedad" que son co- munes a estas reuniones de escritores. "Lo que se está haciendo aquí ca- rece de valor" protesta airadamente Saer en la mesa redonda de poe- sía. Y al día siguiente, cuando Silvina Bullrich, Abelardo Arias, Federico Peltzer, Jorgelina Loubety "Manucho" Mujica Lainez deba- ten plácidamente sobre novela, de nuevo surge la estentórea voz de Saer desde el público: "Los burguesesno pasa de ser un best sellery Bomarzo podría estar fechado en 1760". Esta intervención provoca el retiro airado de Silvina Bullrich mientras Mujica Lainez se escabu- lle y todo el Congreso se escandaliza ante este "muchachito exaltado" a quien sólo apoyan los escritores más jóvenes. El incidente es comenta- do en la revista Todo del 10 de diciembre de 1964 y, retomando allí las críticas de Saer, se vapulea a la SADE en estos términos: "Existe en el interior del país un grupo numeroso (más de 200) de buenas se- ñoras, autoras de opúsculos menores y afiliadas a la SADE (esta enti- dad exige, para admitir a un socio, solamente una publicación, del ca- libre que ella sea). Estas señoras, al parecer, responden invariablemente al oficialismo literario en las votaciones de autoridades [ ...] constitu- yendo un verdadero club de momias [ ...] Fermín Estrella Gutiérrez y Carlos Alberto Erro son los principales responsables de lo que ocurre en la SADE, y en relación a ellos, debe destacarse el peso de las seño- 97 ras gordas, pues ambos manejan esa amorfa masa literaria, la que anualmente los fija en el poder Esta crítica de Todo provoca una carta del escritor Abelardo Arias, secretario de la SADE, que aparece en el N° 14 de Todo, del 31 de diciembre de 1964. Arias sostiene, entre otras cosas, que: 1 ) "Como presidente de la mesa redonda de novela, en ningún momento limité el derecho de expresión del público, ni de Juan José Saer. Sólo traté de canalizar y ordenar la discusión, por momentos vio- lenta. Como secretario de una sociedad que ha luchado siempre por la libertad de expresión no podía obrar de otra forma." 2) "La creación del Consejo Federal Consultivo justifica a este congreso, lo que no quita que se hayan tomado otras resoluciones de im- portancia gremial, muchas con el apoyo de Leónidas Barletta." 3) "Los delegados de la Capital Federal no fueron elegidos por la Comisión Directiva de la SADE y sí por los tres sectores (izquierda, centro y derecha) en que, como es notorio, se dividen sus socios y con un porcentaje de acuerdo con los votos obtenidos en la última elección en que se presentaron las tres tendencias: 5 de izquierda, 5 de derecha y 20 de centro." 4) "Las señoras gordas' y los señoros gordos' de la SADE y de la ANTISADE deben sentirse muy orgullosos de una asociación que por su amplitud de miras permite la convivencia de escritores de las ideas políticas más dispares. Las señoras gordas de la SADE, tan in- justamente vapuleadas, tienen mayor tino que las de Francia, ponga- mos por caso, donde la conducción de la Societé des Gens de Lettres ha caído en escritores de ínfima categoría." Hasta aquí, el escándalo suscitado y la consiguiente polémica epistolar se reducen a una cuestión generacional entre ancianos so- lemnes y jóvenes belicosos o, a lo sumo, a una disputa entre el ala libe- ral conservadora —los Erro, los Estrella Gutiérrez, los "Manuchos"— y el ala constituida por stalinistas y cantaradas de ruta (con don Leó- nidas Barletta a la cabeza y el apoyo logístico de Héctor P. Agosti que años después, al igual que su cantarada de partido Raúl González Fu- ñón, serán Premios de Honor de la SADE). Por eso Arturo Jauretche considera un deber señalar cuál es el verdadero papel de la SADE en 98 la Argentina semicolonial desbaratando la falsa polémica entre la de- recha y la izquierda de la Unión Democrática de la Cultura. En To- do del 21 de enero de 1965, sostiene Jauretche: Señor Director: En el número 14 deTodo, el señor Abelardo Arias, secre- tario de la SADE, le hace una contestación de contador públi- co a un mozo Saer que parece alborotó el cotorro de untourist congreso celebrado en Paraná por la I nstitución. Parece que la cuestión versa sobre premios y su distribución y los prestigios consiguientes, todas cosas que se traducen en números. Se me ocurre que el señor Arias le pone el respectivo a Saer. De ate- nernos a la carta de Arias, la tremenda cuestión entre los lite- ratos es de la misma naturaleza que la que agita en este mo- mento a la SADAI C, donde compositores de música y letristas andan en dimes y diretes, con intervención judicial, y algunas patadas, por rendiciones de cuentas. Tal vez el señor Saer ha planteado mal la cuestión con- fundiendo la SADE que es un efecto, con la causa. Y la causa es, como en todo, la cuestión nacional que ambos soslayan. La SADE es la auténtica expresión de laintelligentzia ar- gentina; la representación oficial, en el campo literario, de la Argentina colonial perimida de hace rato en el pueblo, pero subsistente con las estructuras del viejo país que generó el sis- tema oligárquico de gobierno como garantía de la dependen- cia económica y cultural. Y lo más subsistente de este viejo pa- ís es la instrumentación publicitaria de la superestructura colonial correspondiente. La SADE no hace el prestigio del grupo que la maneja, ni distribuye los premios, ni determina quién es bueno ni quién es mal escritor. Eso lo hacen los gran- des instrumentos de publicidad que producen las consagra- ciones, colocan los personajes en el cartel, los mantienen o los destruyen, en la medida en que éstos se someten a los "tabúes impuestos y obedecen las sugestiones archisabidas sobre lo que deben pensar y decir. Y esto no ocurre sólo con los escritores. Ocurre en la ciencia, en las demás artes y hasta en el deporte. Se hace la consagración por medio de los grandes órganos de publicidad y después que el consagrado ha demostrado su domesticidad se lo utiliza para servir como "intelectual" a la difusión de las ideas que convienen para la perpetuación del viejo país. Lo mismo se consagra un Larreta que un Arias, o un Houssay en la medicina y un Gavióla en la astronomí a. Si tienen capacidad técnica, mejor, pero la verdad que lo mismo da un personaje de primera como Borges que uno de tercera como Beatriz Guido. Lo importante es que no estén ubicados en la causa na- cional y respalden con el prestigio que se les da, merecido o no en su técnica, la visión del país que esa superestructura cultu- ral quiere que el país tenga. Ni siquiera interesa, como pre- tende el señor Arias, que sean de izquierda o de derecha. Por el contrario, unos cuantos personajes de la izquierda extranje- ra permiten simular una oposición de Su Majestad Británica que hace más difícil hacer creer que la inteligencia es intelli- gentzia. En la carta del señor Arias se juega esa comedia recu- rriendo al señor Barletta y otros por el estilo. En las letras también existe la Unidad Democrática: una apariencia de posiciones opuestas, destinadas a distraer al "País-país" —como suelen decir por ahí — con divergencias te- óricas que desaparecen cada vez que se presenta en el esce- nario el "País-país" con sus actores de carne y hueso. Si nos remitimos a 1955, como a 1945, lo comprobamos de inme- diato. Pero si nos remitimos al yrigoyenismo y a la Revolución de 1930 también lo comprobamos. Como en la política, los l i - teratos consagrados se unen. También se unen en la línea Ma- yo-Caseros; contra el soldado federal, contra el peludista de gorra blanca, como contra el obrero de 1945, están automáti- camente de acuerdo, de izquierda a derecha. Es que la intelli- gentzia —y por lo mismo su expresión formal, la SADE— tie- ne unstatus vinculado a la permanencia del régimen colonial y para formar parte de esestatus hay que ser aprobado por la superestructura que la conduce. El examen se da en una con- 100 tinuada labor cuyos primeros pasos se inician miento a don Bartolo que sigue ejerciendo "el g< su versión de la Historia Argentina. (Esto tal ve; mitro-marxismo de esa izquierda que pertenece al si mismo modo que el status acepta divergencias en el carií] lítico cuando se llama "Unión Democrática" y permite la con- vivencia de comunistas, conservadores, demócrata progresis- tas, socialistas, antipersonalistas, etc., en el campo literario, para el caso de la SADE, se admite la convivencia de eso que el señor Arias llama derecha, izquierda y centro. Lo que está excluido es lo nacional, la autenticidad del país o del hombre que escribe, es decir, la libertad para llevar a la pluma lo que se piensa en cuanto lo que se piensa no se acomoda con la superestructura colonial. La izquierda del status no es peligrosa, ayuda, y a esa iz- quierda la ayuda la derecha, porque su objeto es "conservar". ¿Conservar contra qué? Contra la irrupción de las fuerzas na- cionales. Y este espíritu de conservación lo practican con todo entusiasmo los hombres del status de las letras, que saben que detrás del cabecita negra, como antes detrás de la gorra blan- ca, viene una revisión de valores que al romper el status altera las escalas ya establecidas por la superestructura colonial. Los que han aceptado ser bufones del sistema saben que las jerar- quías consagradas están ligadas a la vigencia del mismo. Como los políticos del pasado tienen conciencia clara de que el ene- migo no está en la etiqueta de al lado sino en lo que viene de abajo con el país real. Y de ahí su solidaridad en los momen- tos críticos, que es cuando hace falta. Cuando escribí Los profetas del odio tomando de bochines a algunos de estos personajes, señalé cómo su odio a lo popular y a lo nuevo era mucho mayor que el de los intereses económi- cos y políticos que servían. Es que laintelligentzia, cuando se so- mete a la función a que está sometida, tiene la misma psicolo- gía que el mucamo de casa rica. Como que no es otra cosa. Debe saber el señor Saer que la cuestión no tiene nada que ver con "pandilla" más o menos. Hay una receta para re- 101 correr el camino del triunfo literario, que es traicionarse a sí mismo traicionando al país. Entonces, si se tienen algunas ap- titudes técnicas mí nimas, se empieza por aparecer en las gace- tillas literarias; se llega después a La Nación de los domingos, de allí aSur y aainda mais, es decir, premios literarios, etc. Ha- ga méritos con la superestructura cultural del país y ella lo ha- rá literato una vez que documente que es "útil". Esto no tiene nada que ver con el arte comprometido y el no comprometido. El compromiso es el de no comprometerse con la nación real. El señor Saer es joven y no tiene por qué desanimarse en sus aspiraciones de escritor. Al país real ya no le interesan los tipos así consagrados y ahora hay definitivamente dos públi- cos. Uno es el de las "señoras gordas" y tilingos, que todavía da una mí nima apariencia de vida a los "comprometidos a no comprometerse", pero hay ya una poderosa inteligencia que se mueve por debajo del instrumental de la superestructura colonial. 3¡C 3|> 9fC Nadie aparece a la luz para defender a la SADE, pero he aquí que en Todo, del 4 de febrero, ingresa a la polémica alguien que dice compartir las críticas de Jauretche a la honorable institución aunque revela —coincidiendo entonces con los sádicos o los sadistas— un fer- voroso antiperonismo. Se trata de Liborio Justo. Hijo del general Agustín P. Justo —presidente de la Nación en el período 1932-38—, Liborio ha incursionado en los terrenos litera- rio y político. En literatura, publicó La tierra maldita)? Río abajo con el seudónimo de Lobodón Garra. En las lides políticas, después de pasar por el Partido Comunista de Codovilla, se convierte hacia 1938 en la más importante figura del trotskismo argentino. A partir de allí y durante varios años polemiza con otros grupos trotskistas planteán- doles una correcta aplicación de la teoría de la revolución permanen- te a los países atrasados y reivindicando por consiguiente, como tarea esencial, en la Argentina semicolonial, la Revolución Nacional. Mer- 102 ced a su prédica —y a través de la tesonera acción militante de Adol- fo Perelman— logra arrancar del anarquismo y traer a posiciones na- cionales a dos jóvenes que luego serán escritores conocidos: Enrique Rivera y Jorge Abelardo Ramos, quienes se incorporan transitoria- mente al Grupo Obrero Revolucionario (GOR) comandado por Libo- rio. Sin embargo, cuando las masas cubren la plaza de Mayo un 17 de octubre y llega el momento de aplicar a la política concreta el plan- teo del frente único antiimperialista que Liborio sostenía fervorosa- mente en las discusiones teóricas —y cuando algunos de sus discípulos como Perelman y Rivera sostenían desde Frente Obrero el apoyo con medios de clase—, Liborio Justo se define por el antiperonismo y aban- dona toda inquietud política durante diez años, retirándose al Ibicuy. Ante la presencia viva de la clase obrera en la calle, aquel hombre que había divulgado importantes tesis, ya no entendió más nada", dirá lue- go un ex compañero. Después del 55, retorna a la vidriera política co- mo escritor, publicando algunos ensayos históricos (en una rara sim- biosis de ultraizquierdismo y nacionalismo reaccionario) y un libro dirigido contra la memoria de su maestro de ayer: León Trotsky y Wall Street: Cómo el líder de la I V Internacional se puso al servicio del imperialismo yanqui en Méjico. Este nuevo contrin- cante de Jauretch dice ahora: "Señor Director: "He leído una extensa carta del señor A. Jauretche que usted pu- blica en el N° 16 de su revista en la que comenta una del señor A. Arias, secretario de la Sociedad Argentina de Escritores, aparecida en esas mismas páginas anteriormente. La carta del señor Jauretche coin- cide, en términos generales, con otra mía sobre tal institución, así co- mo sobre su reciente congreso, la cual usted gentilmente publicó en los últimos números del órgano que dirige. "Estoy de acuerdo con el señor Jauretche en que la SADE —de- bido al espíritu que la anima e independientemente de las personas que la dirigen, quienes pueden o no tener conciencia de ello— es una expresión de la superestructura colonial que agobia al país con su cos- mopolitismo intrascendente, obstáculo decisivo para todo intento de -:3 creación de una cultura auténticamente nacional. Creo, como el señor Jauretche, que 'hay una poderosa inteligencia argentina que se mue- ve debajo del instrumentar de esa 'superestructura colonial. Y creo que el día que ella aflore no será necesaria la intervención condes- cendiente del corresponsal de un diario con sus crónicas, según ex- presa inverosímilmente el señor Arias en su carta, para que a 'los es- critores argentinos se les reconozca durante unos días su valor social 3 , ya que ese valor lo alcanzarán por medio de su propia obra, perma- nentemente, y sin recurrir a medios tan subalternos. Estoy de acuerdo también con el señor Jauretche, cuando se refiere a la pretendida iz- quierda que recibe órdenes de Moscú y que, desde el punto de vista de la expresión de la inteligencia argentina, es tan colonial como la de- recha que las recibe de otras capitales europeas o americanas, por lo que, casi siempre, coinciden en su apreciación de los mitos de nuestra cultura oficial. "No estoy de acuerdo con el señor Jauretche cuando se refiere a 'un personaje de primera, como Borges y uno de tercera como Beatriz Guido', porque, para mí el señor Borges se mueve dentro de una cate- goría similar a la de la señora Guido. Sólo que ésta no goza de la pu- blicidad internacional que ha inflado el globo del literato al frente de la Biblioteca Nacional, haciéndolo remontar hasta Suecia, adonde re- cientemente se trasladó —mientras esa Biblioteca continúa cerrada pa- ra los estudiosos— como un postulante más al premio que allí se con- cede anualmente. Y no estoy de acuerdo tampoco con el señor Jauretche en la clase de nacionalismo que él practica, que le permite expresarse en términos muy cortantes respecto a los demás, pero que personalmen- te lo ha conducido a los dominios de la California Argentina, al 'des- arrollo' de Rogelio Frigerio o a producciones de la categoría intelectual de La razón de mi vida, firmada por una dama con la que el señor Jauretche gastó, en su momento, obsecuentes cortesías." * * * Dos números después, en Todo, del 18 de febrero de 1965, Jau- retche contesta medio en serio, medio en solfa, usando un viejo seudó- nimo suyo, Julián Barrientos: 104 Señor Director: Un señor Liborio J usto, seudónimo literario del señor Lobodón Garra —que como se sabe es hijo del presidente de la Década Infame, general Agustín P. Garra— en el número 18 de Todo comenta una carta de J auretche sobre la SADE y su función en la superestructura cultural del coloniaje, publicada en el número 16. Don Liborio J usto nos informa que está to- talmente de acuerdo con lo que dice J auretche quien "coinci- de, en términos generales, con otra mía —de don Liborio— sobre tal institución". El señor Liborio J usto pretendió, en su momento, ser el padre del trotskismo en el país y poco después escribió un libro destinado a demostrar que León Trotsky era agente de Wall Street. Con la misma consecuencia, lógica e información y ha- blando de esto de la SADE, después de demostrar su coinciden- cia, lo acusa a J auretche de la política petrolera de la California y del "desarrollismo" del señor Rogelio Frigerio, ignorando que lo de la California ocurrió tres años después de que J auretche estuviera marginado del gobierno peronista y en la situación de perseguido en que se encontraban los hombres de la adminis- tración Mercante, y también que antes de que los señores Fri- gerio y Frondizi se hicieran cargo del Gobierno, J auretche los había acusado de defraudar a sus votantes —los del segundo— porque iban a ejecutar en el gobierno un programa inverso del prometido. El hecho fue suficientemente conocido en su mo- mento, aunque más no sea porque es desusado un caso como és- te en el que uno de los factores que contribuyeron al éxito elec- toral, y J auretche fue uno de ellos, lo enfrenta justo en el momento en que se reparten los premios. Públicamente J auret- che marcó su oposición total y para ratificarla se ausentó del pa- ís por un año. El señor Liborio J usto debía saber apreciar esos disentimientos políticos, porque él los tuvo con su padre, el ge- neral Garra, y todos los recordamos, apreciando el mérito y la- mentando que no los haya tenido en materia sucesoria con los bienes habidos en esa época. Pero en la lógica de don Liborio una cosa es la política y otra, los bienes. 105 En la misma carta, el señor J usto aclara que su naciona- lismo no tiene nada que ver con el de J auretche, aclaración in- necesaria, pero que desde luego este último debe agradecer. Tampoco debe ser el mismo el gusto literario porque el señor J usto no encuentra diferencia entre la calidad literaria de Bor- ges y Beatriz Guido, que J auretche califica de primera y terce- ra, respectivamente, si es que la última entra en algún ranking. Su Majestad Británica, que parece distingue en la calidad de los cipayos, lo acaba de hacer sir a Borges, apreciándolo co- mo literato, en la función que cumple, como en su oportunidad lo hizo sir a Guillermo Leguizamón ("Sir William Leguizamón" que desempeñaba alternativamente funciones de representan- te inglés en la Argentina, en los ferrocarriles, y de represen- tante argentino en Inglaterra, en las misiones diplomáticas co- mo las que generó el tratado Roca-Runciman). Su Majestad Británica no hace cuestiones de nacionalidad: más bien se pre- ocupa de darle nacionalidad a los que no la tienen y en eso es muy generosa. Así a Lawrence de Arabia también lo hizo sir a pesar de ser hijo natural y lo que es peor, irlandés, con horror Victoriano. Por más fuerza que haga Beatriz Guido no logrará impresionar a S.M.B., aunque don Liborio la encuentra igual a Borges, porque S.M.B. sabe literatura en nuestro idioma como Borges en el suyo, y no hay "incendio ni vísperas" que le haga confundir un escritor cipayo, bueno en los dos sentidos, con es- te subproducto femenino del analfabetismo. Precisamente la superestructura cultural del coloniaje y con ella la SADE, pesa en nuestro país, porque S.M.B. sabe elegir. Ojalá S.M.B. tuvie- ra el mismo discernimiento literario que don Liborio J usto y construyera sus cuadros intelectuales con personajes como Be- atriz Guido. Podría hacerla a esta señora, por ejemplo, lady o el equivalente femenino que corresponda asir. Pero esto sería di- fícil hasta para Su Majestad Británica. J ul ián Barrientos (Por la copia: A. J auretche) 106 ACADÉMICOS EN SERI E Y POR DERECHO HEREDITARIO Los "i nteli gentes" y el Dr. Ri varola Con motivo de un incidente producido en la Academia de Cien- cias —al retirarse el rector de la Universidad disgustado por los con- ceptos vertidos en el acto—Arturo Jauretche publica en La Opinión, del miércoles 13 de octubre de 1971, la siguiente nota: Reflexiones sobre los hombres que se consi deran inteligentes y destinados a orientar a la Naci ón Entre los sucesos de orden militar y la catástrofe aérea que acaba de golpear al país, ha pasado casi inadvertido un he- cho que en otras circunstancias se hubiera destacado. Se trata de lo siguiente: la Academia Nacional de Ciencias que preside el ingeniero Manuel F. Castello realizó un acto de homenaje a los académicos fallecidos. Concurrió a la rememo- ración el rector de la Universidad Bernabé Quartino, quien al oír los conceptos expresados por el doctor Rivarola, se retiró del acto. Horas más tarde, en nota dirigida al presidente de la institución, hizo constar expresamente lo intencionado y deli- berado de su retiro, manifestando su repudio a conceptos ver- tidos por el orador en la calificación que hizo de la ciudadanía en general, como "ignorante", por oposición a la calificación de los electores de Académicos, como sabios. Es una reiteración más —esta vez desde el seno de una Academia— de aquellos de "libros y alpargatas" y de "aluvión 107 zoológico". Tal vez el académico Rivarola crea que se acercó a Sarmiento cuando en la furia del combate —y como quien arroja una lanza— dijo aquello de "argentino: anagrama de ig- norante". Pero no se equivoque el doctor Rivarola. No es a Sarmiento a quien se acerca: es a Sanmartino y a Américo Ghioldi, porque ésas son las estaturas con que tiene que me- dirse. Y hasta creo que el doctor Rivarola pierde. Porque, ¿quién es el doctor Rivarola? ¿Por qué es sabio? ¿Qué ha hecho? ¿A quién le ha ganado? He recorrido todos los curriculum publicados y allí me entero de una cantidad de l i - bros —y separatas que pasan por tales— publicados con su fir- ma. Lo que he buscado inútil mente es un lector. Porque se tra- ta de un tipo frecuente de escritor argentino: el que publica para hacer curriculum y hace curriculum para publicar y todo para conseguir empleos. De este personaje recuerdo un episodio pintoresco que he referido en alguna publicación mía. Era en la Década I nfa- me —cuando gobernaban los cipayos y los vendepatrias úni- camente y no los "ignorantes", y éstos no eran peronistas, eran radicales— el inteligente doctor Horacio Rivarola era director de Correos y Telégrafos (mediante el fraude y la violencia de- mocráticos, desde luego): Un día salió una disposición del Correo que estableció que por radiotelefonía sólo podí an transmitir noticias los dia- rios y agencias argentinas. Excuso decir que ninguno de los grandes diarios apl audió la noticia que les daba ese privilegio; por el contrario, sus editoriales salieron a campear por la l i - bertad de información para las agencias extranjeras. Lo que es el amor a la libertad... ¡de la prensa extranjera! Leí la noticia y ni por un instante supuse que la resolución había salido del caletre del doctor Rivarola; más bien, creí en la existencia de un empleado patriota que había hecho el proyec- to con un poco de habilidad como para que su importancia le pasara inadvertida al modesto talento del Director de Correos. Entonces, para alentarlo, le escribí invocando mi calidad de opositor para reconocerle el mérito de haber adoptado 108 una actitud patriótica. Y de paso lo prevení a sobre la que se le venía encima: "Quiero —le decía en mi carta— que estas palabras le sirvan de confortación en las dificultades que se le aproximan". El académico éste, ni con eso se dio cuenta de las di- ficultades y me contestó: "No sé cuáles pueden ser esas difi- cultades, pero cualquiera que sean me atendré a la frase de Avellaneda: 'Nada hay en la Nación por encima de la Nación misma'". Esperé un poco para contestar. Pocos días pasaron y el Ministro del I nterior, que era el doctor Culaciatti, por decreto, dejó sin efecto la resolución del director de Correos. El doctor Rivarola se tragó el decreto, pero se quedó en el puesto, con la libertad de información restablecida. Entonces recién le contesté la carta y en la respuesta le decía: "Olvida usted que si Avellaneda es autor de la frase 'Na- da hay en la Nación por encima de la Nación', es también au- tor de la frase 'Pagaré ahorrando sobre el hambre y la sed de los argentinos', con lo cual queda bien determinado que si no hay nada en la Argentina por encima de la Argentina, lo hay afuera: el acreedor extranjero". Refiero este episodio para que se vea qué cosa mediocre sirve para ser académico. ¡Y aquí se trata de un académico de Ciencias! Pero no nos extrañemos: el presidente de la Acade- mia es el Dr. Castello, profesor de ingeniería legal y durante muchos años hombre vinculado a la dirección de los ferroca- rriles ingleses en la Argentina, es decir, practicante de una ciencia que tiene que ver con el derecho y la ingeniería en la medida en que la ingeniería y el derecho tenían que ver con los ingleses. Recorra usted la lista de estos académicos, lector, y averi- güe qué tienen que ver con la sabiduría como no sea con la del buen vivir. Sin embargo, encontrará alguno que es sabio en la materia académica. Ese es el sabio zonzo que está como la pi- mienta para darle paladar al plato. Tenga un poco de pacien- cia, lector: lea Academia por Academia y nombre por nombre. 109 Lo verá a Miguel Angel Cárcano académico en siete, ¡sí!, siete veces académico. Descubrirá hasta una increíble Academia de Ciencias Políticas y Morales. ¡Sí! ¡Ésa de que forma parte el Al - mirante Rojas y Américo Ghioldi! ¡Se da cuenta! Pero a propósito de este úl timo: hace pocos días pronun- ció una conferencia en que impugnó el proyecto de reforma a la Constitución, tesis muy compartible. Pero lo que interesa es el argumento que hizo valer como esencial: la reforma no de- be hacerse porque no se han pronunciado a su favor ni las aca- demias, ni los colegios de abogados. Para él no tuvo valor la Reforma hecha en 1949 por la voluntad de todo el pueblo; pa- ra que tenga valor, aunque el pueblo no la quiera, lo impor- tante es lo que opinen los grandes diarios, los colegios de abo- gados, las academias. No dijo el J ockey Club ni el Círculo de Armas porque todavía no ha tirado la chancleta del todo y se sigue llamando socialista. Pero hay que incluirlos en la lista junto con la Sociedad Rural, Aciel, etc. Todo esto tiene un nombre: el "establishment". El establishment es el mecanismo que hace los persona- jes, los academiza, les da nombre, premios y hasta oraciones fúnebres. Es un aspecto de la colonización pedagógica. Es un instrumento elástico pero que funciona casi automáticamente y que va consagrando a medida que la mediocridad demues- tra su sumisión a las ideas e intereses de los grupos dominan- tes... El establishment es democrático a condición de que el pueblo acate lo que el establishment cree que debe acatar... Pero en cuanto el pueblo se sale de los presupuestos queridos por el establishment se mueve todo el mecanismo. El establish- ment es, en definitiva, la consagración de la mediocridad co- mo el instrumento más eficaz para difundir el pensamiento de la colonización pedagógica, crear las pautas de conducta y seleccionar los que van sucediendo a los que se mueren. Por- que no nos engañemos como el doctor Quartino: él cuando fue no sabía lo que iba a ser la reunión. Esperamos que el doc- tor Quartino haya aprendido algo que no se enseña en la Uni- versidad que él dirige ni en la que dirigí an antes otros. Esto 110 se aprende en la universidad de la vida y cu secreto del establishment. * * * Pero ocurre que Jauretche se equivoca en esta c aquel Rivarola que era director de Correos en la Década Infame no es el mismo Rivarola que funciona ahora como académico, sino que son padre e hijo. Apoyándose en esta confusión, el Dr. Horacio Rivarola (h) envía una carta a La Opinión que aparece el 16 de octubre de 1971 donde manifiesta: "Hice uso de la palabra en el acto realizado por la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, el día 8 de octubre próximo pa- sado, en homenaje a los Académicos fallecidos, entre los cuales se en- contraba mi padre, el Dr. Horacio C. Rivarola, quien, como es noto- rio, falleció el día 22 de julio de 1970. La interpretación dada a una frase aislada mía en esa oportunidad [ ...] ha servido de pretexto a Ar- turo Jauretche para publicar en el diario que usted dirige, un artícu- lo plagado de falsedades, errores y agravios que no puedo descender a contestar. Sólo diré que es inconcebible su ignorancia al confundir a los oradores y atacar a una persona fallecida un año y medio atrás, por palabras que obviamente no pronunció. Con este ejemplo, la pretendi- da versación del articulista sobre la historia y la realidad política ar- gentina, se presta a serias dudas y me exime de mayores comentarios". Luego agrega: "En cuanto a la personalidad de mi padre no es a mí a quien corresponde hacer su elogio. El recuerdo de su obra edu- cacional y jurídica, su bondad y sencillez están aún latentes en quie- nes lo conocieron. Su insobornable conducta quedó demostrada al ter- minar su actuación como rector de la Universidad de Buenos Aires, en la cárcel de Villa Devoto. Nada de lo que dice el articulista puede empañar su memoria, ni merece ser rebatido, por proceder de quien procede". Finalmente, el Dr. Rivarola sostiene que de su discurso "no es po- sible deducir una calificación despectiva al pueblo, calificación que no estuvo en mis palabras ni en mi pensamiento. El pueblo no necesita de- fensores cuando no se le ataca y en cambio, sabe discernir, con innata 111 perspicacia, cuando se lo pretende utilizar con fines demagógicos, co- mo en este caso En La Opinión del mismo día aparece la contestación de Jauretche: Touché. Confieso no haberme informado del fallecimien- to del doctor Horacio Rivarola padre y de que el que habló en la Academia de Ciencias, en la ocasión de marras, no era el fi- nado sino su hijo. Me entero, al mismo tiempo por una carta que me ha dirigido un nieto, hijo a su vez del vivo, de que el doctor Horacio Rivarola, académico, falleció el 22 de jul io de 1970. Así, en cierto modo, se explica mi ignorancia: la noticia no ha aparecido aún en los diccionarios biográficos y en los Quién es quién que informan sobre el óbito de las ilustres per- sonalidades que constituyen las Academias. Pero pare de contar. Ninguna de las dos cartas desmien- te lo que he dicho sobre la actuación en el Correo del finado doctor Rivarola, como funcionario de la Década Infame, ni la resolución sobre las agencias noticiosas, ni sobre su revocato- ria por decreto del Ministerio del I nterior sin que se produje- ra la renuncia del funcionario desautorizado. Por lo demás, cualquiera que haya leído mi artículo —y ruego que lo relea el que lo tenga a mano— verá que la per- sona del doctor Horacio Rivarola padre o la del doctor Hora- cio Rivarola hijo, no eran el objeto del mismo. En todo caso eran simples bochines para mostrar cómo es y cómo funciona el aparato de la colonización pedagógica y el del establish- ment, que es su consecuencia, organizando las jerarquí as y los prestigios con que respalda las estructuras económicas, socia- les y políticas de que es instrumento. La presencia sucesiva de una línea familiar agrega un detalle genético a lo que señalaba y demuestra precisamente lo que decía: que son piezas inter- 112 cambiables, típicas de la producción en serie de personajes que se van renovando, pero con piezas del mismo valor, lo que no obsta para que de vez en cuando se entrevere una valiosa cu- ya finalidad es darle lustre al establishment para que la gente no perciba su verdadera calidad. Y ahora conviene recordar que el establishment no tiene tanto por objeto elevar a los do- mésticos que utiliza la colonización pedagógica como hacer con éstos una tapadera que impida el surgimiento de valores que respondan a las necesidades de cambio que toda sociedad experimenta y particularmente en el caso nuestro. Porque el drama argentino de esta hora es ése: las fuerzas que se suceden como creaciones de una nueva realidad carecen de expresiones jerarquizadas porque el aparato funciona para cerrarles el camino del conocimiento público y del prestigio. Y lo hace precisamente utilizando las piezas intercambiables de la producción en serie que corresponde a las necesidades de una Argentina que hace cuarenta años terminó. 113 SIONISTAS O ARGENTINOS: NO HAY NACIONALES CON DOBLE NACIONALIDAD La cuesti ón judía y el peri ódi co Horizonte El 25 de noviembre de 1964, Arturo Jauretche contesta un re- portaje de la revista sionista Horizonte. Entre otros temas abordados, aparecen los del sionismo y el antisemitismo: R: ¿Considera usted que el sionismo es, en realidad, un movi- miento de liberación del pueblo judío ? J auretche: Sí, lo creo y me parece lógico que lo sea. Pero lo que es difícil de determinar es dónde el sionismo deja de ser un movimiento de liberación para ser un movimiento de afe- rramiento a otra nacionalidad en los países que se rigen por el jus soli. En este sentido y como argentino, repudio a los que se oponen a la identificación del judí o argentino con el país por antisemitismo. Pero no me es grato que se lo retenga dentro de otra estructura nacional. Y aclaro que no me refiero al sio- nismo sino como movimiento nacional. La solución del sionis- mo sería el viaje a Israel, pero en Israel no caben todos los j u- díos del mundo. Debían haber buscado un territorio mayor, un país más grande, con mayores posibilidades de producción. R: ¿Cree usted que en el país hay un clima de antisemitismo'? J auretche: No creo. Reconozco que hay antisemitismo, pero para un hombre como yo, que ha vivido los años de co- 115 mienzos de siglo, que ha visto el clima antiespañol de enton- ces y el anti-italiano posterior, eso carece de importancia. Re- cuerdo que todos los 25 de Mayo había una directora de un colegio que sacaba de un golpe de su puntero el sombrero a un español recalcitrante, que no se descubría cuando tocaban el himno. Y eso ocurrí a en todas las fiestas patrias. Y recuer- do los posteriores sainetes, aquellos de principios de siglo, que tení an como casi única finalidad ridiculizar a los inmi- grantes italianos. Creo que las colectividades, a medida que son más cerra- das, más demostraciones de hostilidad provocan. Agregue la existencia, en ciertos sectores, de mentes coloniales y verá que en realidad no hay un clima de antisemitismo, sino simple an- tisemitismo individual. R: Y ese antisemitismo, ¿es natural o una simple cortina de hu- mo para desviar a los sectores populares de sus verdaderos objetivos? J auretche: No, tampoco creo eso. En el nacionalismo, es donde se trata de introducir esa desviación para evitar que los sectores populares definan sus reclamos de carácter social y económico. La oligarquía no usa este recurso, por lo menos, por ahora. Mientras se sienta cómoda con la cobertura liberal, tenderá a exagerar su repudio a estos grupos racistas, con lo cual cubre otras maniobras en defensa del liberalismo. Ade- más, ya es demasiado infantil, esto de señalar la participación del judaismo en planes capitalistas y al mismo tiempo atribuir- le planes de tendencias comunistas. Pero continuar con el te- ma me llevaría a un análisis del judaismo que ya han hecho Marx y Abraham León con mucha mayor profundidad que yo. R: ¿ Qué concepto le merece a usted, doctor, esa experiencia his- tórica que nosotros consideramos es el Estado de Israel? J auretche: Yo creí que Israel era una solución para un pueblo en la diáspora, porque creaba en los "diasporados", recí procamente, la obligación de incorporarse a Israel o a las 116 naciones a que pertenecí an, optando por una de las dos na- cionalidades. Lamentablemente y al margen del debate que Israel tiene con los países árabes, esto no ha ocurrido y es im- posible que ocurra, entre otras razones por aquellas que se refieren al tamaño físico y a la capacidad de producción del Estado. P: Para despedirme y además de agradecerle la atención que me ha dispensado, quiero expresarle que lo singular de este reportaje ra- dica en su espontánea manera de responder, de pensar, no obstante que tales respuestas son, en general, contrarias a lo que la redacción de Horizonteopina sobre tales temas y no son las que habitualmen- te recibimos. J auretche: La singularidad surge de la hipocresía fre- cuente con que estos problemas son encarados por los libera- les, que procurando quedar bien con los judí os, no sólo de- muestran que no son antisemitas, sino que se muestran como semitas. Es decir, que hacen racismo al revés. Lo interesante sería oír lo que dicen cuando el redactor judí o se va o cuando los acontecimientos sociales y económicos los obligan a buscar un chivo emisario. Mi antirracismo es de otra naturaleza, porque se nutre en la lucha contra el racismo de los viejos liberales, con Sar- miento a la cabeza y que nutre todavía el subconsciente de nuestros intelectuales con la idea de pueblos superiores —an- glosajones y nórdicos— y pueblos inferiores —los latinoameri- canos y los de la cuenca del Mediterráneo que fueron los que verdaderamente la civilizaron—. ¡Qué decir de los criollos si- no aquello de "aluvión zoológico"! Con esto queda dicho que mi oposición al sionismo es hi- ja de un nacionalismo constructivo argentino, que quiere ver a los hijos de los judí os definitivamente incorporados a la Na- ción, como se han incorporado a ella los hijos de españoles, los hijos de italianos, etc. Es precisamente hija de un antirracismo que empieza por la defensa de los hijos del país, sean pelodu- ros o pelocolorados. 117 Porque hay antirracistas como aquel senador norteame- ricano cuya hija decía: "Hay dos cosas que mi padre no puede tolerar: el racismo y los negros". Como usted ve, amigo periodista, nuestras opiniones di- fieren. Yo quiero hacer argentinos a los judí os nacidos aquí y usted los quiere hacer israelíes o las dos cosas a la vez, lo que me parece incompatible como ser italiano y argentino al mis- mo tiempo. * * * En el número del 10 de diciembre de 1964 del periódico Hori- zonteaparece la contestación a Jauretche por parte de este grupo sio- nista y socialista. La firma Jaime Finkelstein. Después de elogiar la personalidad de Jauretche, afirma que co- mentará no todas sus opiniones, pero "sí aquellas que por su naturale- za calan hondo en la raíz misma de nuestras convicciones". En resu- men, sostiene: 1) No considera que sea históricamente correcto que las colecti- vidades, a medida que son más cerradas, más demostraciones de hosti- lidad provocan. "Nosotros, los judíos, conocemos este argumento de quienes pretenden abandonemos nuestra naturaleza de tales y nos asi- milemos a los pueblos en cuyo seno residimos. Pero la historia nos ha demostrado que esa hostilidad no se debe precisamente al hecho de ser 'cerrados'". Y aunque así fuera, afirma Finkelstein, no sería el caso de la colectividad judía en Argentina. "¿No vivimos los judíos argentinos abiertos a la realidad nacional'? ¿No sabe acaso, Dr. Jauretche, del ca- riño con que los colonos judíos trabajaron la tierra en las inhóspitas llanuras de Entre Ríos, Santa Fe, etc.? ¿No conoce la contribución de los mismos a nuestro agro y al cooperativismo? ¿No conoce la labor ci- vilizadora de los primeros modestos comerciantes judíos que en sus hu- mildes alforjas llevaban los productos de la técnica a lugares de nues- tro país donde eran desconocidos...? Y en la educación de sus hijos, ¿no consideran los judíos a la Escuela Argentina como su propia escuela? ¿Conoce muchos casos de niños judíos que no concurren a la escuela nacional? ¿Que no sean tan patriotas como el que mas? Usted habla 118 de encierro, ¿no ha contribuido la colectividad judía al arte y a la cul- tura argentina? ¿No conoce acaso la obra de Gerchunoff por citar un nombre entre muchos? Además, Horizontees vocero de un sector de la comunidad judía. ¿No palpita con las esperanzas del pueblo todo? ¿No se refleja en nuestras páginas todo el quehacer nacional? ¿No so- mos acaso un periódico judeo-argentino? ¿No le revela todo esto, Dr., que estamos integrados al país ? 2) Pero, sostiene Finkelstein, "si por integración se entiende per- der nuestra individualidad, desde luego que no estamos de acuerdo. Creemos que la integración jamás debe hacerse al precio de renunciar a nuestras individualidades 79 . 3) Respecto al sionismo, Finkelstein lo considera "un movimien- to progresista dentro del judaismo, un verdadero movimiento de libe- ración nacional". Afirma que sufrió influencias de "los socialistas de la época" en que se gestó y debe tomárselo como parte de "una larga cadena de lucha en la que el hombre pugna por un futuro mejor". 4) Además, "como todo movimiento de liberación tiene caracte- rísticas particulares, individuales. Pues no sería nacional si no fuese fiel a la esencia del pueblo al que pertenece. Y su sentido no es sólo que el pueblo judío tenga un país, sino lograr que la mayor cantidad de judíos vivan en él... Y ésta es una meta progresista que, entiénda- se bien, en nada perjudica a los pueblos en cuyo seno vive actualmente el pueblo judío". 5) Respecto a la capacidad de absorción de Israel, sostiene que "no es un problema real pues está en condiciones de absorber muchísi- mos millones de judíos... y pocos países en el mundo revelan la misma ansiedad por recibir nuevos inmigrantes". 6) Finalmente, afirma: "Y algo más, Dr. Jauretche. Como ar- gentinos podemos usted y yo hablar orgullosamente de los jóvenes aquí nacidos que viven en Israel. Yo los he visto: puedo asegurarle que con su trabajo dejan muy alto el honor de nuestra tierra. Han llevado allí consigo la lengua gaucha, la música, las tradiciones. No se asombre si alguna vez le relatan que se escucha un tango en el desierto de Neguev o una zamba en la Galilea. Pues ellos siguen siendo argentinos, jamás han dejado de serlo. Sienten el verdadero, profundo amor por esta tie- rra, en la quejamos se han sentido extraños. De la que no huyeron. 119 "Yo los he visto cantar el Himno Nacional, en el corazón de Is- rael, el 25 de Mayo y el 9 de Julio. Pues su trabajo ha unido a ambas naciones y no existe ninguna contradicción. El trabajo de ellos en Ar- gentina e Israel es simplemente complementario uno del otro. Lo invi- to a pensar en todo lo que significa esta idea del sionismo. Y a darse cuenta de que, al fin y al cabo, siendo un movimiento inspirado en la idea de liberación que usted mismo sustenta, es un socio natural de aquellos que, en el mundo entero, luchan por un mañana mejor." # # # En el número siguiente de Horizonte(26/12/64) aparece la contestación de Jauretche titulada "Sin prejuicios, sin odios, sin rencores": En el N° 13 deHorizonte, el señor J aime Finkelstein se re- fiere al reportaje que ustedes me publican en el número ante- rior, en la parte referente al sionismo. Agradezco los amables juicios que hace sobre mi modesta personalidad y voy al grano con algunas puntuaciones pues no es mi propósito polemizar, sino dejar suficientemente esclarecido lo dicho entonces. Es elemental que siendo la mía una posición nacional-ar- gentina tiene que chocar con una posición nacional-sionista en los hijos del país como chocaría con una posición nacional-ára- be, etc., en cuanto el carácter político de esa posición nacional no argentina significaría transferir el desarrollo de esa posi- ción a nuestro ser nacional. Para mí es elemental que nosotros sólo podemos ser un país existente como nación en cuanto sus hijos sean exclusivamente nacionales, es decir, en cuanto no sea posible que desdoblen su personalidad en dos líneas polí- ticas nacionales que pueden ser coincidentes, pero que pue- den ser opuestas. No es la primera vez que este problema se plantea en la Argentina y ya a fines de siglo pasado tuvimos las dificultades que creaba la pretensión de ciertos círculos italianos del exte- rior de considerar a los descendientes de los peninsulares co- 120 \ mo subditos del país de sus padres. Precisamenteraorq^^^ o que ha significado la contribución judí a en hombreen trá^- x o >> J jo y en cultura al quehacer nacional es que quiero qií ^deje ae ser judí a para ser argentina. Si otro criterio hubiese pm^gi o c a ^ con respecto a otras colectividades tan respetables y numero- sas como las judí as, este país no sería una nación, sino un campamento de colonias extranjeras. Aquello de "todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino" está condicionado a que quieran ser argentinos, plenamente argentinos como hombres y no como miembros de una colec- tividad. I mporta una doble obligación: para los que ya son ar- gentinos, la de no crear ninguna dificultad y facilitar la iden- tificación de los descendientes de los inmigrantes sin hacer cuestión de raza, religión, ni idioma de los padres; pero im- porta también la obligación de facilitar la definitiva y total in- corporación de sus hijos a cargo de los inmigrantes. Ya no hay en el país ítalo-argentinos, ni hispano-argentinos, ni tampoco vasco-argentinos, como en mi caso. Aspiro a que tampoco ha- ya judeo-argentinos. Las razones que da el señor Finkelstein son de gran va- lor histórico y evidentemente constituyen parte de las dificul- tades específicas que hacen más difícil la identificación total de los judí os con el país, que los de los miembros de otras colecti- vidades. Pero el sionismo no intenta resolverlas porque en él, como es lógico, no pesan las razones nacionales nuestras sino las razones nacionales sionistas, muy respetables para los judí - os y muy comprensibles para mí como hombre abstracto, pero no como hombre nacional de esta colectividad argentina for- mada por descendientes de españoles, italianos, indígenas, j u- díos, etc. Aviados estaríamos aquí si, por ejemplo, en cada elec- ción política los candidatos, en lugar de plantear los proble- mas comunes de los argentinos, plantearan los problemas de cada colectividad, tratando de ganar los ciudadanos que com- ponen el país, no por las razones nacionales identificantes nuestras, sino por las razones disgregantes de otro nacionalis- 121 mo. Y aquí quiero recordarle que en la última elección presi- dencial, algo tiene que ver el sector sionista con la votación que tuvo el general Aramburu, especialmente a través del Partido Demócrata Progresista, en zonas en donde no hay un demócrata progresista para muestra. Esto no contribuye a eli- minar el problema judí o sino a agravarlo, en cuanto un sec- tor de los descendientes de judí os puede aparecer moviéndo- se por razones que serán muy nacionales desde el punto de vista sionista pero que no lo son desde el punto de vista na- cional argentino. Y esto se hace más evidente recordando que por las apti- tudes intelectuales de esa colectividad no es la programática del general Aramburu la que pudo mover los votos sionistas. Este es un tema que los expertos en análisis electorales han ca- llado deliberadamente con la hipocresía habitual con que se trata esta cuestión y a la que ya me he referido en la nota res- pectiva. Hubo una consigna nacionalista ahí, que no era la consigna nacional de los argentinos entre los que están inclui- dos los judíos. Pero Horizonte además de ser sionista es un periódico so- cialista. Para los socialistas, como lo he dicho en ese reporta- je, nada puedo agregar a lo expresado por dos eminentes j u- díos: Carlos Marx y Abraham León. Que los sionistas sean socialistas en Israel me parece completamente lógico, pero que los socialistas sean sionistas en la Argentina me parece un absurdo. El fundamento de ese sionismo en un socialista no puede ser racial ni religioso. Y no siendo racial ni religioso, lo encuentro carente de sentido, cuando postula una doble fina- lidad fundada sólo en motivaciones históricas. Los demás in- migrantes han dejado su historia atrás. Los judí os tienen la suya documentada en el libro más grande y más antiguo. Pe- ro italianos, españoles y franceses tienen la suya a la que no se consideran adscriptos sus descendientes empeñados en la ta- rea de hacer esta modesta historia nuestra que recién estamos comenzando. De otra manera y una vez escindido el país en descendientes de colonias extranjeras, terminarí amos por ha- 122 cer de esta Patria una especie de mar polinésico —un amon- tonamiento de ghettos en formas de islas— por entre cuyos canales andarí an navegando los últimos gauchos vestidos de vigilantes para impedir las peleas de isla a isla o para vigilar las transacciones pacíficas de ghetto a ghetto. Y nosotros, los que somos el producto de la cruza de varias nacionalidades, que ha facilitado el ser una nación y no un agregado de mi- norías nacionales, carentes de ghetto propio, seríamos los pa- rias, sin patria y sin isla propia. Por lo mismo que las razones judí as del señor Finkelstein son valiosas le he tenido que contestar con estos conceptos ele- mentales a que su posición me lleva y es que la doble naciona- lidad no existe ni es admisible, porque significa la no existen- cia de nuestro país como nación. Yo no sé si para los sionistas este planteo implica el to be or not to be. Para los argentinos, sí. Y por eso me resulta tan dañoso el antisemitismo como el sio- nismo en cuanto quieren establecer una diferencia nacional entre los argentinos. Y como Horizonte expresa a un grupo no religioso del sio- nismo, le puedo sintetizar con comodidad con un chiste ama- ble que tal vez fuera mal recibido por un creyente: en cuestión de nacionalidad no se puede tener "la chancha y los 20". 123 LOS SOCIÓLOGOS CIENTÍFICOS Y UN RASGO DE MAL HUMOR Con motivo de la aparición de El medio pelo en la sociedad argentina, Arturo Jauretche debió soportar el enconado ataque de más de un profesor o académico que le negaba títulos para incursio- nar en el campo de las ciencias sociales. De algunos sectores univer- sitarios brotó la burla y el desprecio como única respuesta. De otros, el mote de "parasociólogo" que fue recogido irónicamente por don Ar- turo al reconocerse "parasociólogo porque les digo: 'Para, so- ciólogo'" cuando entran a macanear sobre la realidad argen- tina". En un caso especial la crítica fue violenta por parte de un investigador de laboratorio de esos que pretenden pinchar las clases sociales a través de encuestas como si fueran conejos. Descreía este profesor —de quien obviamos el nombre por razones de delicadeza que el lector sabrá apreciar— de la necesidad de "tener estaño"para aprehender la realidad y caricaturizaba, para poder denigrarlas, va- rias argumentaciones de El medio pelo... Con el cuero curtido por tantos años de lucha, Jauretche pasó por alto el malévolo comentario. Pero pocas semanas después, el susodicho sociólogo volvió al ataque reiterando sus maniobras tergiversadoras llegando a sostener que "Jauretche critica a Codovilla porque es italiano y gordo", intentan- do restar así toda importancia a los planteos de don Arturo. Ante la injusticia y la absoluta falta de responsabilidad de la nueva crítica, ahora desde una revista de sociología, el autor de Los profetas del odio consideró que ya las sesudas reflexiones resultaban ociosas y que sólo cabía una respuesta. Se colocó frente a la máquina de escribir y catapultó esta carta: 125 "Señor del Centro de Investigaciones Muy señor mío: Oportunamente leí su crítica a mi libro El medio pelo en la sociedad argentina y no le hice mayor juicio porque su posición me pareció la natural a su divorcio "científico" con el país real que corresponde a los titulares del patrimonio intelectual, se- gún ellos lo entienden. Pero hojeando papeles viejos hoy me encuentro con su respuesta a lo que dice N. N. sobre el mismo tema en la revista X. Allí dice usted, entre otras, que "una co- sa es la crítica de J auretche a Codovilla porque es italiano y gordo y otra es la crítica de Debray a la dirección del Partido Comunista". Como en ninguna parte he dicho eso respecto a Codovilla y además, de haberlo dicho, nadie podrí a tomarlo como argumento sino como un rasgo de humor o de mal hu- mor, esto ya no es una crítica sino una sucia manera de discu- tir. Es como si yo para rebatirlo dijera que usted es un hijo de puta. Con perdón sea dicho de su respetable madre, porque usted lo es a mérito propio. Y éste tampoco es un argumento sino un rasgo de humor, de mal humor. Arturo J auretche 126 COI NCI DENCI AS Y DISIDENCIAS AL CALOR DE UNA AMISTAD Arturo Jauretche - Ernesto Sabato A menos de dos meses del golpe militar del 16 de setiembre de 1955, hace crisis el enfrentamiento entre los dos grupos que integran el bando triunfante: los nacionalistas de derecha nucleados junto al general Lonardi son derrotados por el sector "liberal", más duramen- te antiperonista, que acaudilla el contralmirante Rojas. Exultan de alegría los Américo Ghioldiy los Borges mientras tal nacionalismo, al igual que en 1930, es arrojado de la Casa Rosada ahora con el es- tigma de "conciliacionista" y más aún, de "cómplice" del movimiento nacional vencido. Mario Amadeo, uno de los más lúcidos de esos na- cionalistas, que se ha desempeñado como canciller en el gobierno de Lonardi, publica poco después el libro Ayer, hoy y mañana(abril de 1956) para refutar "a los detractores" que pretenden "tergiversar la posición y la intención de la corriente política que se expresó en el pri- mer gobierno provisional". Ese ensayo recibe la contestación casi in- mediata de Ernesto Sabato a través de una "Carta Abierta" que titu- la "El otro rostro del peronismo" (junio de 1956). La polémica Amadeo - Sábato resulta así el eco intelectual de aquella lucha diri- mida entre las dos facciones de la "revolución libertadora". Desde el exilio montevideano, Arturo Jauretche sigue atentamente los argu- mentos de ambos contrincantes. Amadeo retoma en su escrito la consigna lanzada por Lonardi —"Ni vencedores ni vencidos"—y después de rechazar la imputación de "colaboracionista" con el régimen derrocado, fustiga al cerrado antiperonismo de los Isaac Rojas y Cía., considerándolo una grave 127 deformación de los objetivos propuestos el 16 de setiembre: "Creo que la política seguida en los últimos tiempos no es la más indicada para lograr la unificación del pueblo argentino. Por de pronto, el pueblo sabe bien o intuye que tras los abusos del régimen anterior, se estaba plasmando una nueva realidad y que esa realidad respondía, en lo fundamental, a sus aspiraciones. Pero si oye decir que los últimos diez años sólo han traído miseria, deshonor y vergüenza, no lo creerá por- que es afirmarle una cosa que para él, está desmentida por los hechos. Bien está advertir que Perón no fue un taumaturgo que convirtió las piedras en pan. Bien está en mostrar la traición y la estafa cometida contra la bandera que levantó. Pero 'todo 9 lo que ha pasado en los úl- timos diez años no ha sido dañoso para él. No lo creerá porque tiene la certeza vivida de que ello no es verdad. Sabe el pueblo que, por más estafada que haya sido la causa que abrazó, algún fruto positivo le ha dejado [ ...] Si el pueblo siguió a Perón no fue, en general, por malas razones. Creyó ver en la nueva enseña un signo de su redención y en cierta medida la encontró. Pudo haber aprovechado la carta blanca que tuvo tantas veces para cometer desmanes y nunca la aprovechó [ ...] Esta actitud debe hacernos meditar seriamente sobre la bondad intrínseca de nuestras clases populares. Hoy se han cerrado en acti- tud hosca porque se sienten acosadas y derrotadas. Pero acordémonos que fueron magnánimas pudiendo no haberlo sido [ ...] Si conservan sentimientos de gratitud para una época en la que juzgan haber me- jorado de vida, no se tenga la dureza de obligarlas a confesar que fue, para ellas, una etapa de oprobio [ ...] Hagamos borrón y cuenta nue- va y dejemos los anatemas sobre el pasado inmediato a la más me- diata posteridad 99 . Sabato, en cambio, preso de un virulento antipe- ronismo quizá producto del triunfo reciente, sostiene: "Dejémonos de dividir a la patria en reprobos y elegidos, con la piedra de toque de una pureza que ninguno de nosotros tiene [ ...] Pero, claro está, no caigamos en el otro extremo, no hagamos del peronismo un motivo de orgullo; de sus perversiones, robos y asesinatos, un motivo de nostál- gica reivindicación [ ...] ¡Cuidado! No incurramos en el sofisma in- verso, en el otro, en el grande, en el siniestro sofisma que el tirano pu- so en funcionamiento cada vez que necesitó justificar su absolutismo, su persecución y su burla: el sofisma de que el pueblo argentino 9 era únicamente la masa de los desposeídos y que el resto de millones de ha- 128 hitantes del país era una nada, una entelequia, una abstracción, un comiquísimo invento de los políticos vendepatrias o si de verdad exis- tía, era apenas algo más que un montón de basura. Cuidado ahora con volver a esa doctrina neoperonista que 'lo único' que cuenta, 'lo único real' es el pueblo, queriendo significar la masa trabajadora. Porque aparte de ser cuantitativamente falso es cualitativamente ruin, dema- gógico y peligroso, ya que en tal caso no sólo no deberían contar pa- ra la vida actual y futura de la nación los millones de hombres, mu- jeres y niños de la clase media y de las clases altas, sino tampoco la actividad de sus estudiantes, las obras de sus artistas e intelectuales, las creaciones de nuestros espíritus más altos. No nos sumemos, en fin, a la grosera teoría de un resentido social como Perón, de un hombre talentoso pero bajo y lleno de odio por los valores espirituales; no in- curramos en la repugnante doctrina que alguna vez vociferó ese após- tol de la materia pura, ese profeta de la viscera, que 'en última ins- tancia', todo es cuestión de estómago". Estas diversas posiciones respecto a la política a seguir con el pe- ronismo, tienen su origen en la disímil interpretación del proceso que va desde 1943 hasta 1955. Amadeo lo percibe claramente y así lo di- ce: "El éxito o el fracaso del intento de unir al país depende en buena medida, de cómo se interprete el hecho peronista". Y en ese camino agrega: "Hay varias versiones o interpretaciones del peronismo. Es opinión generalizada en los sectores socialmente conservadores que el peronismo no ha sido otra cosa que una pesadilla, que un mal paso. Estos sectores hablan de influencia magnética, de sugestión colectiva, de deformación de la conciencia y de otras anomalías que reducen el problema a una cuestión de psicología patológica. Consideran que el pueblo argentino ha padecido una enfermedad y que es cuestión de so- meterlo a una enérgica cura [ ...] Otros del mismo sector, menos sim- plistas aunque no menos equivocados, consideran que el peronismo ha removido a fondo la opinión popular, pero que solamente ha logrado ese efecto por medio de la venalidad y la corrupción o apelando exclu- sivamente a los más bajos instintos de la plebe. Nada bueno o de signo positivo ven ellos en el movimiento derrotado. El peronismo es el fruto de la ignorancia, como lo es la superstición o el curanderismo. Por eso sólo hace presa en los sectores más primitivos y zafios de la comunidad. 129 Para ellos la cuestión sólo se arregla con una pequeña dosis de reedu- cación y una gran dosis de leña. En su mente, desperonizar equivale a algo así como desratizar. Para los antiperonistas de nuestra izquier- da liberal, por su parte la cuestión se dilucida en esa mar donde todos los ríos confluyen: en el nazismo. Perón y los peronistas eran nazis to- talitarios que querían imponer en la Argentina el régimen de Hitler y Mussolini. Según este planteo, el ex-presidente sería un ideólogo doc- trinario que había estudiado febrilmente durante su estada en Italia cursos acelerados del sistema corporativo y habría venido a aplicarlos con saña en el animavili de este inocente y democrático país [ ...] Pa- ra este sector, desperonizar equivale a desnazificar. Hay finalmente otra izquierda, la izquierda antiliberal y marxista que del peronismo sólo desaprueba la persona del jefe y que ve en ese movimiento una forma, forma cruda y primitiva pero eficaz, de la lucha contra el im- perialismo [ ...] Esta tendencia está dispuesta a sobrepasar a Perón en sus reformas sociales porque entiende que su defecto no es haber sido demasiado radical en sus procedimientos sino haberlo sido demasiado poco. Este sector, en el que llevan la voz cantante los comunistas de sig- no trotskista, proclama implícitamente la fórmula Perón más X 1 y pre- tende apoderarse del proletariado vacante por la ausencia del leader". Después de este pantallazo sobre las interpretaciones más comunes, Mario Amadeo da su propia versión. "Una gran masa de la población se había alejado definitivamente de los partidos políticos (en 1943). Cuando un pueblo se aleja de la vida cívica es, o bien porque se en- cuentra en el último estado de decadencia o bien por estar en vísperas de un cambio fundamental. Creo que nosotros nos hallábamos en el se- gundo y no en el primero de estos dos casos. El país estaba también en apetencia de una gran renovación social [ ...] El problema social ar- gentino no era tanto el de un proletariado miserable y famélico como el de un proletariado ausente [ ...] Así, pues, hasta 1945, el proleta- riado argentino no pudo, queriéndolo, sentirse solidario con el destino nacional. Nadie se había ocupado de hablarle su lenguaje, de vivir sus íntimos anhelos, de acercarse materialmente a él. Perdido en el pasado el recuerdo de Yrigoyen, era inevitable que la clase obrera se lanzara como un solo hombre tras el caudillo que pareciera expresarla [ ...] La grande y tal vez la única genialidad de Perón consistió en advertir la existencia latente de esas transformaciones y ponerse a su cabeza utili- 130 zando los resortes estatales que le había conferido nio". Concluye luego su interpretación sosteniendo discernimiento por parte de Perón", su "indigencia ta", así como "su egolatría", provocaron la frustrada oportunidad histórica, frustración por la cual, según pió Amadeo, él se encontraba al mando de un grupo de civiles en las adyacencias de Plaza de Mayo esperando el bombardeo de la Casa Ro- sada en aquel terrible 16 de junio de 1955. El enfoque de este pro- ductor agropecuario de consecuente militancia en la derecha naciona- lista resulta, por momentos, no obstante su antiperonismo, sumamente interesante y lúcido, pues de esa interpretación del movimiento nacio- nal, él concluye afirmando que hay que acabar con las detenciones de dirigentes peronistas que no han delinquido, con las interdicciones y con las intervenciones a sindicatos. Por supuesto que su convocatoria al abrazo fraterno no es desinteresada: "Nuestro pueblo no es extre- mista. Pero si no le damos otra salida, si pretendemos encasillarlo en marcos anquilosados se lanzará, en su orfandad, a la primera fuerza que le prometa odio y venganza. Habremos creado entonces el proble- ma del comunismo. No nos asusta la idea de que esa posición signifi- que transigir con el recuerdo de Perón". De cualquier modo, en ese momento de furor antiperonista, la de Amadeo resulla una posición más popular que la sostenida por los li- berales de la línea dura, compartida en gran medida por Sábalo. Tam- bién insólitamente su interpretación (que proviene de un hombre de de- recha, defensor de la tradición y opuesto totalmente al cambio del orden social) resulta más imbuida de sociología e incluso hasta de ribetes de materialismo histórico que la del propio Sabato, no obstante haber transcurrido éste varios años militando en el Partido Comunista, como lo recuerda en su Carta Abierta. Por el contrario, Sabato se deja ga- nar por su apasionamiento "libertador" y echando en saco roto todo lo que se supone aprendió sobre las clases sociales, los factores económi- cos, el papel del individuo en la historia, etc. se lanza a una interpre- tación psicologista: "Puede discutirse que el resentimiento sea uno de los resortes más poderosos de la historia, pero difícilmente puede po- nerse en duda que ha provocado el ascenso de la mayor parte de los de- magogos. Mussolini capitalizó el sordo resentimiento de las ynasas ita- 131 lianas, suscitado por el menosprecio de las grandes potencias europeas. Hitler encarnó y luego azuzó los rencores del pueblo alemán, vejado por el tratado de Versalles. Perón, en fin, supo canalizar en su favor la más grande acumulación de resentimientos que registra la historia de nuestro país y este origen es una de las razones que explican la per- sistencia del peronismo ya que nada más pertinaz que los sentimientos negativos [ ...] El aprendizaje de Perón en Italia, su natural tendencia al fascismo, su infalible olfato para la demagogia, su idoneidad para intuir y despertar las peores pasiones de la multitud, su propia expe- riencia de resentido social —hijo natural como era— y por lo tanto su comprensión y valoración del resentimiento como resorte primordial de un gran movimiento de masas y finalmente su absoluta falta de escrú- pulos; todo lo capacitaba para convertirse no solamente en el jefe de las multitudes argentinas sino también en su explotador [ ...] Y las ma- sas que son femeninas, se enamoran de su líder y en ese amor no hay ni cálculo ni sensatez, como es propio de cualquier amor De modo que frente al excelente candidato, honrado y puro, buen muchacho y tra- bajador, estudioso y abstemio, que significaba el Partido Socialista, las masas populares, ante la desesperación de su honesto pretendiente que clamaba por los peligros de la horrible mesalliance, se fueron con el primer aventurero que supo llegar a su corazón". Allá, en Montevideo, Arturo Jauretche lee con dolor estas explo- siones "gorilas" del autor de El túnel. Porque Jauretche tiene auténti- ca estima por Sabato y lamenta no sólo el desencuentro ideológico, sino el bajo nivel en que ha caído el amigo en su exaltación de triunfador. Sin embargo, Jauretche advierte que en El otro rostro del peronis- mo brota por momentos aquí y allá la sensibilidad social y cierta voca- ción nacional que él considera que están vivas en su amigo. Así, por ejemplo, en este recuerdo: Aquella noche de setiembre de 1955, mien- tras los doctores, hacendados y escritores festejábamos ruidosamente en la sala la caída del tirano, en un rincón de la antecocina vi cómo las dos indias que allí trabajaban tenían los ojos empapados de lágrimas. Y aunque en todos aquellos años yo había meditado en la trágica duali- dad que escindía al pueblo argentino, en ese momento se me apareció en su forma más conmovedora. Pues, ¿qué más nítida caracterización del drama de nuestra patria que aquella doble escena casi ejemplar? Mu- 132 chos millones de desposeídos y de trabajadores derramaban lágrimas en aquellos instantes, para ellos duros y sombríos. Grandes multitudes de compatriotas humildes estaban simbolizados en aquellas dos muchachas indígenas que lloraban en una cocina de Salta". Jauretche entiende que, más allá de algunas coqueterías que Sa- bato prodiga a La Nación o a Victoria Ocampo como un medio para tener prensa, se trata de un argentino honesto, a veces confundido, a quien debe llevársele, aunque sea a empujones, a la vereda popular. Esa honestidad de Sabato aparece, en efecto, apenas un mes más tar- de, en agosto de 1956, cuando informado que se está torturando apre- sos peronistas denuncia el hecho en la revista Mundo Argentino que está bajo su dirección, en un artículo titulado "Para que termine la in- terminable historia de las torturas". Inmediatamente se suscita un en- tredicho entre Sabato y el coronel Julio César Merediz, interventor de la Empresa Haynes, propietaria de Mundo Argentino, de resultas de la cual el escritor renuncia a su cargo. Pero no regresa a su casa ca- lladamente. Algo se ha roto dentro de Ernesto Sabato. Tanto su idea- lización de la "revolución libertadora", como su implacable rigidez pa- ra condenar al peronismo han recibido un golpe tremendo. Sus amigos vinculados al gobierno juzgan desacertada su actitud pues "hay que dar leña" para terminar con el peronismo y entonces él decide consoli- dar su denuncia, provocando un escándalo. Así, poco después, cuan- do por la radio oficial se transmite una mesa redonda sobre el Federa- lismo con la participación de Carlos Alberto Erro y otros "intelectuales libres" del grupo ASCUA, Sabato quiebra la unanimidad de bostezos reinantes para decir a viva voz que no se puede charlar plácidamente sobre el federalismo cuando en ese mismo momento se continúa tortu- rando a compatriotas. Erro y sus amigos "democráticos" no se solida- rizan con él, por supuesto, sino que por el contrario lo suspenden co- mo miembro de esa "asociación cultural" por razones de disciplina. Mientras la Sociedad de Escritores también calla, Sabato continúa la defensa de lo que considera justo enviándole una "Caria Abierta al Presidente de la República Oral. Pedro E. Aramburu". Allí se refiere al peligro de "los gobernantes que llegan a perder el contacto con la opinión pública real, con las esperanzas y angustias de los ciudada- nos" y que "aislados por un estrecho círculo de parciales, terminan por 133 identificar las opiniones y cortesanías de esos consejeros áulicos con las opiniones de la nación entera. No de otra manera se pueden explicar flagrantes contradicciones entre las excelentes ideas que usted enuncia en sus discursos y las realizaciones de los encargados de llevarlas a la práctica". Agrega que "millones de ciudadanos comienzan a sentir ahora nuevamente una oscura angustia [ ...] y esa angustia se debe, en primer término, al temor de que estamos ya sobre la pendiente de un nuevo y terrible desengaño [ ...] Libertad, prescindencia genuina en los pleitos partidarios, justicia social y generosidad con los vencidos que no sean delincuentes. Estas son las palabras que usted, Señor Presidente, debería escuchar. Y no las de esos paradojales consejeros que en nom- bre de la democracia quieren impedir elecciones libres y en nombre de la libertad recomiendan un nuevo despotismo". En esa Carta Abierta, Sabato sostiene además que "debemos valientemente reconocer que no todo lo que sucedió durante esa década fue negativo y destructor ya que las grandes multitudes trabajadoras advinieron a la vida política de la Nación y un fuerte e irresistible sentimiento de justicia social se elevó como un clamor que ya nadie puede desoír". La renuncia de Sabato a Mundo Argentino, su denuncia de las torturas por radiotelefonía y su carta al Presidente tomando dis- tancia respecto al golpe militar, consolidan en Jauretche la convicción de que su amigo no está perdido para la causa popular. Y entonces se decide a escribirle. El Sabato cerradamente antiperonista de meses atrás no merecía la réplica, aunque lo uniese a él una amistad de años. En cambio, el Sabato capaz de romper lanzas con los reaccionarios de ASCUA y levantar una voz disonante en medio del coro uniforme de "los libertadores" resulta merecedor de un cambio de ideas. Así, en se- tiembre de 1956 vuela desde la otra orilla hacia la casa del escritor en Santos Lugares una carta donde Jauretche le valora sus últimas acti- tudes pero al mismo tiempo refuta sus principales argumentos de El otro rostro del peronismo. Recién nueve meses después, a instan- cias de sus amigos, don Arturo se decide a publicar dicha carta agre- gándola como introducción a su libro Los profetas del odio pero allí cercena —quizá en aras de la amistad— algunas partes de la misma, protegiendo con puntos suspensivos los párrafos demasiado ásperos: 134 Estimado ami Acabo de leer en el número de hoy deMarcha de Monte- video una nota sobre las torturas que usted publicó como di- rector deMundo Argentino, así como la secuela radiotelefónica y periodística del episodio. Quiero ahora comentarle su último libro El otro rostro del peronismo con que usted contesta a la pu- blicación de Mario Amadeo. Debo decirle que por más que supere la adversa posición que tenemos en política, lamento que usted que tiene formación dialéctica, haya recurrido a la interpretación, inaugurada en nuestro país por Ramos Mejía, de querer resolver las ecuaciones de la historia por el camino de las aberraciones mentales y psicológicas. No, amigo Sabato. Lo que movilizó a las masas hacia Perón no fue el resenti- miento, fue la esperanza. Recuerde usted aquellas multitudes de octubre del 45, dueñas de la ciudad durante dos días, que no rompieron una vidriera y cuyo mayor crimen fue lavarse los pies en Plaza de Mayo, provocando la indignación de la se- ñora de Oyuela, rodeada de artefactos sanitarios. Recuerde esas multitudes, aun en circunstancias trágicas, y las recordará siempre cantando en coro —cosa absolutamente inusitada en- tre nosotros— y tan cantores todavía que les han tenido que prohibir el canto por decreto-ley. No eran resentidos. Eran criollos alegres porque podí an tirar las alpargatas para com- prar zapatos y hasta libros, discos fonográficos, veranear, con- currir a los restaurants, tener seguro el pan y el techo y asomar siquiera a formas de vida "occidentales" que hasta entonces les habían sido negadas. Cualquier ensayo de la realidad argentina que prescin- da del hecho fundamental de nuestra historia, es sólo un ar- te de prestidigitación que hurta los términos del problema que están dados por la gravitación británica en sus tres eta- pas: I o -Tentativa de balcanización, parcialmente lograda; 2 o -Promoción del progreso en el sentido del desarrollo unila- teral agrícola-ganadero (para crear las condiciones de la granja) y 3 o -Oposición a la integración industrial y comercial de nuestra economía, para mantenernos en las condiciones 135 óptimas de la segunda etapa, con un país de grandes señores y peones de pata al suelo y una clase intermedia de educa- dores, profesionales y burócratas para su instrumentación. Deje, pues, eso del resentimiento y haga el trabajo serio de que usted es capaz y que el país merece. No importa lo que diga de nosotros, pero no eluda el problema de fondo o no lo mencione sólo incidentalmente. Es usted mucho más que Ghioldi o un Sánchez Viamonte, para usar la técnica que esos intelectuales ya utilizaron contra el otro movimiento de ma- sas, también "resentidas", que acompañó a Yrigoyen, el otro dictador. (Lo remito a la literatura periodística y a los ensa- yistas de la época.) Más lógico hubiera sido en usted señalar la coincidencia entre estas dos épocas, las dos grandes guerras y el proceso de industrialización y plena ocupación que, al permitir levantar el nivel de vida de las masas, les dio acceso a la acción política, con sus demandas nacionalistas y de justicia social, fenómeno del que los conductores fueron más efecto que causa. Percibi- rá también las profundas analogías entre setiembre de 1930 y setiembre de 1955, aunque sus autores momentáneos parecie- ran en un caso ultramontanos y en el otro jacobinos. El vence- dor imperial fue siempre el mismo. Deje que los intelectuales tipo "Mayo y Caseros" le metan fierro a los caudillos y a los "negros". Pero son los negros" los que nos volverán a salvar de esa economía pastoril ordenada en inglés. Bromas aparte. Yo le conozco el espíritu de luzbelito que seguramente Erro no le conocía y no creo que usted haya es- I crito en serio ese libro. Hasta me sospecho que lo ha hecho pa- I ra darse el gusto de contestarse con el trabajo serio que espe- I ramos de usted. El ochenta por ciento de los argentinos y usted, entre I ellos, coincidimos en lo fundamental: la liberación nacional, la 136 justicia social y la soberanía del pueblo. Unos marcan más el acento sobre una de las consignas y otros sobre otras. Nuestras diferencias en este momento dramático son adjetivas con res- pecto a lo fundamental, pero entretanto, una mano extranje- ra organiza al cipayaje y a los vendepatrias. Quisiera que usted interpretase en cuánto estimo su va- leroso gesto como periodista. Pero con la misma lealtad debo decirle, en cuanto creo que lo desmerece, su mal paso como escritor. Sus nuevos enemigos cargarán en su cuenta esta ad- hesión al primero y no le estimarán esta disensión al segundo. Cualquiera sea la impresión que le cause esta carta, recuerde que sigo considerándome su amigo, Arturo J auretche Montevideo, setiembre de 1956. * * * Pocos meses después, Arturo Jauretche y Ernesto Sabato vuelcan sus esfuerzos y sus esperanzas en el triunfo del Frente Nacional que postula la fórmula Frondizi - Gómez para las elecciones del 23 de fe- brero de 1958. Casi inmediatamente de obtenida la victoria, Jauretche se aparta del nuevo gobierno mientras Sabato se desempeña apenas durante un año como director general de Relaciones Culturales de la Cancillería. Por ese entonces, aprovecha una mesa redonda que se des- arrolla en la Facultad de Derecho para abordar el tema del peronismo y la "revolución libertadora". Dice Sabato en esa oportunidad: "Es digno de ser observado que en este país las expresiones empiezan con mayúsculas, pasan luego a minúsculas y terminan finalmente entre comillas [ ...] Así ocurrió con la expresión revolución libertadora" 9 . Luego, refiriéndose al proceso 1943/55 sostiene: "Tendríamos que em- pezar por admitir, estoy convencido, de que esto ha sido y es una revo- lución, aunque muchos todavía piensen lo contrario [ ...] Todos hemos leído sobre revoluciones. Tenemos en general una idea literaria, sobre todo en este país, donde la gente ilustrada se ha formado leyendo libros en francés. Y todavía hoy ve con enorme simpatía cada vez que llega 137 el 14 de julio, en las vitrinas de la Embajada francesa, en la calle Santa Fe, un descamisado tricolor tocando un bombo, rodeado por otros descamisados que vociferan y llevan trapos y banderas. Todo eso les parece muy lindo y hasta de buen gusto porque está en la avenida Santa Fe y porque pertenece a la Embajada de Francia, sin compren- der que esos hombres allí representados eran precisamente descamisa- dos y que esa revolución (como todas, por otra parte) fue sucia y estre- pitosa, obra de hombres en alpargatas que golpeaban bombos y que seguramente también orinaron (como los descamisados de Perón en la Plaza de Mayo) en alguna plaza histórica de Francia [ ...] A mí me conmueve el recuerdo de aquellos hombres y mujeres que habían con- vergido sobre la Plaza de Mayo desde Avellaneda y Berisso, desde sus fábricas, para ofrecer su sangre por Perón. No hago un juicio de va- lor, ignoro las intenciones que tenía este señor, puede ser que no fueran buenas. Personalmente, no tengo simpatía por Perón. Pero si fuéramos a juzgar la historia y los hechos políticos por la simpatía, o antipatía que nos merezcan sus líderes, evidentemente resultaría una historia muy curiosa [ ...] Los desheredados siguen a un conductor, cuando él sabe despertar en ellos pasiones profundas. En este caso, los hombres de los frigoríficos y quebrachales, de las fábricas y talleres, porque en- contraron a un hombre que supo encarnar y personificar sus senti- mientos y anhelos más recónditos. Por eso fueron tras él. Y estoy segu- ro que conservarán ese sentimiento de fidelidad hasta que se mueran". En otra parte de su charla afirma: "Los estudiantes del 30 estábamos equivocados en muchas cosas [ ...] Y en el 45 nos volvimos a equivocar, nosotros, precisamente, el sector más ilustrado del país. Dijimos 'cabe- citas negras', hablamos de chusma y alpargatas. Olvidándonos que esos 'cabecitas negras' habían constituido el noventa por ciento de los ejércitos patriotas, que habían llevado a cabo la liberación de América, esos cabecitas negras que a quinientas leguas de Buenos Aires lucha- ban contra soldados que habían combatido contra Napoleón mandados por un generalito improvisado y enfermo, solo, mantenido en aquellas soledades, en medio de tanto sufrimiento físico y espiritual, por sus ide- ales de soberanía y libertad. ¡Qué fácil es despreciarlos ahora desde nuestras aulas [ ...] ! Sí, los estudiantes, los doctores, hemos estado trá- gicamente separados de nuestro pueblo". 138 Con esta exposición de Sabato pasa al olvido el tremendismo an- tiperonista de la Carta Abierta a Mario Amadeo, documento que Er- nesto Sabato no reeditará jamás ni en sus Obrasque le publica Edi- torial Losada, ni en diversas Antologías de artículos y caitas políticas. Ello no significa, sin embargo que la relación amistosa con Jau- retche se canalice siempre por aguas calmas, pues don Arturo le pro- testa una y otra vez por sus vinculaciones con La Nación o su par- ticipación en algún té ofrecido en San Isidro por doña Victoria. "Eso no es para vos, Ernesto", llega a veces la admonición ronca de Jauretche en la conversación personal. En otras oportunidades, cuan- do el autor de Los profetas del odio embiste contra el Parnaso oli- gárquico de los Borges y Mallea, al tropezarse sin quererlo con su amigo Sabato acota: "Tal vez sea Sabato una excepción entre és- tos pero la culpa es de él si aparece con malas juntas, por de- formar su personalidad auténtica en el afán de figurar en to- das las listas y correr la promoción a dos rebenques. Que no se queje si lo usan". Pero la amistad sobrevive. Porque Sabato valora al escritor frus- trado que hay en Jauretche, ese cuentista y poeta que debió dejar paso al político porque así lo urgían las necesidades de la Patria. Y porque Jauretche comprende que en las contradicciones de Sabato —su sensi- bilidad social, por un lado y sus debilidades frente al aparato cultural oficial, por otro— se condensa el drama del escritor en un país semico- lonial donde una poderosa maquinaria de difusión de las ideas presio- na constantemente intentando doblegar al pensamiento nacional. Ex- presión de esa amistad es la adhesión de Sabato al homenaje que se brinda a Arturo Jauretche en 1965 al cumplirse treinta años de la fun- dación de FORJA: "Por imposibilidad física no puedo hacerme presen- te en este justo homenaje a una de las figuras más grandes de nuestra escena pública actual. Cualesquiera sean las diferencias que puedan se- pararnos, debemos reconocer en Arturo Jauretche la lucidez de su testi- monio, la originalidad de su planteo, el fervor nacional que invariable- mente acompaña sus análisis, la honestidad total de su vida. Silenciada por los que se proponen mantener estructuras perimidas, esta insólita voz ha sido, a pesar de todos esos obstáculos, una de las voces rectoras de las nuevas generaciones del país. Como simple escritor que vive ob- 139 sesionado por el destino de nuestra nación, quiero unir mi nombre a es- ta manifestación de homenaje a un hombre que me honra con su amis- tad". Y finalmente esa amistad se corona con estas hermosas palabras que Ernesto Sabato tributa a Arturo Jauretche —una despedida sin sa- berlo— apenas ocho meses antes que don Arturo abandonara este mun- do la madrugada del 25 de mayo de 1974: "Como aquellos oficiales egipcios del barrio norte que en César y Cleopatrase quejaban de los victoriosos chacareros romanos, el general Von Kleist declaró en 1942 que los rusos no habían sido aún aniquilados porque esos improvisados mariscales soviéticos ignoraban el arte militar. Más de una vez he oído a profesores de sociología referirse admonitoriamente a Jauretche. El es un montonero de las ciencias sociales, lo que explica sus irregularida- des, pero también sus aciertos, su capacidad de improvisación, su sali- da por donde menos se espera. El hombre formado en la Academia fija su posición con brújula y sextante; él, como los baqueanos de otros tiem- pos, se agacha, mastica un pastito, observa para dónde sopla el viento, discrimina la huella de un animal que pasó por allí una semana atrás. Hace no sé cuántos años bajó a la capital y del fogón pasó a la mesita de mármol en que Homero Manzi soñaba sus elegías porteños. Y así como Enrique Santos Discépolo elaboró en esa misma mesa su existen- cialismo, Jauretche fue construyendo su filosofía de la historia entre di- chos y sucedidos, conservando la ironía socarrona del paisano, pero ya con el andar medio de costado del compadre porteño (vaya a saber si con un cuchillito en la cintura), mezclando palabras como establishment y apero, Marx y Viejo Vizcacha, haciendo la sociología de Juan Moreira y el Gallego Julio. Si agregamos su coraje a prueba de balas, su des- aforado amor por esta tierra y su pueblo, su poner la dignidad de la pa- tria, por encima de cualquier cosa, ¡qué lindo ejemplar de argentino viejo, este Arturo! En ocasiones he discrepado con sus ideas. Pero esas pavadas no hicieron nunca a la amistad y a la común pasión por este rincón del mundo. Y una de las pocas cosas que me tranquilizan en es- te tiempo entreverado es saber que, palabras más, palabras menos, él y yo estamos del mismo lado del asunto". (Crisis, setiembre de 1973). 140 El "Boni faci o" antes y después de ser abogado de Bemberg El 30 de abril de 1962, el presidente de la Nación, Dr. Guido —que ha reemplazado a Arturo Frondizi como consecuencia de la cri- sis militar producida al triunfar ampliamente los candidatos peronis- tas en varias provincias el 18 de marzo de 1962— constituye nuevo gabinete. Asumen entonces en el área económica, hombres notoriamen- te vinculados a intereses extranjeros como Alvaro Alsogaray y Zaeffe- rer Toro; en Interior, un radical de derecha, Jorge Walter Perkins, y en Relaciones Exteriores, Bonifacio del Carril. El nuevo canciller —que había sido subsecretario de Interior en 1944 y auditor honorario del ejército de Los Andes que operó en Cuyo a las órdenes del Gral. Lagos durante la Revolución Libertadora— se apresura a informar los lincamientos que han de guiar su gestión. Así el 4 de mayo, Bonifacio del Carril formula las siguientes declaraciones: "La política tradicional argentina, inspirada en los ideales de paz, libertad, igualdad y democracia, legislados en la Constitución de Mayo que ha seguido siempre el país en materia internacional, con muy pocas y lamentadas excepciones, será reafirmada con el mayor én- fasis posible por el actual gobierno. Nosotros estamos con Occidente porque somos Occidente. En la lucha titánica y desigual que Occiden- te libra para preservar la paz y la libertad del mundo, la Argentina adhiere sin reservas a los objetivos fundamentales de la política que desarrollan las grandes potencias occidentales europeas y Estados Uni- dos de América, dignos conductores del mundo libre en estos graves y difíciles momentos. Esta adhesión, libre y espontáneamente expresada, no implica de ninguna manera subordinación, ni entrega. Es la ex- 141 presión simple de una verdadera coincidencia. Porque nosotros somos occidentales y sentimos fervorosa y hondamente lo que Occidente sien- te, coincidimos con quienes en Occidente piensan y sienten como nos- otros. "[ ...] La Argentina está plenamente identificada con la política internacional que Occidente promueve y con la filosofía cristiana que la inspira, porque esa política y esa filosofía son las suyas propias, sin consideración de ninguna otra razón de conveniencia ni de oportuni- dad, que estarían fuera de lugar en la decisión de un pueblo verdade- ramente digno. "[ ...] No somos, por cierto, una superpotencia ni pretendemos te- ner en la política mundial, una gravitación mayor que la que nos co- rresponde. "[ ...] Quiero antes de terminar, decir algo más sobre los Estados Unidos. "[ ...] Estados Unidos, hoy en día, no es una nación. Es un in- menso continente que va de océano a océano, poblado por hombres pro- venientes de los lugares más diversos, un inmenso continente que cum- ple una misión providencial como lo ha demostrado ya dos veces en lo que va del siglo, concurriendo con sus hijos a salvar la integridad de sus padres, pero una vez cumplida la tarea, volviendo con admirable y sencillo amor filial al lugar de donde habían salido. "[ ...] Estados Unidos es el custodio de la libertad y es quizás el único factor de verdadera esperanza fundada sobre hechos reales que tiene el hombre occidental en estos momentos difíciles de la vida de la humanidad." * * * Al día siguiente, Arturo Jauretche inicia una serie de comenta- rios en el diario Democracia, referidos a las declaraciones del canci- ller. En el primero de ellos —el 5 de mayo de 1962— sostiene: Nada duradero es producto de la casualidad y el cipayis- mo de la política internacional argentina es el hijo cipayo de padres cipayos. La restauración de la línea "Mayo-Caseros" no 142 es otra cosa que la restauración de las directivas cipayas, per- turbadas por la aparición de algunos brotes nacionales. A ellos se refiere el nuevo ministro de Relaciones Exteriores, doctor Bonifacio del Carril, en la declaración solemnemente dada a conocer por los diarios de la mañana de ayer, cuando dice: "La política tradicional argentina, inspirada en los ideales de paz, libertad, igualdad y democracia, legislados en la constitución de Mayo [aquí hace una simbiosis de Mayo emancipador y Ca- seros constituyente, con el malicioso propósito de confundir independencia y soberanía con instituciones políticas] que ha seguido siempre el país en materia internacional, con muy po- cas y lamentadas excepciones, será reafirmada con el mayor énfasis por el actual gobierno". La idea de grandeza, potencia, y su síntesis, soberanía, está ausente por completo de la concepción de la política tra- dicional argentina, de la que no forman parte las "lamentadas excepciones" que evidentemente se refieren a los períodos 1916-1928 y 1943-1955, en que la soberanía fue el objetivo fi- nal de la política internacional. La Argentina no debe tener política nacional propia pa- ra el señor Del Carril y su misión en el mundo es ser compar- sa, apéndice dócil de agrupamientos internacionales, con ob- jetivos ideológicos. Cámbiese el objetivo y cambiará la política argentina. Pero los países dependientes no cambian de objetivos ideológicos. Los que cambian son los de los países dominantes. El mismo Del Carril, al analizar en ese documento la política histórica de los Estados Unidos, nos lo está diciendo. Porque "pasaron las etapas ingratas de su proceso de expansión, la di- plomacia del dólar, el Big Stick y el destino manifiesto". Es de- cir, adecuaron su política internacional a sus necesidades e in- tereses nacionales. Se preocuparon en primer término de su grandeza y lograda ésta, fueron paulatinamente a la expan- sión desde el espléndido aislamiento que había preconizado Washington diciendo que una Nación no tiene amigos ni ene- migos sino coincidencias circunstanciales, según las circuns- 143 tancias del interés nacional. Ahora los Estados Unidos actúan en potencia mundial y son las razones y los intereses de po- tencia mundial los que determinan su política actual. Es la mis- ma razón que determinó el despojo de México y la explotación del Caribe —desde el destino manifiesto del big stick y la di- plomacia del dólar— la que pone a los Estados Unidos a la ca- beza de la política de Occidente y no los ideales "legislados en la constitución de Mayo". Esto sólo revela que los Estados Unidos tienen política nacional, de la que es trasunto su polí- tica internacional y que hoy le lleva a hacer esa política como antes hizo la que ahora abandona. ¿No se le ocurre al señor Del Carril que también nosotros tenemos que cumplir etapas de ascenso, como los Estados Unidos, y que ahora estamos en la etapa nacional y no en la mundial? ¿o es que la Argentina no tiene destino propio como los Estados Unidos? ¿o como Suiza, si el ejemplo propuesto les parece grande a los cipayos? Esto no significa que a nuestra política nacional no le convenga coincidir con ese alineamiento, pues ello puede es- tar determinado por razones históricas y geopolíticas. Sería en este caso un alineamiento motivado por razones de política na- cional, y coincidiría con la política de los Estados Unidos pero no sería dependiente. Del mismo modo, la estrategia de las Fuerzas Armadas se adecuaría a esa coincidencia pero por ra- zones nacionales y hasta el límite de esas razones y no por razo- nes ideológicas. Es muy simple de comprender. ¿Por qué entonces el se- ñor Del Carril no lo expresa y por el contrario, lo excluye? Lo excluye precisamente porque excluye toda posibilidad de po- lítica nacional, toda base de consideración del interés argenti- no como nación. Es que el señor Del Carril expresa el pensa- miento de un sector económico y social que es precisamente el que no tiene intereses económicos o sociales argentinos, si- no internacionales y depende de los intereses económicos o sociales exteriores que dictan la política exterior argentina y cuyo reflejo interno es precisamente la exclusión interna de 144 "la paz, la libertad, la igualdad y la democracia" dentro del país. Digamos esto último con las propias palabras del señor Del Carril: "Como en todas las actitudes humanas, ésta es, an- te todo, un problema de sinceridad. Las posiciones que se adoptan insinceramente son siempre falsas e inauténticas, conducen al oportunismo y a la política de conveniencia". El señor Del Carril, que profesa una moral ideológica y no na- cional, rechaza la "política de oportunismo y conveniencia" en el orden internacional que es, como se ha visto, la que siguen los grandes Estados que lo inspiran. Pero está en el Ministerio como producto de una política de "conveniencia y de oportu- nidad" que deroga en el orden interno lo que sostiene para el orden internacional, pues, mientras postula esa supuesta igual- dad y la democracia excluyendo a la mayoría de los argenti- nos de sus beneficios, de los que parece no deben ser exclui- dos ni el Congo, ni Polonia, ni la Cochinchina, ni Tanganika. Sea recordado esto, haciéndole mérito a su pasión por la sin- ceridad. La nación es así una especie de viuda, cuyos admi- nistradores son generosos con los bienes del difunto, pero le niegan la pensión alimenticia al cónyuge supérstite. "La conveniencia y el oportunismo" se aplican a los ar- gentinos; para los otros países se aplican los principios. Bien se dijo que "los argentinos no tenemos cónsul". Si lo tuviéramos, otro gallo cantaría, pues los principios no se aplicarían con la "sinceridad" y sin "el oportunismo" que sólo merece el interés extranjero. [...] Esta mentalidad que expresa el señor Del Carril es co- herente con la línea histórica de su apellido, identificado con la tradición antinacional, a diferencia del señor Alsogaray, su co- lega, que reniega de la tradición nacional de su apellido que se glorificó defendiendo a la nación en la Vuelta de Obligado, con que probamos que el hijo de tigre es a veces overo y a veces no. Esta misma mentalidad la hemos padecido en el país en lo que va del siglo, en las dos guerras. En la "primera y última guerra" y en la Segunda (y también última) guerra. Eran los belicistas 145 de derecha e izquierda, del comunismo a la oligarquía, que lo que buscaban no era sacarnos de la neutralidad, sino sacarnos de la soberanía, para colocarnos en posición de dependencia, en una, para defender la civilización occidental frente a la bar- barie prusiana, entonces oriental, y en la otra, para defender la democracia (la comunista y la liberal) frente al totalitarismo. Estas dos posiciones expresaban ese pensamiento inter- nacional que enuncia Del Carril, que se traduce por la decli- nación de nuestra política nacional en beneficio de otras polí- ticas nacionales. Las políticas ideológicas que nos administraban los cipa- yos en ese entonces eran comunes entre los occidentales de hoy y los rusos zaristas de 1914 y los rusos comunistas de 1939. Afortunadamente, en las dos oportunidades, fue cuando hubo un atisbo de política nacional en la conducción internacional, con Yrigoyen y con Castillo, alzado este último en un heroís- mo civil que la historia tendrá que reconocerle dentro de sus limitaciones personales y de origen, contra las presiones de sus propios partidarios y sus opositores que no pudieron vencer su honradez provinciana, que no había entrado en los cálculos de la oligarquía que lo ubicó. Con estos recuerdos quiero señalar que el cipayismo de izquierda o de derecha no se diferencia. Es de la misma natu- raleza el occidentalismo de la oligarquía que el orientalismo de los comunistas, porque unos y otros proponen una política de dependencia, y la agresividad antiyanqui de los rusos, para servir la política de Rusia y no la de la ideología comunista, co- mo los otros en su agresividad antirrusa están sirviendo otras políticas nacionales que a lo sumo coinciden con los intereses de una minoría argentina apatrida. Tengo aquí delante la cita que Scalabrini Ortiz hace de una carta de Lord Liberpoll al duque de Wellington en 1825: le dice que el surgimiento de las nuevas naciones de la Améri- ca del Sur, en un posible acuerdo con los Estados Unidos, po- dría poner en peligro los intereses de Gran Bretaña y hasta los de la civilización occidental. 146 Como se ve, no es nuevo el pretexto para impedirnos te- ner política nacional y si se quiere una prueba definitiva de lo que he venido diciendo ahí está la frase: "¡Hace poco más de un siglo Estados Unidos era un peligro para la civilización oc- cidental!". Es que Gran Bretaña ya utilizaba el slogan, del cual se ha hecho cargo ahora su enemigo de entonces, en la medi- da en que deviniendo potencia mundial, su política nacional lo reclamaba. Póngase, pues, en el mismo saco este occidentalis- mo con el democratismo ocasional que uní a a Codovilla y las "señoras gordas" en 1945 también en contra de la política na- cional por razones ideológicas que no son las mismas de aho- ra, pero que sirven a los mismos fines. Creo que queda bien claro lo que significa en términos de política nacional la "línea Mayo-Caseros" y por consecuencia, bien claro lo que significan las Fuerzas Armadas cuando tienen esa política nacional, que no es nacional sino ideológica. Su es- trategia, entonces, será la estrategia del extranjero dominante, a través de su instrumento, la política ideológica y ella condu- ce fatalmente, en el orden externo, a ser un instrumento in- ternacional de ejecución de la política, la estrategia y los man- dos extranjeros y en el orden interno, a reducirse a ser una policía del mando internacional, cuya consecuencia es ese dis- parate de la "guerra revolucionaria" que propone como ene- migo al propio pueblo y caracteriza una fuerza armada como fuerza de ocupación. Pero háganlo con "sinceridad", como dice Del Carril. Con sinceridad y con turbante. Si alguno dudaba de la necesidad de conocer las causas históricas de nuestra deformación política, el mensaje del nuevo ministro de Relaciones Exteriores ha veni- do en mi ayuda, como expositor, perjudicándome como argen- tino juntamente con todos mis paisanos. Y aclaro que entiendo como paisanos a los argentinos. De ninguna manera a los cipa- yos vinculados a este suelo, por el nacimiento, que no tiene im- portancia según la frase de Echeverría o por la tradición, cuan- do ésta es una tradición antinacional que es la de nuestro ministro de Relaciones Exteriores, salvo esas "lamentadas ex- 147 cepciones" según expresa Del Carril, editor propietario de Emecé. ¿E.M.C.? ¿Editamos manuales cipayos? ¿O expresa una aspiración: Estado Mayor Cipayo, que se está cumpliendo? *K »i» El artículo transcripto —cuyo título es "Bonifacio del Carril, un ejemplo al caso"—provoca como reacción un comunicado de la cancille- ría intentando aclarar las palabras del canciller y moderar el tono laca- yuno de las mismas. No hay, sin embargo, refutación alguna a los argu- mentos aplastantes de Jauretche y el 7 de mayo, don Arturo vuelve a la carga en una nota titulada "Los 'principios' de Del Carril". Allí dice: Sigamos con el Bonifacio éste. Su mensaje reafirma una vez más la habitual tontería de nuestros ministros de Relacio- nes Exteriores, aunque con más énfasis. La política internacio- nal argentina no está movida por el interés, ni por la conve- niencia nacional, sino por los principios. Esto lo dicen también los diplomáticos de los países que tienen política nacional, pe- ro lo dicen precisamente para ocultar los intereses y las conve- niencias que le hacen usar alternativamente los principios ade- cuados. Lo fabuloso es que Del Carril lo dice sinceramente y remarca su sinceridad y que esto suscita el glandular estallido admirativo del secretario de Aeronáutica, brigadier Rojas Sil- veyra, el cual se regodea con la frase citada de Lincoln que fue el presidente que libertó a los esclavos, posiblemente en razón del conocido antirracismo de los norteamericanos cuyo des- mesurado amor a los negros los llevó a matarse entre ellos du- rante varios años en la guerra de Secesión: parece que fue una guerra de principios y no una guerra entre el Norte industrial que quería negros consumidores de camisetas y un mejor ni- vel de vida popular, a la vez que asegurarse la provisión del al- godón que iba a las hilanderías inglesas . [...] Casi contemporáneamente a la guerra de Secesión, la Argentina, en función de los principios, se había aliado a un imperio esclavista, el Brasil, para libertar a los ciudadanos de 148 un país donde no había esclavos, el Paraguay, y que tan con- forme estaban con el sistema del cual se iba a libertarlos que murieron casi totalmente sus varones en el más intenso exter- minio que conoce la historia de la humanidad. Ningún interés ni conveniencia argentina hubo en esa guerra en la que todas las ventajas fueron para el aliado esclavista. No fue, pues, el principio de la libertad el que nos guió como fue tampoco la conveniencia. Pero hubo un principio y fue el que procl amó el Gral. Mitre en la recepción a los combatientes que volvían: "¡Habéis luchado por la libertad del comercio!". Ni siquiera esos principios son nacionales pues son los que interesan al que está detrás de las bambalinas [...] Y es así que un país que no tiene política nacional, es eso: una viuda. La Diplomacia y las Fuerzas Armadas son como las dos piernas o los dos brazos de la política nacional. Cuando falta la cabeza, los miembros se paralizan o se mueven como las patas de la rana después que ésta ha muerto. En política no se ha da- do todavía el caso del milagro de San Dennys, decapitado, que llevaba la cabeza en los brazos, mientras las piernas marchaban hacia su destino. La cabeza es la política nacional. ¡fe ¡Je ¡fe Días más tarde, Jauretche reitera su ataque al canciller, también desde Democracia(13/5/62) publicando un recuadro con las ideas de Del Carril expresadas en 1942 en el periódico Movimiento de Reno- vación y contraponiéndolas con las expresadas ahora desde el Ministe- rio. Ambos textos llevan respectivamente esta acotación: "Antes de ser abogado de Bemberg (1942). Después de ser abogado de Bem- berg(1962)". Y al día siguiente publica el artículo titulado "Sr. Del Carril: le cedo la palabra", que por supuesto, carecerá de respuesta: Releyendo cosas viejas, he encontrado que nada hay más efectivo para oponer al doctor Bonifacio del Carril que el doc- 149 tor Bonifacio del Carril. Diría, recordando un aviso que era popular en mis años mozos y que presentaba al mismo tipo su- cesivamente flaco y gordo, con la leyenda "Antes y después de Wampole" que voy a oponer el Del Carril anterior a Bemberg al posterior, el flaco al gordo. Recuerdo que el Wampole era un tónico; parece que Bemberg también. Dice Del Carril (9/5/42, Movimiento de Renovación), bajo el título "Neutralidad y aislamiento": "El I o de septiembre de 1939, la Argentina quedó atóni- ta ante el maridaje de la Rusia soviética con la Alemania na- cional-socialista, que encontraron un punto de coincidencia para atacar entre dos fuegos a Polonia. Con la declaración de guerra y la acción conjunta de Francia e I nglaterra contra Ale- mania pareció a muchos que esa alianza significaba el comien- zo de una lucha gigantesca entre dos concepciones diferentes sobre la vida, el individuo y el Estado: la liberal, encarnada en las llamadas democracias; la totalitaria, en dos de sus expre- siones más importantes: nazi y comunista. Bien pronto las con- veniencias de la guerra hicieron volver a Alemania contra Ru- sia y entonces quedó de relieve una realidad que para nosotros nunca ofreció duda. Por doloroso que sea afirmarlo, ante la magnitud de la catástrofe, en esta guerra no luchan el nacio- nal-socialismo contra el comunismo ni el nazismo contra el l i - beralismo, ni se ataca ni se defiende a la democracia. En la guerra luchan simplemente países, cada uno de los cuales ac- túa según conviene a sus intereses. "[...] La República Argentina, si quiere tener un destino propio como nación, si quiere ser digna de su futuro, no pue- de subordinar su existencia a ninguna nación del mundo, por poderosa y triunfadora que sea. "[...] Ni siquiera la posibilidad de que el triunfo inglés y norteamericano permita la subsistencia del actual orden de cosas pone una alternativa en esta perspectiva, porque para nosotros el actual orden de cosas significa la continuación de los abusos del capitalismo, la opresión del débil por el fuerte, del pobre por el rico, la injusticia y la desigualdad social, la ve- 150 nalidad, la corrupción y el desorden entroniza* ses dirigentes y responsables, envenenando len nuadamente al pueblo. No se hable entonces de de adhesión por conveniencia. A la Argentina no leSfoijyiene adherirse a ninguno de los frentes beligerantes, ni en ni en el bajo sentido de la palabra. Las ventajas materiales que podrí an obtenerse son un pobre plato de lentejas cuando es- tá enjuego la dignidad y el honor nacional [...] Hay que estar permanentemente alerta para aprovechar todas las posibili- dades y por sobre todas las cosas, nunca debe olvidarse que la neutralidad argentina jamás debe servir un interés ajeno ni ser desviada por la simpatía o la benevolencia hacia los países beligerantes." En el número de jul io de 1942 del mismo periódico, di- ce Del Carril: "La gran mayoría de los argentinos sabe también que la guerra desencadenada en el mundo no es una lucha de con- cepciones diferentes sobre la organización de la sociedad y del Estado, ni sobre el problema del individualismo y el estatismo. Sabe que es un cuento para niños el supuesto combate entre las democracias, como se titulan a sí mismos los regí menes l i - berales y el comunismo totalitario, y el totalitarismo como se llama a los demás regí menes dictatoriales y sabe que la heca- tombe mundial no es sino una lucha de imperialismos y de pa- íses que se mueven en el inmenso tablero de ajedrez del mun- do, buscando la posición y la oportunidad que mejor conviene a sus particulares intereses [...] Quien no ve la realidad de las cosas es porque no quiere ver la luz del día. En la guerra lu- chan países, nada más que países y por lo que le conviene a ca- da uno de los países [...] Las ideologías, la unión de naciones, los frentes, los ejes, son palabras para embaucar a los ingenuos [...] Preparémonos nosotros a defender el interés nuestro, el alto interés argentino. Y como no tenemos nada que ocultar, afirmamos que nuestro pueblo que quiere ser amigo de todos los pueblos de la tierra, está firmemente dispuesto a concluir con la política de entrega, por donde lo han conducido sus 151 hombres dirigentes. Porque ya ha comprendido que los culpa- bles de la entrega no son los ingleses que nos explotan econó- micamente, ni los alemanes que organizan su quinta columna, ni los norteamericanos que nos presionan, ni los judí os que nos invaden en masa, ni los comunistas que preparan el golpe audaz y traicionero, son los argentinos que se dejan explotar, presionar, invadir, son los argentinos que no quieren aprove- char la durísima y amarga lección de las naciones vencidas y los pueblos sojuzgados por la venalidad y traición de sus go- bernantes, por la claudicación de sus juventudes." Hasta aquí el Bonifacio. En realidad, transcribiendo las palabras de Bonifacio del Carril, simplemente hemos reiterado lo que venimos diciendo en estas notas. Con mejor pluma y con la ventaja de ser un miembro de la "juventud escogida" diría también, si la edad no lo impidiese, que Bonifacio del Carril puede ser mi maes- tro. En ideas. Espero que mis años, ya que no mi entereza, im- pidan que lo sea también de conducta. Para los "cuatro días lo- cos" que me quedan por vivir, no tengo las necesidades del señor Del Carril, que lo llevaron del nacionalismo a abogado de Bemberg y de abogado de Bemberg al Ministerio de Rela- ciones Exteriores. Y me bastarán dos metros de tierra en la Chacarita o en el Cementerio de Flores y la ilusión de que al- gún paisano patriota, después de pasar por la tumba de Gar- del, se acuerde de arrimarme unas violetas. Ni Bemberg, ni todo Occidente, ni Oriente, si se vuelven a juntar, le van a dar al Dr. Del Carril más que eso. Y tal vez le lleven orquí deas, pero éstas se pudren igual que las violetas y el que las compró se queda rezongando. Puede llevar la ven- taja de la fama, pero ésta no dura mucho, y como ahora los ar- gentinos están "avivados" en esto de la historia, es posible que sólo perdure la mala fama. Estas últimas reflexiones me vienen a la pluma porque esta mañana estuve en el entierro de J osé María Freiré, un obrero del vidrio que fue secretario de Trabajo y Previsión en 1946. No había mucha gente, con ser tantos los que tienen que 152 recordar. Ha muerto en su humilde hogar de Gerli, sin añorar pasadas glorias, como tampoco las buscó, ni las deseó. Hacía versos humildes y proletarios que no figurarán en ninguna an- tología. Le tocó legislar en una materia casi inédita en el país. Ni las leyes ni los decretos llevan una técnica que él no tenía. Pero sí su espíritu de una larga lucha y el sentido de la reali- dad, del que viene de la vida y no de los libros. De una reali- dad que no traicionó cuando estuvo arriba, sino que la alzó con él. Las disposiciones en que él intervino no tienen el brillo del envase legislativo que suele envolver nuestras leyes, pero contienen nuestras cosas mejor que los envases prestados. Ya he dicho que era obrero del vidrio y contribuyó a hacer las bo- tellas que unos quieren vaciar y que otros queremos mejorar. No se mareó arriba, ni se desesperó abajo, porque era humilde. Esa humildad ayuda a ser leal consigo mismo y la le- altad con uno mismo trae la lealtad a las ideas y a los demás hombres. No he querido comparar. Pero las cosas vienen así... 153 INDICE A muñera de prólogo, por Arturo Peña Lillo 5 I ntroducción 11 La historia como "bien de familia" y la Sra. Victoria Pueyrredón 17 "Nosotros no somos jueces, somos fiscales" La Nación, La Prensa y el Dr. Félix Luna 25 Humildad nacional y soberbia fubista Polémica con los que todavía se hacen pipí en la cama 37 Guillermo de Torre, Alicia J urado y el establishment piden la censura 49 Victoria Ocampo y la desconexión con el país Una aclaración a Bernardo Verbitsky 63 ¿Vos también con la yuta, J ulián Centeya? 71 "Que al salir, salga cortando..." Una polémica contada por el propio J auretche 79 "La falsa opción de los colonialismos" Contestación a Bruno Genta 85 La unidad democrática de la cultura De Abelardo Arias a Liborio J usto 97 Académicos en serie y por derecho hereditario Los "inteligentes" y el Dr. Rivarola 107 155 Sionistas o argentinos: no hay nacionales con doble nacionalidad La cuestión judí a y el periódico Horizonte 115 Los sociólogos científicos y un rasgo de mal humor 125 Coincidencias y disidencias al calor de una amistad Arturo J auretche - Ernesto Sabato 127 ¿Nación o colonia? El "Bonifacio" antes y después de ser abogado de Bemberg 141 156 Me acusan de falta de ecuanimidad, de excesiva pasión en mis polémicas... pero, en cambio, son ellos las víctimas de un estado de conciencia que les impide toda ecuanimidad. La niña que se ha criado entre sábanas de holanda, cree que es una tortura la molestia que le ocasiona el mínimo remiendo de las mismas. Ignora que una enorme cantidad de niñas no conocen la holanda, ni el bramante, ni siquiera la arpillera. Y cuando lo sabe, supone que éste es un dictado de la divina Providencia y que todo el problema consiste en que desaparezcan los remiendos en las sábanas de las niñas que se acuestan entre holandas. Olvidan que estamos bajo la ley del embudo y terminan por creer que lo angosto del mismo no existe aunque pase por allá la casi totalidad del país... Con una sensibilidad de pétalos de rosas consideran falta de ecuanimidad la menor violencia, así sea verbal, de los oprimidos, del país olicialmente inexistente, pero sobre el que carga el peso de todos los sacrificios y responsabilidades. El país debe ser austero, prudente, amoroso, mientras les desborda la grasa a los que colocados en lo ancho del embudo gozan de todos los privilegios, ejercen el monopolio de los derechos cívicos y sociales y pueden injuriar y calificar sin comprometer la famosa "conciliación de la familia argentina". Arturo J auretche La polémica pública como punto de acuerdo o disidencia, reveladora de antinomias históricas, equívocos conceptuales y aun coincidencias saludables y no advertidas por los propios polemistas, es una de las carencias que padece el universo de la cultura nacional. Y es por eso que hoy los más viejos extrañan —y los más jóvenes ignoran—las lúcidas y provocativas reflexiones y refutaciones de ese gran polemista que, entre otras cosas, fue Arturo J auretche. Hombre "con ideas nacionales" y de larga militancia en el campo popular desde los tiempos de FORJ A hasta su muerte, se atrevió a arremeter contra el establishment señalando con nombre y apellido el personaje o la institución convocados por su crítica. Así, en estas Polémicas, cuestiona a la intelligentzia argentina —"los sometidos al pensamiento de la superestructura"—; se mete con mitos vivientes como Victoria Ocampo, con personajes como Alicia J urado y Guillermo de Torre, pasando por J ulián Centeya, un joven J uan J osé Saer, el historiador Félix Luna y Bonifacio del Carril, entre otros. Y también vemos aquí que su relación amistosa con Ernesto Sabato no siempre se canalizó por aguas calmas. Escritas en ese estilo coloquial, satírico, punzante, es decir, inconfundiblemente jauretcheano, estas Polémicas recogen las inquietudes sociales y políticas, el pensamiento y los sueños de un argentino insoslayable.


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